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lunes, 14 de mayo de 2018

Colegio mayor 2

“Por favor, que alguien me mate…”.
Aunque no era su verdadero deseo, mentiría si dijese que no había pasado esa frase más de una vez por su cabeza, sobre todo cuando sus ojos se perdían en recorrer lascivamente otra anatomía, una que parecía incitarlo a pecar, pero que le estaba prohibida.
El calor que hacía ese junio, causante principal por el que todos los chicos se habían desabotonado parte de la camisa del uniforme, mientras que las chicas debían aguantar como pudieran porque en la clase había bastantes pervertidos, de esos que se esperaban a que ellas subieran antes sólo por verles la ropa interior, por culpa de las faldas tan cortas que gastaban; era sólo una de las causas por las que su notas habían bajado ese mes, y quizás la que menos incidencia había tenido, ya que en años anteriores, incluso con mayor temperatura y humedad ambiental, había conseguido unas notas bastante buenas, y aprobaba con una nota media de notable.
 Eran días como el de hoy, cuando más veces repetía aquella frase, cual si fuera un mantra, intentando, tal vez, apartar su mente y sus sentidos de aquella persona sentada a escasos centímetros de él, y centrarse en las explicaciones que hacía el profesor desde la pizarra, pero de forma cada vez menos efectiva, prácticamente en vano.
Durante el descanso entre clase y clase, de normal se iba a hablar con su amigo Donghae, pero hoy estaba enfermo y no había acudido a clases, así que le tocó quedarse sentado en su pupitre, haciendo acopio de todo su autocontrol, y no se lo estaban poniendo nada fácil. Menos aún cuando, de forma accidental, uno de sus compañeros hizo que la persona que se sentaba a su lado, se derramase sobre el pecho y la camisa, aquel yogurt bebido de sabor a coco, que estaba tomando para refrescarse un poco y recargar pilas.
Las mejillas de Yunho reventaron en bermellón, y su autocontrol estuvo cerca de disiparse en menos de un milisegundo. Respiró todo lo hondo que pudo y se obligó a apartar la vista de aquella visión que lo incitaba tantísimo al pecado, porque no era el momento, ni el lugar, para hacer aquello que había pasado por su mente al ver la escena. Pero el problema al sur de su anatomía no desaparecía, por más que respirase y se obligara a calmarse, más bien al contrario, iba creciendo poco a poco, y sólo le faltó aquel gesto, que se retirase un poco del yogurt sobre su pecho con un dedo y después lo lamiera y lo chupara, para que su libido despertase de golpe, amenazando con empezar a sangrar por la nariz, a causa de la subida de presión arterial; teniendo que pedirle al profesor, que recién entraba en clase, que lo dejara ir a la enfermería pues se encontraba fatal, intentando disimular, con la cartera por delante de él, en qué sentido era su malestar, porque no le llamaran pervertido o enfermo, ya que, con el calor que hacía, lo difícil era tener ganas.
Tumbado sobre una de las camas de la sala, tapado hasta la cabeza, se repite una y otra vez “sólo era yogurt… sólo era yogurt…”, pero ni caso que aquel problemilla desaparece, porque en su mente aquel postre lácteo pasó, por un instante, a ser otra cosa… pasó a ser su esperma cubriendo aquel pecho ligeramente descubierto, que tanto deseaba recorrer con sus manos y labios. Lo malo, que ese instante fue suficiente para que se asentase en su cabeza y la única forma de calmarse, fuera recreándolo una y otra vez, mientras se masturbaba, hasta alcanzar el orgasmo, ahogando sus gemidos contra la almohada.
No tenía fuerzas para volver al aula, pero tampoco iba a estar ocupando una cama en la enfermería, que alguien pudiera necesitar más que él, y su sentido de responsabilidad ya le andaba pasando factura, aunque no lo suficiente como para volver a la clase, porque sabía que entonces volvería a recaer, ya que sobre su cuerpo seguirían los rastros de lo ocurrido, porque no habría podido ir a limpiarse, pues el profesor llegó al poco de que aquello pasara, y una vez el maestro está en clase, tienen prohibido abandonarla; de modo que se fue directo hacia los dormitorios, esperando que, ahora que estaba más calmado, pudiera dormir y recuperarse un poco.
Últimamente aquellos pensamientos pervertidos cruzaban su mente mucho más a menudo de lo que él podía manejar, y sabía perfectamente que no era la primera ni sería la última vez que se masturbase  por culpa de aquel cuerpo y sus acciones, por ese ser que debía llamarse sexo, porque estaba seguro que a todo aquel que le veía, despertaba los mismos bajos y básicos instintos. Por ese motivo, por estar luchando contra ellos e intentar seguir siendo “normal”, era que se agotaba tanto psíquicamente hablando.
Se tumbó sobre su cama y decidió que descansaría un poco. Ahí, lejos, podría relajarse y no pensar en nada. El silencio le ayudó a desconectar su mente y cayó dormido en poco rato, en un profundo sopor, en el que no pareció soñar.
El sonido de las campanas anunciando el final de las clases, fue lo que le despertó. Pero no quiso levantarse, se quedó remoloneando bajo la fina sábana, esperando volver a quedarse dormido.
-          ¿Te encuentras mejor? –preguntó su compañero de dormitorio.
-          Algo. –corta respuesta, como últimamente era su tónica habitual.
-          Después te dejaré los apuntes y te diré los ejercicios que nos mandaron; primero voy a ducharme. Ash, estoy todo pegajoso…. –se quejó, mientras comenzaba a desabotonarse la camisa y sacársela de los pantalones.
Maldición, justo las palabras que disparaban nuevamente su imaginación. Aunque esta vez sí pudo controlarse algo más, al menos hasta que él volvió después de la ducha, con su torso empapado, secándose el cabello con una toalla, llevando otra anudada a la cintura, siendo ésta la única prenda que lo cubría; obligándole a tomar una ducha fría, antes de poder sentarse con él a realizar los ejercicios “normalmente”.
Tras cenar, regresaron al cuarto; repasaron un poco las lecciones del día, para asegurarse de que Yunho lo había entendido todo, prepararon las mochilas con los libros y los útiles necesarios para las clases del día siguiente, se pusieron el pijama y se fueron a dormir cada uno en su cama.
Como venía siendo costumbre en casi todo este mes, Yunho se acostaba tumbado de lado, dándole la espalada a su compañero; aunque solía acabar girándose y contemplando su carita mientras dormía, iluminada por los tenues rayos de la luna, que seguía siendo igual de sexy o más todavía que cuando estaba despierto. Pero esto era más cerca de la madrugada, cuando se despertaba tras alguno de sus sueños húmedos, y, después de limpiarse, volvía a tumbarse en su cama, esta vez mirándole, deleitándose en el placer  que le producía el saberse el único con la capacidad de contemplarlo así, dormido, tranquilo, vulnerable… hasta que los pensamientos de querer robarle un beso, ganaban tanta fuerza, que debía volver a darle la espalda para poder controlarse.
Esta noche, sin embargo, su compañero parecía algo más inquieto; lo notaba moverse en la cama continuamente, y eso no era demasiado normal; sin embargo, no sabía si preguntarle qué le tenía así de intranquilo, pues lo más usual, a esas horas, era que ya estuviera durmiendo plácidamente. En fin, supuso que no sería nada demasiado grave, y que, si él lo consideraba oportuno, ya se lo contaría; e intentó dormir.
-          ¿Jaejoong! –preguntó completamente sorprendido, al notar como se metía en su cama
-          No me gusta. –dijo cerrando fuerte los ojos y apretando la sábana entre sus manos.
-          ¿Te dan miedo las tormentas? –girándose para verlo, él asintió- Pero si no es la primera…
-          Lo sé, pero… las otras no se oían tan… -volvió a encogerse por el sonido de un trueno de aquella tormenta de verano
-          Tan cerca. –terminó la frase, destapándole cuidadosamente, pues se había cubierto hasta la cabeza
-          Suena demasiado cerca… - puchereó un poco- si está lejos aún puedo soportarla pero esta… -volvió a encogerse, pero esta vez contra el pecho de Yunho.
-          No te preocupes, no te pasará nada. –dijo, acariciándole el cabello suavemente, en tono calmado. Por primera vez había nacido primero el deseo de protegerlo.
-          Hm… -dejando de aferrase tanto a la fina camiseta de tirantes que Yunho usaba para dormir esos días tan calurosos.
Yunho pasó uno de sus brazos por debajo del cuello de Jaejoong, mientras que con el otro le rodeo el torso, abrazándolo, para que se sintiera protegido. Lo sintió moverse y acomodarse entre sus brazos, pero sin llegar a hacer amago de sentirse incómodo y querer salir de él.
El sentir la respiración acompasada contra la piel descubierta de su pecho, y aún aquel eco de calor que traspasaba la fina tela, estaba comenzando a excitarlo nuevamente. Podía sentir su corazón irse acelerando, consciente, al fin, de que era Jaejoong, el chico al que tantas veces había soñado poseer, el que estaba durmiendo cobijado entre sus brazos.
Respiró hondo varias veces, intentando normalizar el ritmo de su respiración y su corazón, y tuvo que morderse el labio cuando Jaejoong dejó escapar de los suyos un leve gemido. “Sólo Dios sabe lo que me está costando controlarme contigo así…”, y a él le pedía no realizar ningún movimiento que lo delatara, por más que el infierno, en el que se estaba convirtiendo su propio cuerpo, lo quemara con el deseo de hacerlo.
Pero pese a todos sus esfuerzos, la realidad de su deseo, por el cuerpo entre sus brazos, comenzó a patentarse en su entrepierna, irguiéndose de forma clara, comenzando a endurecerse con cada nuevo cálido roce de su aliento contra su piel, con cada mirada a aquellos labios entreabiertos que parecían demandar un beso en silencio, con cada leve caricia de sus pieles en contacto, con cada centímetro o milímetro que sus cuerpos más se unían; haciendo que su respiración volviera a entrecortarse ligeramente y que, cerrando los ojos, sus labios parecieran esperar por aquel milagro de ser besados, aunque fuera de forma accidental; mientras sentía una de las manos de Jaejoong rodear su cintura.
“Tierra… trágame…” es lo que pensó tan pronto notó la otra mano de Jaejoong  deslizarse e ir a parar sobre su miembro erguido, y acto seguido, la mirada de éste clavándose en la suya, tras que un leve gemido, por lo inesperado de intima caricia, escapase, medio ahogado, de sus labios; que se apresuró a morder por el interior, para evitar que cualquier sonido saliera más allá de su cavidad bucal.
-          ¿Es… estás…? –preguntaba, sin terminar de formularla, trabándose entre nerviosismo , vergüenza y no sabía qué más
-          … -sólo atinó a girar el rostro e intentar encogerse en posición fetal, para que no se notara tanto
-          ¿Estabas teniendo un sueño húmedo? –preguntó, incorporándose un poco, apoyándose sobre uno de sus antebrazos, pero Yunho no le miraba ni le contestaba- ¿O es porque dormía contigo? –sin censura en

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