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Fanfic (31)

lunes, 29 de enero de 2018

Behind the mask

Y así, llegamos a la fecha actual, cuando, como ya mencioné, Changmin le había  preguntando a Jaejoong si podían ir juntos a celebrar el día del centro, y llegó Yunho, con la misma intención, pero al menor presente.
Como buen orador y domador de la palabra, experto en retórica, el pequeño Shim Changmin se había salido con la suya, estar con los dos ese día; porque temía lo que pudiera implicar el “priorizar” a uno sobre el otro, sobre todo teniendo en cuenta los antecedentes de los dos mayores. Sin embargo, el día de celebración del centro, tras las demostraciones y competiciones deportivas de los diferentes clubes, estaba desarrollándose la mar de tranquilo. Yunho había ayudado a llevar la manta para el picnic, Jaejoong llevaría la rica comida que siempre prepara, y, la única pega, por encontrarle algo, había sido que Junsu y Yoochun se habían acabado acoplando a su magnífico día, y estaban copando casi toda la atención de sus dos hyungs predilectos. Y es que ambos lo “mimaban” a su manera, y él se sentía muy a gusto en compañía de cualquiera de los dos. Eso cuando no estaban los otros dos delante, llamando la atención haciendo tonterías, de ese tipo que, un chico tan maduro como él, ya había dejado enterradas años atrás en el colegio, a la altura del parvulario….
Para conmemorar tan dichoso día, Changmin había sacado la cámara de video para grabar tan especial evento, Jaejoong y Yunho juntos y sin hacer amago en ningún momento de querer matarse; eso, si no se metían Yoochun y Junsu, queriendo ser los protagonistas de la cinta del pequeño.
Pero volvamos con los protagonistas principales de esta historia. Como ya dije, estaban de vuelta al edificio central, después de su maravilloso picnic, cerrando la  extraña comitiva, que eran ellos cinco juntos. Si bien, no habían dado apenas unos diez o quince pasos por el pasillo principal, que daba acceso a las escaleras que subían a los distintos niveles docentes, cuando se le acercaron unos chicos con claras ganas de molestar.
-          Jejeje, pareces caperucita roja con la cesta. –bromeaba uno, insultando a Jaejoong
-          No, no, espera… no es caperucita roja, es Blancanieves, con la comida para los enanitos jajajajaja. –rió a carcajadas otro, al tiempo que le daba un empujón.
-          Yo que tú no haría eso… -se acercó Yunho, quien se había adelantado, porque Changmin y Junsu volvían a pelearse, y Yoochun  no lograba que dejaran de discutir cual críos pequeños enrabietados
-          No necesito que me defiendas, Yunho… -dijo algo bajo, pero con claro tono molesto.
-          No te defiendo, les aviso. Tiene mucha más fuerza de la que aparenta… -le comentó al grupo que estaba incordiando a Jaejoong
-          Sí, seguro… por eso necesita que venga su novio a defenderlo. –rebatió uno de ellos, haciendo que volvieran a explotar en tremenda carcajada
-          No. –dijo Yunho a Jaejoong, sujetándole uno de los brazos- No merecen que pierdas el tiempo, ni menos que te juegues la graduación por gilipollas como estos… -Jae lo miró un instante, pues el tono había sido serio y directo, más como una orden que como un consejo o advertencia, pero la risa y actitud de aquellos chicos, lo estaba poniendo frenético, y lo único que lograba Yunho metiéndose en medio, era que la cosa empeorase- Jaejoong… si voy  a graduarme, quiero sentirme aún más orgulloso porque haya sido venciéndote sacando mejores notas que tú, y no porque te negaron el título por una estúpida expulsión que puedes evitar… -argumentó igual de serio que antes, logrando esta vez su objetivo, que el pelinegro dejase de estrangular y retorcer el asa de la cesta, que amenazaba con deshacerse, por no hacerlo con el cuello de los otros.
-          Tienes razón… pero el que ganará, seré yo…
-          Está por verse… -sonrió con suficiencia

Si bien, aquellos chicos no tenían ni la más mínima intención de dejarlo pasar. Descubrir que Jaejoong no podía pelearse, porque no quería ser expulsado y perder la opción al título de bachiller, les hizo envalentonarse aún más; ya que, aún en el caso de que él les diera una paliza, que hiciera que sus cuerpos estuvieran doloridos y magullados durante días, lo más seguro es que consiguieran que el pelinegro no volviera a pisar el instituto en lo que quedaba de curso.

lunes, 22 de enero de 2018

Behind the mask

Lo que no podía esperar, ni imaginarse, fue lo que ocurrió poco después. Yunho colocó una de sus manos sobre la máscara que llevaba puesta, de forma que le cubría los ojos. El corazón le latía apresuradamente en el pecho, temía acabar siendo descubierto, y ese mismo miedo lo dejó paralizado. Pero Yunho sólo levantó la máscara lo justo para dejar sus labios al descubierto, con el resto de su rostro aún cubierto; y lo besó.
Sí, así fue, Jung Yunho le había robado su primer beso; pues lo estaba reservando para alguien especial, ese alguien que le hiciera temblar en su presencia, que le crease la sensación de mariposas en el estómago… en fin, esa persona que lo hiciera enamorarse de la misma forma que describen en las películas románticas que tanto le gustan a su hermana; y ese hurto, clamaba venganza.
Por ese motivo, Jaejoong se la pasó estos últimos meses enfadado y saltando a la mínima que Yunho le dirigiera tan sólo una mirada, aunque sólo fuera él quien la considerase mala. Aunque intentaba que no tuvieran lugar dentro del instituto, porque sabía perfectamente lo que podía conllevar otra expulsión, lo cierto es que no siempre lo conseguía. Y así, llegamos hasta hace dos semanas, cuando volvió a discutir con un Yunho, que a esa fecha aún ignoraba porqué le tenía últimamente tanta manía.
 Él estaba tan tranquilo hablando con una chica, cuando Jaejoong comenzó a renegar por lo bajo, y él se cabreó, porque, juraría, lo había insultado sin venir a cuento. Le recriminó, y él se puso aún más agresivo, alzando más la voz, haciendo que él la subiera también, por inercia. Al final, el profesor, cansado de llamarles la atención y ser ignorado, los mandó castigados al salón de actos, de donde les prohibió salir hasta que él fuera a buscarlos.
-          Y bien… ¿vas a decirme qué cojones te he hecho para que no dejes de joderme? –le preguntó, después de llevar unos cinco minutos encerrados en silencio.
-          Deberías saberlo… cabronazo mujeriego. –añadió entre dientes.
-          Pues no lo sé… -refutó, subiendo un poco más la voz- Y creo que tengo derecho a saber por qué coño me atacas… -acercándose a donde Jaejoong estaba
-          No tengo por qué darte explicaciones. –separándose de él
-          Sí que tienes
-          No, no tengo
-          Sí que tienes, Kim Jaejoong… ¿Qué pasa? ¿te molaba la tía?
-          No… no es eso.
-          Entonces ¿qué?
Exasperado, Jaejoong fue hacia una de las paredes del salón, en la que había colgadas varias máscaras ceremoniales, que los alumnos usaban en algunas interpretaciones de teatro clásico, tomó una de mujer y se la puso, volviendo sobre sus pasos, situándose frente a Yunho, clavando su mirada en unos ojos que se abrían más a cada instante.
-          No… no puede… -decía titubeante, temblando un poco, situando su mano igual que lo hiciera meses atrás- no puede ser… -levantando del mismo modo  y a la misma altura la máscara; bajándola casi de seguida que reconoció aquellos labios, tapándose los suyos en acto reflejo, al tiempo que toma asiento para digerir algo mejor lo que le acaba de descubrir- No puede ser cierto… -se decía a sí mismo, sin querer creerlo aún
-          Me… -se detuvo un instante. Iba a decirle que le había robado su primer beso, pero no iba a darle una información con la que él se pudiera burlar de su persona, aunque no sabía si lo escucharía, pues parecía preso de un profundo estupor- me besaste…
Pero Yunho no parecía escucharle, parecía aún sumido en un debatir interno, y ni tan siquiera lo miraba, desde que bajó su rostro. Sólo reaccionó, parcialmente, cuando el profesor les abrió la puerta, asombrado de que hubieran permanecido en silencio y sin pelearse por unos veinte minutos, o, quizás, lo que le sorprendía era que tanto ellos como la sala siguieran de una pieza y sin daños.

Aquello era demasiado. Vale que no esperaba una petición de disculpas por su parte, pero tampoco esperaba que no le dirigiera ni una simple mirada. Cada vez que se cruzaban en algún pasillo, lo que antes hubiera servido para que uno se metiera con otro y empezar una pelea, al menos dialéctica; ahora, Yunho giraba sobre sus talones y volvía por donde había venido, o pasaba a su lado sin mirarlo, como si fuera invisible; y aquello, por algún motivo, le jodía… “no vas a disculparte, porque tu ego no te lo permite, muy bien… pero ya podrías cabrearte o algo, ¿no?” se decía a sí mismo, cada vez que miraba al moreno fijo en la pizarra, atento a las explicaciones del profesor, o hablando tranquilamente con Junsu a la hora del almuerzo, o practicando taekwondo en el gimnasio con el club…

lunes, 15 de enero de 2018

Behind the mask

No, no era algo que pudiera contar libremente, aquello era un secreto que acabaría con él en la tumba, nadie jamás de los jamases lo sabría, y ahora sabía que por parte de Yunho tampoco sería desvelado, y es que, en verdad, era demasiado vergonzoso para los dos si salía a la luz.
 ¿Y cuál es ese secreto que ambos compartían y que era tan embarazoso, que podría costarles sus vidas sociales? Pues para descubrirlo, tenemos que remontarnos varios meses antes de este día; casi un año, aproximadamente. ¿Qué pasó entonces? Pues que era la fiesta de graduación de los alumnos de último año, y la hermana de Jaejoong era una de ellas, pero él había sido expulsado una semana antes y el director le tenía prohibido el acceso al centro hasta el comienzo del siguiente año escolar, como castigo y escarmiento por la última pelea que había tenido dentro del centro, y que había surgido por sus provocaciones; pero él quería asistir, no en vano, era una ceremonia importante para su hermana mayor, y no quería ser el único miembro de la familia que se la perdiera, mas como nadie tenía que reconocerle, tuvo que ir disfrazado, y su nuna no tuvo otra genial idea más que vestirlo con uno de sus hanboks, colocándole además una máscara tradicional, cubriéndole el rostro, para lograr aún más el objetivo, ya que algunas de las graduadas irían igualmente vestidas.
Sí, pasó desapercibido; pero conforme caía la noche, empezaba a no ver bien a través de los agujeros de la máscara y como no podía quitársela, por temor a que lo descubrieran y lo echaran, acabó despistándose de su familia y encontrándose rodeado por un grupito que no era muy simpatizante de su persona, más que nada porque les había pegado una paliza alguna vez. Si lo descubrían, estaba perdido, tanto porque eran más en número y la tunda sería inevitable, como porque sería expulsado de por vida del centro si volvía a pelearse, y porque su reputación, al ir vestido de mujer, acabaría por los suelos. Así que lo único que podía hacer era ir retrocediendo poco a poco  y rezar porque apareciera alguien antes de que le hicieran algo y lo descubrieran o, lo más probable, antes de que se le acabara la paciencia y se liara a puñetazo limpio con todo el que osara acercársele.
Le hubiera valido cualquiera, pero… quien apareció fue Yunho. Justo la persona que menos quería ver, sobre todo si tenemos en cuenta lo mencionado unos párrafos más arriba, es decir, que él era uno de los causantes de que se hallase vestido de esa guisa; aunque, con algo de suerte, sería él quien se peleara con aquellos idiotas y le costaría la expulsión. Pero no se peleó con ellos; no, lo que hizo fue acercarse al que más adelantado estaba, colocándose al lado suya, y le dijo que el subdirector del centro estaba yendo hacia ese mismo lugar, aprovechando, cuando se giraron por ver si era cierto, para tomarle a él de la mano y salir corriendo, empujando a aquellos que querían cerrarles el paso, con dirección al edificio principal. Después de recorrer varios de los pasillos, finalmente se metieron en un aula, cerrando la puerta tras de sí, donde pudieron descansar y recuperar el aliento. La clase resultó ser la de economía domestica. Yunho abrió el refrigerador y sacó algo para picar, ofreciéndole; pero no podía comer… no podía porque aquello implicaba, como mínimo, levantarse la máscara y quedar, entonces, expuesto a ser descubierto. Para su fortuna, Yunho pareció interpretar su previa negativa, como si fuera timidez, sentándose a su espalda, y dejándole así que pudiera comer tranquilo.

Cuando inició el castillo de fuegos artificiales, Yunho volvió a tomarle de la mano, y, vigilando que no hubiera ninguno de sus perseguidores por ahí cerca, fueron hasta la terraza del edificio. Yunho se quitó la chaqueta del uniforme y la puso en el suelo, indicándole que se sentara en ella, para que no se le manchase el hanbok, y él se sentó a su lado, después de ayudarle a tomar asiento. La noche se veía realmente hermosa con aquellos estallidos de color, que iluminaban efímeramente el cielo nocturno, hasta que una nueva explosión cubría la anterior, silenciando su eco con un nuevo estruendo, combinando chispas encendidas de verde, amarillo, rojo y azul, entre otros colores. Se quedó embobado mirándolos, y, por un instante, olvidó a quién tenía a su lado sentado, a pesar de estar tan cerca, que sentían el roce del brazo del otro. Estaban  a punto de acabar los fuegos, cuando escucharon voces en la escalera, que daba acceso a la terraza; pero como, por el estruendo, no podían distinguir si las mismas eran de sus perseguidores o de otras personas, Yunho se levantó rápidamente, ofreciéndole su mano, ayudándole a levantarse lo antes posible, tomó veloz su chaqueta, y se ocultaron tras la caseta de la escalera, quedando en la parte más oscura, ocultos a la vista.

lunes, 8 de enero de 2018

Behind the mask

¿Cómo habían llegado a aquella absurda situación? Era más fácil hacer la pregunta que hallar la respuesta en sí. Quizás haciendo memoria, lograra encontrar el momento exacto que había derivado en aquella extraña escena que tenía lugar ante sus ojos.
-          Junsu, te estoy diciendo que te comportes un poco, hazme el favor. –pedía Yunho- Cualquiera que te vea va a pensar que no comiste en una semana…
-          Pero es que todo está muy bueno. –hablando con la boca llena, pues comía a dos carrillos.
-          Gracias. –dijo Jaejoong, que se había encargado de prácticamente toda la comida que había sobre el tapete, en el que estaban celebrando aquel picnic.
-          Changmin… -regañó Yunho otra vez, quitando la cazuela en la que el pequeño había metido la cuchara- Para ya… vas a arruinar el plato.
-          De hecho… el que lo acaba de arruinar, eres tú. –se quejó Jae, con gesto de leve molestia, aunque en parte le hacía gracia.
-          Lo siento. –depositándola en el mismo lugar, mirando, algo contrariado, el contenido de la misma, que ya no tenía la buena presencia que cuando el mayor la destapó- Pero sigue sabiendo igual de bien. –dijo después de meter la cuchara y probarla.
-          Gracias. –sonrió-  Yoochun, deja en paz a Junsu, anda… -regañó a su amigo, que no dejaba de intentar quitarle la comida del plato al otro- Hay comida de sobra para los cinco.
Sí, lo mirase por donde lo mirase, aquella situación estaba lejos de ser la normal entre ellos. ¿Por qué? Pues porque, desde que habían entrado, prácticamente, al instituto, Jaejoong y Yunho eran los líderes de bandas opuestas, que se habían enfrentado en más de una ocasión, habían sido expulsados más de una vez, con sus pertinentes avisos previos y las pertinentes notificaciones a sus padres después, por pelearse llegando incluso a las manos; aunque últimamente estaban intentando controlarse, ya que el director del centro les había dicho, más bien amenazado, que la próxima expulsión que tuvieran, les haría perder todo el derecho a conseguir el título de bachiller que ambos querían, y es que, pese a todo, los dos eran buenos estudiantes y conseguían aprobar.
Ahora, seguramente, te preguntarás por qué están juntos, si, como he mencionado en el párrafo anterior, no se pueden ni ver sin que surja una discusión; bien, el culpable, en parte, es la única persona que ambos tienen en común, el pequeño Changmin, el único dongsaen que había tenido el valor de plantarles cara y había salido indemne de tal atrevimiento. Había sido él quien había quedado con Jaejoong para hablar y confirmar que irían juntos al festival del instituto, ya que eran amigos, y justo estaban en eso, cuando apareció Yunho, que también tenía intenciones de pedirle al menor que fueran juntos, por el mismo motivo; al final, ni él mismo sabe exactamente cómo, consiguió hacer que todos estuvieran de acuerdo en ir juntos. Jae pidió a Yoochun que fuera con ellos, ya que no tenía ganas de que le hicieran saltar de alguna forma, y su “mate” era como una especie de conciencia que conseguía hacer que se controlase, a veces; Yunho, por su parte, pensó lo mismo, y consideró que Junsu era el mejor y más adecuado, para estar pendiente de otra cosa que no fuera atacar y defenderse de lo que el pelinegro dijera o hiciera; haciendo que finalmente estuvieran los cinco juntos ese día.
Tras recoger todo, se dispusieron a volver al centro, con el resto de alumnos, para seguir con la jornada festiva del instituto.
-          Jaejoong… -lo llamó Yunho, que caminaba a su lado, cargando el tapete enrollado sobre el que habían comido, mientras él llevaba la cesta.
-          Dime.
-          Ni una palabra de lo que pasó el otro día, a nadie, ¿está claro? –inquirió con mirada amenazante
-          Je… ¿Qué acaso crees que es algo de lo que yo pueda sentirme orgulloso, como para irlo contando por ahí? –respondió del mismo modo
-          Supon… ¡Changmin! –gritó, llamando la atención del menor
-          Pero es que… -señalaba acusadoramente a Junsu
-          ¿Qué!, a mí no me metas, que tú empezaste… -dándole un empujón
-          Junsu, yo que tú no haría eso. –dijo Yunho- Min es más fuerte que tú.
-          Au, bestia… -dijo el más bajo, tras ser empujado y volver a recuperar el equilibrio, sobándose el brazo donde el menor le había dado, comenzando a correr tras él inmediatamente después, con intenciones, quizás, de querer devolverle el golpe.
-          ¿Ves? –meneaba la cabeza resignado.
-          Parecen críos… -resopló Yoochun, que aceleró un poco más el paso, entre curioso y preocupado por la que podrían liar los dos
-          ¿Podrías vigilar que no se peguen? –pidió Jaejoong a su amigo- a ninguno le conviene que lo expulsen.

-          Ni a vosotros que manden más notificaciones, si se piensan que ha sido por incentiva vuestra que esos dos se liaron a golpes… -sonrió de medio lado, antes de empezar a correr un poco más, pidiéndoles que se calmaran un poco.

lunes, 1 de enero de 2018

Backseat

Seguramente, el seguir con las actuaciones en el musical, antes de que diese comienzo la gira, era una de las mejores ideas que había tenido. Porque al centrarse en memorizar una y otra vez sus líneas de texto y sus canciones, no tenía la cabeza libre para pensar, recordar, evocar, soñar o imaginar nada más.
Sí, definitivamente, Junsu sabía que era lo mejor, sobre todo para su salud, por contrario que pueda parecer, el saturarse de trabajo hasta las orejas.
Porque siendo sincero, su pecho dolía, amén de unos cuantos centímetros más abajo en su anatomía. ¿Por qué?... pues porque jode, y mucho, que las palabras “te amo” no signifiquen lo mismo para quien las dice, como para él que las escucha; porque debe conformarse con ser buenos o mejores amigos; porque sabe que no puede sacar nada más…
Y la culpa de que haya vuelto a recaer en esa necesidad compulsiva de estar ocupado todo el santo día, todos y cada uno de los días, la tiene aquella bendita canción que han sacado como single presentación de su nuevo disco. Desde que grabaron “  Back seat”, que su salud mental ha rayado el borde de la locura.
Por eso, ahora, no lo llama. Se ha hecho experto, casi nivel Jaejoong, en mandar whatsapps o mensajes de texto, cada vez que quiere tratar algo con él; porque sólo hay algo peor, para que sus fantasías terminen de dispararse, que escuchar la voz sensual que inicia y finaliza la canción, y eso es, escucharla justo en tu oído.
Sí, Junsu está luchando muy firmemente por sacar a Park Yoochun de su sistema neuronal. Por desgracia, no resulta tan fácil.
-          Toc –toc –escuchó decir, al tiempo que golpeaban la puerta del camerino, que estaba abierta- Servicio de recogía y entrega a domicilio. –sonrió ampliamente Yoochun, desde la entrada- ¿Has terminado ya?
-          Hm –asintió Junsu, colgando la ropa que se había quitado en la percha y cogiendo su chaqueta.
Subidos en el coche del mayor, de camino a su casa.
-          Junsu, ¿podrás seguir con las actuaciones de Drácula, una vez que iniciemos la gira?
-          Supongo que  no. Pero como ya quedan pocas con mi nombre en el cartel, imagino que podré terminarlas.  De todas formas, hablaré con Jae, para ver si puede retrasar un poco el inicio de la gira de JYJ.
-          No sé si le hará gracia… -Junsu sonrió de forma algo sarcástica
-          Pues le va a tener que hacer. Yo estuve esperando para grabar hasta que vosotros dos terminasteis con vuestras respectivas grabaciones de los dramas.
-          Lo siento, Junsu. –volvió a disculparse, pues ya le había pedido disculpas al inicio de la grabación del disco y casi cada semana que duró la misma- Pero trabajo es trabajo, y no podía escaquearme cuando quisiera.
-          Lo sé. Y el musical es lo mismo, trabajo.
-          Ya…. Pero actúas casi a diario.
-          ¿Y? ¿De qué te quejas? Sólo habéis venido a verme una vez; si aún hubierais venido todos los días… podría entender que os quejaseis porque os quedáis sin pasta, por venir a verme. –relató. Yoochun explotó en una sonora carcajada
-          Su, sabes que lo haría. Iría a verte todos los días, igual que tu hermano. Pero los dos tenemos trabajo, y no siempre podemos ir a verte. –respondió, mirándole de reojo
-          Lo sé, lo sé. –dijo resignado.
Tras varios minutos en silencio. Junsu comenzó a tararear la melodía de   Back seat.
-          Nuestro mayor fan –reprodujo el sonido de un redoble de tambor- Kim Junsu. –dijo con la misma solemnidad que un maestro de ceremonias
-          Idiota. –bufó, al tiempo que sacaba de uno de los bolsillos de la chaqueta, el mando que abría la puerta del garaje del bloque de pisos en el que vivía
-          Hey, que era un cumplido. –se hizo el dolido, mientras buscaba  con la mirada la plaza de aparcamiento que pertenecía al piso del menor. Seguía sin comprender porqué no se había comprado un coche.
-          Sí… ya…
Cuando Yoochun aparcó, Junsu salió del coche y abrió la puerta del asiento de atrás, para coger su bolsa y unos ramos de flores que le habían dado algunas fans, a la salida del teatro. Sonrió de forma algo cínica, y se sentó dentro.
-          ¿Junsu? –preguntó extrañado
-          ¿Cuántas han pasado por aquí?
-          ¿A parte de las mujeres de mi familia? –preguntó, apoyándose entre la puerta y el techo, mirándolo fijamente
-          Perdona. –se disculpó. Yoochun le hizo un gesto con la mano, para que le dejase sitio y él se movió hacia la otra puerta, que permanecía cerrada.
-          Su, si lo que te preocupa es que pueda meter la pata, tranquilo, ¿ok? No soy tan imbécil como para revolcarme con una tía en el asiento trasero del coche y no volver a querer saber nada de ella.
-          Ya…
Yoochun acarició su mentón, al hacerle subir el rostro para poder mirarle a los ojos, y un jadeo escapó, incontrolable, de sus labios. Labios que pronto estuvieron cubiertos por los del mayor, en un beso que le hizo borrar todas las neuras que pudiera tener, por no decir de todo.
Desde que grabaron   Back seat, se había estado preguntando cómo se sentiría estar en el asiento de atrás con Yoochun; besándose, abrazándose y amándose. Sin censura en