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lunes, 28 de mayo de 2018

Cura mi corazón

Información Principal

Titulo: Cura mi corazón
Género: drama /mpeg
Rating: + 16
Autor: Kurishio


El Elenco
Yuuchun
Junsu
Jaejoong
Yunho
Minho
Changmin
Notas de la autora:
Los personajes no me pertenecen; no gano nada con esta historia, sólo la satisfacción de que ustedes la lean y me dejen sus comentarios…
Desarrollada y escrita a partir de una idea de Esthela10

Advertencia contenido:
shonen ai (romance hombre x hombre)
mpeg (embarazo de hombres, en este caso de forma natural[tras mantener relaciones sexuales sin precaución{algunos pillarían enfermedad de transmisión sexual (ets), pero aquí pillan un baby XDDD}])
si no te agradan ninguno de estos dos géneros ¿qué demonios esperas para salir  de este shot?
A los que sigáis aquí… disfrutadlo.





¿Cómo había llegado hasta ese punto?, él sólo quería lo mismo que tenían sus hermanos. Él sólo deseaba enamorarse y que lo amaran con la misma intensidad… quería sentir esas mariposas en el estómago… deseaba formar una hermosa familia, al igual que su hermano Jaejoong lo había hecho con Yunho, con quien estaba casado y tenía un precioso bebo de casi dos añitos ya, Wooki; y la que Minho, apenas un año menor que él, estaba pronto a formar con Changmin, aunque ellos aún no contraían matrimonio, no se sentían preparados para dar ese paso, pero , por no tomar las precauciones pertinentes, se quedó embarazado y ambos habían decidido seguir adelante, al tiempo que empezaban a hablar, algo más en serio, sobre la posibilidad, más que probable, de acabar casándose, más que nada, por el bien del bebé que esperaban.
Aquellos bebés habían unido más a sus hermanos con sus parejas.
Él cuidaba de cuando en cuando del pequeño Wooki, al igual que lo hacía Minho antes de embarazarse. Había visto las muestras de cariño constante de Yunho a Jaejoong y viceversa; también como, ahora sobre todo, Changmin se desvivía en mimar a Minho, y lo reconocía… había sentido envidia, envidia de aquello que sus hermanos tenían… y que para él era ese sueño que se estaba desvaneciendo.
Habían pasado ya dos semanas desde que se acostaron por primera y última vez, y él apenas si había vuelto a dar señales de vida… tan sólo míseras escusas por teléfono, algunos días después, tras que él lo llamara siempre, con las que se excusaba por no poder ir a verle; y que por alguna estúpida razón, quizás, la mayor de todas, que aún y pese a todo lo amaba, decidía creérselas. Pero ya hacía más de diez días en los que ni siquiera le había llamado o mandado un simple correo o mensaje al móvil, en los que se había parecido volatilizar en la nada.
-          Buenos días… ¿puedo ayudarle? –le preguntó la chica que atendía recepción.
-          Eh… sí, gracias… buscaba al señor Park Myun We, ¿podría decirme dónde está su despacho?
-          ¿El señor Park Myun We? Lo siento, él ya no trabaja aquí, fue trasladado. –respondió, y la cara de Junsu se desencajó.
-          ¿Trasladado? –preguntó, casi más, para sí mismo, como ido.
-          Sí… trasladado al lugar que se merecía.
No recordaba haberse despedido de aquella amable chica que lo había atendido, tampoco el haber salido, pero ahora se encontraba deambulando, como sumergido en un trance, por los jardines que rodeaban la corporativa Park, chocando casi con todo el que se le cruzaba, pidiendo disculpas como si fuera un autómata, más que porque realmente sintiera haber tropezado con la gente.
Más de una vez había ido allí a recogerle, esperándole sentado en una de las bancas del jardín, que daban hacia la puerta del edificio de oficinas, para que después ambos se fueran a cenar, o al cine, o al parque de diversiones, dependiendo de a la hora que saliera… habían paseado tomados de la mano, comido helados, compartido picnics… tenía un  montón de pequeñas fotografías autoadhesivas, en las que estaba junto a él, decorando las puertas de su armario… pero… ahora recordaba que, cada vez que él le pedía de hablar sobre su futuro, como pareja, Myun We siempre decía lo mismo… que quería promocionar en la empresa y que lo trasladaran a alguna de las sucursales que ésta tenía fuera del país, pues quería ver mundo, y él casi nunca, o nunca, parecía estar dentro de aquellos planes a largo plazo. ¿Lo habría hecho?, ¿habría optado por aceptar aquel traslado, si finalmente se lo habían concedido y propuesto?, pero… ¿por qué se había marchado sin despedirse de él?, ¿sin ofrecerle el ir a su lado?, ¿tan poco significaba él, en verdad, para Myun We?
Todas aquellas dudas, más algunos recuerdos, se agolpaban a la vez en su mente, que ya no conseguía procesar nada más… sentía como se oprimía su corazón y su pecho comenzaba a doler… sentía una sensación de mareo que iba en aumento, y finalmente se desvaneció. O tuvo que hacerlo, porque ahora se encontraba en el hospital, tumbado en una de sus camas, vestido con el típico camisón, viendo como su hermano Jaejoong, al que los doctores debieron llamar, porque en su agenda había puesto su número para que lo avisaran  en caso de emergencia, hablar con uno de los médicos que le atendieron y le habían realizado algunas pruebas, con el fin de saber qué era aquello que había provocado su desmayo, y que no era algo normal en un chico tan joven y con tan buena salud.
-          Estás embarazado Junsu. –dijo Jaejoong, con la cara algo más pálida de lo habitual
-          ¿Qué? –preguntó incrédulo, al tiempo que se llevaba una de las manos a su vientre, ¿podía ser el destino tan cruel?
-          Es lo que me ha dicho el doctor. –explicó su hermano mayor, al tiempo que tomaba una silla y se sentaba a su lado, mientras Yunho permanecía de pie al otro lado de la cama- ¿No tomaste precauciones? –y casi pudo leer en su pensamiento, que había sido una pregunta tonta, pero no sería el primero que se embarazase aún con métodos anticonceptivos de por medio, porque, aunque sea bajo, siempre hay un porcentaje de fallo.
-          … -negó con la cabeza. Él lo amaba, quería formar una familia con él, de hecho, en eso pensaba cuando lo hacían… ¿cómo iba a saber que lo dejaría tan pronto se le entregó?, o ¿cómo saber que se iba a quedar embarazado nada más lo hiciera?- He sido un idiota, ¿verdad, hyung?- Jae resopló antes de negar con la cabeza.
-          Confiabas en él. –sonrió y él asintió
Como lo que tenía no era nada grave, le dieron el alta ese mismo día, y Jaejoong y Yunho le llevaron a casa.
Desde la muerte de sus padres, Jaejoong, Minho y él habían vivido juntos en la casa familiar. Habían estado siempre los tres, hasta que Jae se casó, y Yunho comenzó a vivir con ellos, y, casi al año, Minho decidiera probar suerte en la convivencia con su novio, y se fuera a vivir al departamento que tenía Changmin, aunque venían bastante a menudo de visita, sobre todo desde que el pequeño Wooki naciera, y más aún cuando el pequeño de los Kim se quedó embarazado y quería pedirle consejos al mayor.
Sentía que el destino le estaba jugando  una mala pasada. el mismo día que se entera que su novio no está, y que, seguramente, se ha ido de Corea, descubre que está esperando un hijo de él… definitivamente, alguien o algo no quería que fuera feliz… de hecho, no lo era incluso desde antes de que desapareciera, pues, desde que lo besase por primera vez en los labios, él había ido profundizando cada vez más los besos, había comenzado a acariciarlo de tal forma… parecía tener tanta prisa en acostarse con él, que lo asustaba, pero más, la idea de poder perderlo si se seguía negando a hacer el amor con él; así fue como, finalmente, cedió.
Jaejoong no paraba de dar vueltas por la sala, ¿qué debían hacer?, estaba hecho un lío…. Junsu se había quedado embarazado, pero… era obvio que el padre aún no lo sabía. Tanto él como Yunho habían sido testigos; al inicio de su relación, el novio de su hermano le llamaba casi a diario a casa, pero, desde aquella noche en la que Junsu se fue con él a pasar una noche de hotel, en uno de lujo, para celebrar no recordaba qué, el teléfono no había vuelto a sonar con su voz preguntando por su hermano, y sí habían visto a Junsu cabizbajo y taciturno, al que se le iluminaba el rostro cuando sonaba el celular, pero se le apagaba tan pronto veía el número en la pantalla, y , obviamente, no era él.
-          ¿Qué debemos hacer Yunho? –preguntó a su esposo, que parecía estar de lo más tranquilo en el sofá
-          ¿Por qué lo dices?
-          Porque visto lo que ha estado pasando  las últimas semanas… no sé si él sea un buen padre…
-          Yo también lo he pensado, pero… si embarazó a Junsu, aunque no fuera queriendo, debe, como hombre, hacerse responsable del bebé que esperan. –dijo, con notable enojo en su voz; no entendía aquellos que se despreocupaban de sus responsabilidades
-          Lo sé… cielo, eso lo sé… pero… quizás no entraba dentro de sus planes…
-          Tampoco entraba dentro de los planes de Changmin, pero cuando supo que Minho estaba embarazado, no le ha dado la patada, al contrario… están ultimando preparativos, para casarse después de tener al niño.
-          Lo sé amor… y créeme, nada me gustaría más que equivocarme, pero… mucho me temo que ese Park –pues era lo único que conocía de él, el apellido y donde trabajaba- no sea bueno para Junsu.
-          No dejaré que se vaya así sin más… tendrá que responder… - dijo, levantándose de la silla y saliendo de la casa.
No tardó mucho en llegar a las oficinas de la corporativa Park, acercarse al mostrador de información y preguntar por el joven señor Park, recibiendo una indicación, con el dedo, hacia uno de los despachos cercanos, del que salía un chico de cabello negro, casi azabache, impecablemente vestido con su traje de ejecutivo. Se fue directo a él y, recordando las expresiones de sufrimiento de su cuñado, lo primero que hizo fue lanzar un golpe, sin mediar palabra, y ni supo cómo el otro pudo esquivarlo. Escuchando como la chica de recepción daba voces, llamando a los de seguridad, para que ayudaran a aquel desalmado; él lo tomó del pecho de la camisa, no lo iban a sacar de allí hasta que le dejara claro que no tenía pensado permitirle que se fuera de rositas sin tomar responsabilidades por lo que había hecho; pero aquel, por más que lo zarandease, decía no saber de qué le estaba hablando, ni conocer a quién él se refería, y, nuevamente preso de rabia, le soltó un puñetazo, pero esta vez, al tenerlo sujeto aún con la otra mano, no pudo esquivarle y lo dejó caer al suelo, tapándose parte del rostro, justo en la zona que le había golpeado.
Junsu fue corriendo a socorrer a aquel joven que su cuñado había golpeado. Había escuchado todo lo que Yunho había dicho antes de salir de casa, y se imaginó que habría ido hacia allí; el problema era que, ninguno de sus hermanos ni cuñados, sabían del nombre de pila del chico que lo había embarazado, sólo que era el hijo del dueño, porque se los había dicho, pero cuando él fue a buscarlo antes, se percató que había más de un Park en la directiva de la empresa, por lo tanto, debía de haber más de un hijo, y temía que Yunho golpeara al que no era, porque tampoco lo habían visto, ya que Myun We, prefería que quedasen los dos a solas en cualquier otro sitio, lejos de la familia de ambos.
-          No lo ayudes, no se lo merece. –le decía Yunho, mientras se zafaba como podía de los de seguridad, que intentaban, por las buenas, tomarlo de los brazos y sacarlo fuera del edificio.
-          Sí se lo merece, porque no es él.- respondió, mirando a su cuñado.
-          Oh… soltadme… me conozco la salida yo solito. –dijo, soltándose de los de seguridad y marchándose, para evitar más problemas de los que ya hubiera podido ocasionar.
Lo ayudó a levantarse del piso, al tiempo que buscaba, con la mirada, a donde llevarlo para curarle o, mínimo, intentar que no se le hinchara donde le había golpeado Yunho; decidiéndose, finalmente, por llevarlo hacia el comedor de la empresa. Una vez allí, le ayudó a sentarse en una silla, y buscó algo frío que evitase la inflamación y calmase esa palpitación, dolorosa, que de seguro estaba sintiendo, puesto que no dejaba de sujetarse la zona golpeada; acabando por ponerle el típico filete de ternera, cubriéndole el ojo, que amenazaba con ponerse de un morado demasiado feo.
-          Lo lamento. –se disculpó Junsu con aquel joven- Mi cuñado sólo quería… que no se burlase de mí.
-          ¿Burlarme de ti?, pero si ni siquiera te he visto en mi vida… - decía, mientras sujetaba aquel frio filete contra su rostro.
-          No… no usted… su hermano. –dijo, haciendo que reclinase un poco la cabeza hacia atrás y presionando ligeramente la carne, para que se adaptase mejor al contorno de la cara.
-          ¿Hermano?... –preguntó confundido, y Junsu no sabía si pensar que era por el golpe o qué- Yo no tengo hermanos… -la cara de Su revelaba la sorpresa que aquellas palabras suponían- soy hijo único. –por edad, estaba claro para él, que su padre no podía ser, de modo que… le había mentido…
-          Ya veo… -dijo, bajando su rostro, apenado, con el llanto incipiente en sus ojos.
-          Ese hombre al que tu cuñado quería golpear, ¿te dijo que era mi hermano? –preguntó curioso, mientras miraba y retiraba su mirada, nerviosamente, de la figura del joven que tenía frente a sí; era la primera vez que lo veía, pero le dolía en el alma, le retorcía el corazón verlo así, y el no entender porqué le afectaba tanto, lo ponía nervioso y sin saber cómo actuar.
-          No… no directamente, me dijo que era el hijo del dueño… y… bueno, si usted lo es… supuse que, entonces, sería su hermano.
-          Pues… que yo sepa, yo soy el único hijo que tiene mi padre. –respondió, recibiendo una corrección en su postura, pues se había inclinado hacia delante, teniendo que volver a reclinarse hacia atrás.
-          Ya veo… de todas formas… ya no importa, no podré pedirle explicaciones porque lo trasladaron.
-          ¿Lo trasladaron? –preguntó e intentó hacer memoria si él, como el encargado de personal de la empresa que era, había firmado algún traslado últimamente, siendo incapaz de encontrar una respuesta afirmativa- ¿Cómo se llamaba? –esperando que el nombre le sonase de algo y supiera darle razón de la persona, por la cual, se había iniciado todo, y que había ocasionado aquel malentendido, en el que él había sufrido el inesperado y fuerte golpe, que ahora lo tenía magullado.
-          Park Myun We. –respondió, con, su voz destilando aún, un deje de amor- Me dijo que era parte de la junta directiva de la empresa familiar.
-          ¿Park Myun We?... –rió a carcajadas- No es miembro de la junta directiva, porque ni siquiera es miembro de la familia. -¿que en eso también le había mentido?, ni directivo de la empresa, ni hijo del dueño… es más, ni siquiera era miembro de la familia, aunque fuera de forma lejana… ¿por qué le había hecho creer que era quien no era? ¿que acaso temía que no lo amara?, a él todo eso del dinero y la posición social le daba igual… lo quería- Y no ha sido trasladado. –aunque pudiera ser que todo aquello, que Myun We le había dicho, fuera falso; lo del traslado no fue algo que lo dijera él.
-          Pero si me lo dijo la chica de recepción… que lo habían trasladado al lugar que se merecía… -le explicó, clavando su mirada en la de él, intentando comprender qué era lo que había pasado, cuál era la verdad, ya que todo su mundo, parecía irse desmoronando, ser una gran mentira.
-          ¿Hyo Ne? –preguntó, y viendo la cara de duda del pequeño, añadió- La chica que te atendió y te dijo que habían trasladado a Myun We, ¿se llamaba Shim Hyo Ne? –Junsu se puso a recordar  qué ponía en la pequeña plaquita de identificación que llevaba la chica.
-          Sí. –asintió y vio como sus labios esbozaban una sonrisa
-          Le gusta mucho el sarcasmo, y para ella, decir que lo habían trasladado a donde merecía… quiere decir que lo despedimos…. –la cara de Junsu era todo un poema a la incredulidad, a las preguntas de en cuántas cosas más le había mentido… y quiso dejarle claro las cosas; sentía que él merecía conocer la verdad- Myun We sí que trabajaba aquí –lo vio respirar aliviado, señal de que se había estado preguntando si no le habría mentido hasta en eso- pero no como directivo o algo que se le pareciera, si no como bedel.
-          ¿Bedel? –preguntó, completamente atónito, porque de director a conserje, hay una amplia diferencia.
-          Sí… y me vi en la obligación de despedirlo, porque recibí varias quejas por parte de trabajadoras y trabajadores de la empresa, ya que, según parece, acosaba tanto a ellas como a algunos de ellos. –en el rostro de Junsu, primero halló incredulidad, después, cierta aceptación de como que era real lo que había escuchado y, finalmente, sus ojos se llenaron de lágrimas, que matizaban aún más aquella expresión de dolor, de sentirse traicionado, despreciado, usado… que se dibujaba en toda su faz.
-          Sólo fui un reto para él… -decía llorando- el estúpido chico creyente que anhela a entregarse por amor… se limitó a engatusarme, hasta que obtuvo lo que quería… y ahora… ahora simplemente me tiró al piso, ya no le sirvo… ya no le intereso…
-          Bueno… -Yoochun no sabía si decir aquello que pasaba por su mente, pues temía meter la pata, pero era lo único que se le ocurría para quitar algo de hierro al asunto- no es como que seas el primero al que dejan, ¿no? –Junsu lo miró, con sus ojos aún vidriosos- ¿Era por ese motivo que tu cuñado quería golpearlo? ¿porque te dejó?
-          No… -respondió rápidamente- la verdad… es que ni sé si me ha dejado… -la cara de circunstancias del chico frente a él, dejaban claro que no entendía a qué se refería- simplemente… dejó de llamarme después que nos acostamos, -ni sabía porqué le contaba aquello, pero parecía hacerle bien el comentarlo- y esta mañana, cuando vine a preguntar por él… me dijeron que lo habían trasladado, y ahora usted dice que fue despedido…
-          Aún así… aunque fuera porque él pensara que lo estaba dejando o algo así… no es como para que la emprenda a golpes sin mediar palabra alguna, ¿no crees?... es decir, existe el diálogo.
-          No es porque fuera a dejarme, si no porque… -se tocó el vientre, y el pelinegro comenzó a entender por donde iban las cosas- no quiere que se desentienda del bebé que engendró… -lo miró un instante y le sonrió, antes de añadir- Es bastante tradicional con respecto a ese tema y bastante protector con toda la familia… supongo que se enfadó, se ofuscó… y la emprendió a golpes… lamento que por un malentendido, por mi culpa, recibiera un golpe que no estaba destinado a usted. –rió breve- Destinado… -dijo algo más bajo- Parece que el destino se empeña en jugar conmigo.
-          ¿Crees en el destino? –preguntó algo interesado, mientras dejaba que aquel joven le retirase el filete de encima del ojo y limpiara con un paño la zona, con sumo cuidado; viendo como asentía en respuesta- Bueno… piensa, entonces, que quizás el destino quiso esto. –le sonrió, y sintió su rostro encenderse levemente
-          ¿Qué el destino quiso esto?, ¿que me rompieran el corazón y que a usted lo golpearan confundiéndolo con otra persona? –preguntó, perdido, pues no entendía como podía haber algo bueno en todo lo que había pasado
-          Sí… porque el destino quisiera que nos conociésemos.
-          ¿Que nos conociéramos? ¿para?
-          Quizás… para que supieras la verdad…
-          Claro… tiene razón.
-          No me hables de usted, tenemos prácticamente la misma edad.
-          Sí, pero… usted es el hijo del dueño de la empresa, tiene otro nivel social… -sus labios fueron sellados con el dedo índice de su interlocutor
-          Tonterías… somos iguales. –le sonrió- Me llamo Park –“ja, otro Park”, pensó Junsu- Park Yoochun.
-          Kim Junsu. –se presentó, estrechándole la mano


lunes, 21 de mayo de 2018

Colegio mayor 2


Al despertar, volvió a pensar que igual todo había sido un sueño. La cama de su compañero estaba deshecha, no había ni rastro de su ropa, y el hecho de que él despertase sin los calzoncillos puestos… bueno, no era algo nuevo en ese mes, donde sus hormonas parecían hacer de las suyas por la noche. Lo que ya no cuadraba tanto era la cantidad que había en su camiseta, que reposaba en el suelo, en uno de los lados de la cama, ni el hecho de lo desordenada que estaba su cama, con todas las sábanas descolocadas, mojadas de sudor y alguna que otra gota de semen que habría caído y a él se le había pasado limpiar. En fin, tocaba lo de todos los días, cambiar las sábanas y esperar a que Jaejoong sólo pensara que tenía el sueño movido, sin que imaginase que él era el culpable de ellos.
-          Buenos días. –le sonrió, mientras frotaba su cabello húmedo, igual que en la noche, es decir, con una toalla cubriéndole lo necesario y dejando demasiado a la vista, para alimentar más sus fantasías.
-          Buenos días. –devolvió el saludo, volviendo a terminar de hacer su cama, hasta que una palmada en su trasero lo hizo voltear nuevamente.
-          Lo siento… -sonrió divertido- me lo pusiste a huevo. –retirando la toalla que cubría su cabello enmarañado.
-          Hm… -bufó como enojado o molesto, pero la sonrisa que se le escapaba denotó lo contrario.
Después de salir de la ducha, se vistió y fueron a su aula. Era la primera vez que Jaejoong esperaba por él, ya que, normalmente, su compañero solía irse antes, en busca de su amigo Yoochun, y era con él con quien iba a la clase; aunque después tuviera que sentarse a su lado durante todo el horario lectivo, y el pelinegro se sentara en la otra punta de la misma. Por eso hoy estaba feliz, al menos más sonriente que otras veces.
-          Jaejoong ¿qué tal pasaste la noche? –preguntó el pelinegro, acercándose a la mesa donde ambos permanecían sentados- Me acordé del miedo que te dan las tormentas…
-          Oh… bien. –sonrió- Yunho me ayudó a que no les tuviera miedo. –dijo en tono entre serio y divertido.
-          ¿Te curó tu fobia en una noche? –preguntó extrañado
-          Algo así… -sonrió más ampliamente.
-          Vaya… ¿cómo lo hiciste? –preguntó entonces a Yunho
-          No te hace falta saberlo. –saltó Jaejoong- Además… ese método sólo –recalcando esa palabra- lo puede usar conmigo.
-          Vale, vale…
-          Buenos días, por favor, vayan sentándose en sus asientos… -saludó el profesor.
A los pocos minutos de iniciar la clase, cuando por fin Yunho procesó completamente que lo que había pasado por la noche había sido real, y que Jaejoong, lejos de estar molesto, se había mostrado celoso o temeroso de que otro se le pudiera acercar, lo que implicaba que él debía de gustarle de la misma forma… escribió una pequeña nota, que le pasó con disimulo a su compañero, con cuidado de que el profesor no la viera. “Sólo te quiero a ti. PD: lo de anoche me encantó.”.

¿La respuesta que recibió? “Más te vale, porque esta noche quiero repetir.”

lunes, 14 de mayo de 2018

Colegio mayor 2

“Por favor, que alguien me mate…”.
Aunque no era su verdadero deseo, mentiría si dijese que no había pasado esa frase más de una vez por su cabeza, sobre todo cuando sus ojos se perdían en recorrer lascivamente otra anatomía, una que parecía incitarlo a pecar, pero que le estaba prohibida.
El calor que hacía ese junio, causante principal por el que todos los chicos se habían desabotonado parte de la camisa del uniforme, mientras que las chicas debían aguantar como pudieran porque en la clase había bastantes pervertidos, de esos que se esperaban a que ellas subieran antes sólo por verles la ropa interior, por culpa de las faldas tan cortas que gastaban; era sólo una de las causas por las que su notas habían bajado ese mes, y quizás la que menos incidencia había tenido, ya que en años anteriores, incluso con mayor temperatura y humedad ambiental, había conseguido unas notas bastante buenas, y aprobaba con una nota media de notable.
 Eran días como el de hoy, cuando más veces repetía aquella frase, cual si fuera un mantra, intentando, tal vez, apartar su mente y sus sentidos de aquella persona sentada a escasos centímetros de él, y centrarse en las explicaciones que hacía el profesor desde la pizarra, pero de forma cada vez menos efectiva, prácticamente en vano.
Durante el descanso entre clase y clase, de normal se iba a hablar con su amigo Donghae, pero hoy estaba enfermo y no había acudido a clases, así que le tocó quedarse sentado en su pupitre, haciendo acopio de todo su autocontrol, y no se lo estaban poniendo nada fácil. Menos aún cuando, de forma accidental, uno de sus compañeros hizo que la persona que se sentaba a su lado, se derramase sobre el pecho y la camisa, aquel yogurt bebido de sabor a coco, que estaba tomando para refrescarse un poco y recargar pilas.
Las mejillas de Yunho reventaron en bermellón, y su autocontrol estuvo cerca de disiparse en menos de un milisegundo. Respiró todo lo hondo que pudo y se obligó a apartar la vista de aquella visión que lo incitaba tantísimo al pecado, porque no era el momento, ni el lugar, para hacer aquello que había pasado por su mente al ver la escena. Pero el problema al sur de su anatomía no desaparecía, por más que respirase y se obligara a calmarse, más bien al contrario, iba creciendo poco a poco, y sólo le faltó aquel gesto, que se retirase un poco del yogurt sobre su pecho con un dedo y después lo lamiera y lo chupara, para que su libido despertase de golpe, amenazando con empezar a sangrar por la nariz, a causa de la subida de presión arterial; teniendo que pedirle al profesor, que recién entraba en clase, que lo dejara ir a la enfermería pues se encontraba fatal, intentando disimular, con la cartera por delante de él, en qué sentido era su malestar, porque no le llamaran pervertido o enfermo, ya que, con el calor que hacía, lo difícil era tener ganas.
Tumbado sobre una de las camas de la sala, tapado hasta la cabeza, se repite una y otra vez “sólo era yogurt… sólo era yogurt…”, pero ni caso que aquel problemilla desaparece, porque en su mente aquel postre lácteo pasó, por un instante, a ser otra cosa… pasó a ser su esperma cubriendo aquel pecho ligeramente descubierto, que tanto deseaba recorrer con sus manos y labios. Lo malo, que ese instante fue suficiente para que se asentase en su cabeza y la única forma de calmarse, fuera recreándolo una y otra vez, mientras se masturbaba, hasta alcanzar el orgasmo, ahogando sus gemidos contra la almohada.
No tenía fuerzas para volver al aula, pero tampoco iba a estar ocupando una cama en la enfermería, que alguien pudiera necesitar más que él, y su sentido de responsabilidad ya le andaba pasando factura, aunque no lo suficiente como para volver a la clase, porque sabía que entonces volvería a recaer, ya que sobre su cuerpo seguirían los rastros de lo ocurrido, porque no habría podido ir a limpiarse, pues el profesor llegó al poco de que aquello pasara, y una vez el maestro está en clase, tienen prohibido abandonarla; de modo que se fue directo hacia los dormitorios, esperando que, ahora que estaba más calmado, pudiera dormir y recuperarse un poco.
Últimamente aquellos pensamientos pervertidos cruzaban su mente mucho más a menudo de lo que él podía manejar, y sabía perfectamente que no era la primera ni sería la última vez que se masturbase  por culpa de aquel cuerpo y sus acciones, por ese ser que debía llamarse sexo, porque estaba seguro que a todo aquel que le veía, despertaba los mismos bajos y básicos instintos. Por ese motivo, por estar luchando contra ellos e intentar seguir siendo “normal”, era que se agotaba tanto psíquicamente hablando.
Se tumbó sobre su cama y decidió que descansaría un poco. Ahí, lejos, podría relajarse y no pensar en nada. El silencio le ayudó a desconectar su mente y cayó dormido en poco rato, en un profundo sopor, en el que no pareció soñar.
El sonido de las campanas anunciando el final de las clases, fue lo que le despertó. Pero no quiso levantarse, se quedó remoloneando bajo la fina sábana, esperando volver a quedarse dormido.
-          ¿Te encuentras mejor? –preguntó su compañero de dormitorio.
-          Algo. –corta respuesta, como últimamente era su tónica habitual.
-          Después te dejaré los apuntes y te diré los ejercicios que nos mandaron; primero voy a ducharme. Ash, estoy todo pegajoso…. –se quejó, mientras comenzaba a desabotonarse la camisa y sacársela de los pantalones.
Maldición, justo las palabras que disparaban nuevamente su imaginación. Aunque esta vez sí pudo controlarse algo más, al menos hasta que él volvió después de la ducha, con su torso empapado, secándose el cabello con una toalla, llevando otra anudada a la cintura, siendo ésta la única prenda que lo cubría; obligándole a tomar una ducha fría, antes de poder sentarse con él a realizar los ejercicios “normalmente”.
Tras cenar, regresaron al cuarto; repasaron un poco las lecciones del día, para asegurarse de que Yunho lo había entendido todo, prepararon las mochilas con los libros y los útiles necesarios para las clases del día siguiente, se pusieron el pijama y se fueron a dormir cada uno en su cama.
Como venía siendo costumbre en casi todo este mes, Yunho se acostaba tumbado de lado, dándole la espalada a su compañero; aunque solía acabar girándose y contemplando su carita mientras dormía, iluminada por los tenues rayos de la luna, que seguía siendo igual de sexy o más todavía que cuando estaba despierto. Pero esto era más cerca de la madrugada, cuando se despertaba tras alguno de sus sueños húmedos, y, después de limpiarse, volvía a tumbarse en su cama, esta vez mirándole, deleitándose en el placer  que le producía el saberse el único con la capacidad de contemplarlo así, dormido, tranquilo, vulnerable… hasta que los pensamientos de querer robarle un beso, ganaban tanta fuerza, que debía volver a darle la espalda para poder controlarse.
Esta noche, sin embargo, su compañero parecía algo más inquieto; lo notaba moverse en la cama continuamente, y eso no era demasiado normal; sin embargo, no sabía si preguntarle qué le tenía así de intranquilo, pues lo más usual, a esas horas, era que ya estuviera durmiendo plácidamente. En fin, supuso que no sería nada demasiado grave, y que, si él lo consideraba oportuno, ya se lo contaría; e intentó dormir.
-          ¿Jaejoong! –preguntó completamente sorprendido, al notar como se metía en su cama
-          No me gusta. –dijo cerrando fuerte los ojos y apretando la sábana entre sus manos.
-          ¿Te dan miedo las tormentas? –girándose para verlo, él asintió- Pero si no es la primera…
-          Lo sé, pero… las otras no se oían tan… -volvió a encogerse por el sonido de un trueno de aquella tormenta de verano
-          Tan cerca. –terminó la frase, destapándole cuidadosamente, pues se había cubierto hasta la cabeza
-          Suena demasiado cerca… - puchereó un poco- si está lejos aún puedo soportarla pero esta… -volvió a encogerse, pero esta vez contra el pecho de Yunho.
-          No te preocupes, no te pasará nada. –dijo, acariciándole el cabello suavemente, en tono calmado. Por primera vez había nacido primero el deseo de protegerlo.
-          Hm… -dejando de aferrase tanto a la fina camiseta de tirantes que Yunho usaba para dormir esos días tan calurosos.
Yunho pasó uno de sus brazos por debajo del cuello de Jaejoong, mientras que con el otro le rodeo el torso, abrazándolo, para que se sintiera protegido. Lo sintió moverse y acomodarse entre sus brazos, pero sin llegar a hacer amago de sentirse incómodo y querer salir de él.
El sentir la respiración acompasada contra la piel descubierta de su pecho, y aún aquel eco de calor que traspasaba la fina tela, estaba comenzando a excitarlo nuevamente. Podía sentir su corazón irse acelerando, consciente, al fin, de que era Jaejoong, el chico al que tantas veces había soñado poseer, el que estaba durmiendo cobijado entre sus brazos.
Respiró hondo varias veces, intentando normalizar el ritmo de su respiración y su corazón, y tuvo que morderse el labio cuando Jaejoong dejó escapar de los suyos un leve gemido. “Sólo Dios sabe lo que me está costando controlarme contigo así…”, y a él le pedía no realizar ningún movimiento que lo delatara, por más que el infierno, en el que se estaba convirtiendo su propio cuerpo, lo quemara con el deseo de hacerlo.
Pero pese a todos sus esfuerzos, la realidad de su deseo, por el cuerpo entre sus brazos, comenzó a patentarse en su entrepierna, irguiéndose de forma clara, comenzando a endurecerse con cada nuevo cálido roce de su aliento contra su piel, con cada mirada a aquellos labios entreabiertos que parecían demandar un beso en silencio, con cada leve caricia de sus pieles en contacto, con cada centímetro o milímetro que sus cuerpos más se unían; haciendo que su respiración volviera a entrecortarse ligeramente y que, cerrando los ojos, sus labios parecieran esperar por aquel milagro de ser besados, aunque fuera de forma accidental; mientras sentía una de las manos de Jaejoong rodear su cintura.
“Tierra… trágame…” es lo que pensó tan pronto notó la otra mano de Jaejoong  deslizarse e ir a parar sobre su miembro erguido, y acto seguido, la mirada de éste clavándose en la suya, tras que un leve gemido, por lo inesperado de intima caricia, escapase, medio ahogado, de sus labios; que se apresuró a morder por el interior, para evitar que cualquier sonido saliera más allá de su cavidad bucal.
-          ¿Es… estás…? –preguntaba, sin terminar de formularla, trabándose entre nerviosismo , vergüenza y no sabía qué más
-          … -sólo atinó a girar el rostro e intentar encogerse en posición fetal, para que no se notara tanto
-          ¿Estabas teniendo un sueño húmedo? –preguntó, incorporándose un poco, apoyándose sobre uno de sus antebrazos, pero Yunho no le miraba ni le contestaba- ¿O es porque dormía contigo? –sin censura en

lunes, 7 de mayo de 2018

Colegio Mayor

-          Junsu… Susu… -abro los ojos y me encuentro con los suyos mirándome, tan sumido estaba en lo que sentía, que no me percaté que se levantó…
-          Di… dime… -digo todo nervioso, y con la boca tan seca, que tengo que pasar mi lengua por los labios.
Ok, qué me perdí?, porqué de pronto los labios de Yoochun están sobre los míos?, dónde demonios aprendió este hombre a besar tan condenadamente bien?... vamos, que si me estaba excitando antes, ahora sólo me falta soltarle en un gemido “hazme tuyo Chunnie”…
Su mano sobre mi mejilla, profundizando el beso… su lengua recorriendo cada hueco de mi boca… sus labios apresando los míos… tumbándome poco a poco, con su cuerpo, sobre mi cama… su otra mano paseándose por debajo de mi camiseta… la temperatura me sube… y mis jadeos no tardan en aparecer…
-          Chunnie… Chun…
-          Tsh… no digas nada… sólo déjate llevar baby… - sin censura en