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Fanfic (31)

lunes, 25 de junio de 2018

Dance magic

-          Yun Ho ah… -cruzando mis brazos por delante de su cuello, poniendo mi cara junto a la suya, por razones obvias.
-          Dime.
-          ¿Por qué llevabas esa máscara anoche? –pregunté curioso, camino de casa.
-          Porque… -acomodó algo más mi peso, levantándome un poco, cruzando algo más sus manos bajo mi trasero- quiero volverlo loco, es una… venganza… -pareció dudar
-          ¿Venganza?
-          Ajá… cuando Hawn Mio comenzó a unir su grupo de baile, -asentí- yo me presenté al casting.
-          Oh… ¿Y no te cogió?, de seguro por envidia, porque de lo bien que bailas le harías sombra y claro… no podría destacar. –solté, cual verborrea imparable, cayendo al segundo en lo ligeramente sonrojado que estaba él y yo.
-          La verdad es que ni me dejó bailar.
-          ¿Por qué? –y en cuanto se señaló las gafas, entendí.
-          Le da más valor a la apariencia, y yo no era lo que estaba buscando…
-          Pero tú no necesitas las gafas siempre.
-          Ya, pero él no lo sabe… así que decidí que me presentaría, para demostrarle que yo sí que valía, tuviera gafas o no; y lo hice en una fiesta de disfraces que él organizó.
-          Por eso la máscara…
-          Sí… después de terminar de bailar,  me quiso echar de seguida… directamente, le importaba una mierda quién era, sólo que le había jodido el espectáculo… así que decidí que lo haría siempre que pudiera… -sonrió divertido, y me encantó ver esa expresión en él.
-          Joderle las fiestas… -reí divertido yo también.
-          Sí… es que es tan… superficial… el típico chico popular…
-          Esto… aquí típico chico popular, encaramado a tu espalda. –le llamé la atención, y él rió de forma tierna
-          Tú eres distinto a él…
-          ¿Cómo lo sabes?
-          Porque él aún estaría en la enfermería, esperando a que el chófer de su familia fuera a recogerlo; sin embargo, tú… aquí estás, cual koala en mi espalda… -dijo divertido- y no parece que te importe que te vean conmigo… no sé… no podría meterte en el mismo saco que a él y alguno de los que te rodean.
-          Oh… gracias… -notando como el rubor subía a mis mejillas
-          Además… los dos lo tenemos como enemigo, ¿no? –asentí- y puestos a fastidiarle… mejor dos que uno…
-          ¿Sabes? Creo que tú y yo nos vamos a llevar bastante bien, Yun Ho.
Nada más encarar el portal de mi casa, le pido que me baje, por su bien; y, aunque al principio no entiende mucho por qué, en cuanto ve a mi hermana venir flechada, como toro de miura cabreao, hacia donde estábamos, percatándose un poco más de la mirada inyectada en sangre y furia asesina, comprendió porqué se lo dije, y agradeció que me pusiera entre ella y él, frenándola en esa ventolera homicida que le había dado.
-          Quieta ahí. –dije, estirando el brazo, con la palma de mi mano frente a ella- él es bueno, -dije señalando a Yun Ho- esto un accidente. –señalando mi tobillo- Él me ha traído desde el instituto hasta aquí, cargándome en su espalda, para que no me doliera, así que a él… no se le mata… ¿estamos?
-          Estamos. –resopló algo resignada, al cabo de un rato,  y  es que es muy protectora, demasiado, conmigo, no soporta que nadie me haga daño y me tiene bastante consentido, y eso me gusta, pero … francamente, a veces… se pasa tres pueblos- ¿Te ayudo a entrar? –aunque ni sé para qué pregunta, porque ya me lleva casi como si fuera mi muleta.
-          ¿Ves? –le pregunto, girándome hacia él- Ya te dije que no era por lo que tú pensabas.
Sí, Yun Ho se había pensado que el que retase a Hawn Mio, había sido porque me molaba la chica con la que él había estado coqueteando, pero no… lo que yo quería era defender a mi hermana de ese impresentable que ella se ha empeñado en tener como novio, y como sé perfectamente que ella es mucho más cabezota que yo, y que en eso no me iba a consentir, pues… decidí que fuera él quien la dejase; así que me fui hacia él y se lo pedí, que cortara con mi hermana, que no saliera con ella, pero él ni caso, así que lo reté; si yo ganaba, él y  mi hermana no volvían a verse en la vida, si ganaba él… ya pensaría en que otra forma me humillaba, porque consideraba que darme una paliza en la pista de baile, pues igual no le era suficiente… será hijo de pu….
Cálmate Jae, no ganas nada sulfurándote por ese imbécil, mejor concéntrate en recuperarte lo antes posible para patearle el culo con la coreo que Yun Ho te está enseñando. Ash, ¿cómo pude ser tan idiota de lesionarme justo ahora?
A ver… los domingos de por sí son algo aburridos, pero es que si, además, no puedes moverte… son mortales… más aún porque estoy solito en casa; papá y mamá se han ido a buscar setas, como casi todas las semanas, siempre que no cae el diluvio, bien tempranito por la mañana, y Saen se ha ido al parque a hacer footing, aunque sé que también a encontrarse con ese hijo de su madre…. Respira, Jae, respira… olvídate de ese subnormal que sólo tiene dos neuronas funcionales en su cerebro, bueno, en sus dos cabezas… sí, eso, una neurona por cabeza, y las dos pensando sólo en lo mismo, porque la de la cabeza de arriba va a la de abajo más veces de las que serían recomendables… como se le ocurra hacerle daño a mi hermana, le dejo idiota del todo….
En mis pensamientos medio homicidas estaba, cuando oigo que llaman al timbre de la puerta; como puedo, me levanto y voy a la puerta, a ver quién ha llamado, sólo espero que no sea un vendedor de esos plomazos y que me haya levantado para nada…
-          Buenos días. –me saluda, medio cabizbajo- Pasaba por aquí y…. bueno, quería saber cómo estabas.
-          Bien. –respondo, aún sorprendido por verle allí tan temprano, enfundado en un pantalón de chándal y una camiseta desmangada- Pero pasa…
-          Gracias.
-          ¿Quieres tomar algo? –le pregunté, mientras cerraba la puerta a la pata coja, porque aún no podía apoyar el pie.
-          ¿Te ayudo? –y otro que ni sé para qué pregunta, porque ya me estaba pasando el brazo por encima de sus hombros y ayudándome a ir a la cocina.
-          Gracias. –le digo, sentándome en uno de los taburetes, poniendo la pierna sobre otro que él mismo me acercó.
-          De nada. –respondió, al tiempo que me volvía a colocar, con cuidado, la pierna, sobre el cojín que había ido a buscar al salón, para que estuviera más cómodo.
-          ¿Quieres tomar algo? –volví a preguntarle
-          Mmm … un vaso de agua estará bien, gracias.
-          Puedes servirte tú mismo, los vasos están en el escurridor y el agua en la nevera. ¿Estuviste corriendo? –no pude evitar preguntarle.
-          Sí, me gusta salir a correr los domingos por la mañana, está todo más tranquilo. –me responde antes de beber el vaso que se ha servido.
-          Ya veo…
-          Déjame adivinar… -dijo, mientras enjuagaba el vaso y volvía a colocarlo sobre el escurridor- pensaste que un nerd no hacía deporte, ¿cierto? –esquivé su mirada, avergonzado, había dado justo en el clavo- pero piensa en algo, si no hiciera algo de ejercicio que me sirva de calentamiento, me moriría al hacer las coreos. –sonrió divertido.
-          Supongo. ¿Te quedas? –me mira extrañado- Es que estoy sólo en casa, y con los movimientos tan limitados que tengo, pues….
-          Ok, me quedaré a ayudarte hasta que regrese alguien de tu familia.
Se me hace raro verlo sin gafas… supongo que es porque estoy acostumbrado a que las lleva, todo el santo día puestas, en clase; pero… no sé… cómo decirlo… parece tan diferente al Yun Ho del instituto, je je, siempre tan aplicado, atento a cada explicación del profesor… vamos, el típico nerd… y ahora… no sé… podría pasar por cualquier chico deportista… incluso por un popular, bueno… si descartamos esa camiseta tan hortera que me trae puesta.

Increíble, pero cierto; saben que apenas me puedo mover, que estoy enfermito, vale, no enfermito, enfermito, pero sí que necesitaría mimos, y van mis padres y me llaman para decir que no vienen a comer… ya les vale… y para rematar, mi hermana dice que se queda en casa de una amiga, porque la pobre está sola, y ni tiempo me deja para decirle que el que está solo soy yo. Miro a Yun Ho con carita de pena y cierta risilla nerviosa, en cuanto cuelgo el teléfono, y él me mira con cara de susto; pero se le pasa cuando le explico que quiero que se quede a comer conmigo, porque me acaban de decir que no vuelven ninguno de los tres, al menos hasta la tarde.

Así que ahí nos ves a los dos, a mí de chef y a Yun Ho como mi pinche, ayudándome, dentro de sus posibilidades, a preparar algo, poniendo la mesa, mientras termina de hacerse la comida, sirviendo los platos y llevándome a mí, después, en brazos, hasta dejarme en el sofá, donde pude volver a estirar la pierna, aunque estaba incómodo para comer. Entre bocado y bocado, me dijo que el sábado fue a casa de Hawn Mio y le dijo que tuve un accidente y me lastimé el tobillo, así que, supuestamente, yo le había pedido a él que le dijera que retrasábamos nuestro duelo por ese motivo, y tal parece que no le puso mucha pega; cosa que no sé si tomármela a bien o a mal, porque… o es tan noble como contrincante, que quiere esperar a que me recupere y estemos en igualdad de condiciones, o es tan hijo de perra, que se piensa que da igual la excusa que me invente, el día que nos enfrentemos, me pateará el culo…

lunes, 18 de junio de 2018

Dance magic

Hawn Mio estaba dándoselas de importante, con gestos de artista reconocido, todo y que más bien es un don nadie, casi como todos los asistentes, dejándose llevar por los piropos de las chicas y pasando de las miradas de “te metería dos ostias, pa que se te fuera la tontería” de los tíos presentes en la cola de entrada al garito, en el que él, como VIP, tiene acceso directo, a falta de una reverencia del portero, que supongo que no la hace porque su familia tampoco paga tanto como para que se la hagan a todos los sitios a los que va, y que el gorila tampoco es tan pelota como el resto.
Ko Hun y yo accedemos finalmente, y tan pronto se nos cruzan unas tías buenas, pierdo a mi “supuesto” mejor amigo de vista; así que me voy a la barra a pedirme algo de beber, aprovechando que la inmensa mayoría están metidos en la pista de baile, al menos hasta que él empiece con su exhibición.
Sería consciente del suicidio que cometí, al retar a Hawn a un duelo de baile, viéndolo bailar en la pista, si no fuera porque tengo bastantes esperanzas puestas en mi profesor y en que, si me esfuerzo realmente en algo, acabo logrando lo que me propongo, sobre todo porque mi profe me ha felicitado por los progresos realizados en poco tiempo.
Míralo ahí… pavoneándose… en ese plan “soy el jodido ombligo del mundo”…. Lo malo es que, ahora, hasta algunos tíos parecen animarlo… mientras que yo sigo con ganas de callarle la boca y desfigurarlo.
¿Qué pasa?, de pronto se han ido las luces, la música, todo… el silencio sólo lo rompe el murmullo de la gente, que no se mueve del sitio en el que están. De seguro es otro truquito de Mr Hawn Mio para llamar la atención sobre su persona. Se acaba de encender un foco. Hmmm, lo sabía… otra artimañita para hacerse el importante y darse fanfarria… pero… espera… ¿ese que está esquivando a la gente, camino de la puerta a la que apunta el foco, no  es Hwan? Jujuju, los de la organización se han lucido esta vez (se cubre la boca, para que no se vea que se está riendo con todas sus ganas).
¿Qué? ¿quién es ese tío? Noto como mis ojos se abren al máximo y no puedo apartar la mirada, la boca se me abre de forma involuntaria, y … tengo que admitirlo, estoy flipando con esos movimientos. Pero… espera… esos movimientos… juraría que yo los he visto antes… los conozco.

Señor… que ojeras tengo… pero le prometí que en cuanto me llamase, máximo una media hora después, estaría listo y soy de los que cumplen su palabra, aunque desconocía que existían las ocho de la mañana del sábado, sobre todo después de haberme ido a la cama cerca de las cuatro…. Ok, no hay tiempo para emperifollarse demasiado, así que gafas de sol al canto, Dios, gracias por el pelo que me has dado y que no necesito media hora para domesticar, desodorante, colonia, una manzana, por tener algo en el cuerpo con lo que hacer frente a la clase, y en marcha, que el profe ya me tiene que estar esperando desde hace unos quince minutos, poco más o menos. Mmm, ahora que caigo… es increíble la energía que tengo pese a lo poco que dormí, jeje, aún no bostecé ni una sola vez desde que me llamó para quedar y me despertó, buaaah (se le abrió la boca), esto por hablar (meneó la cabeza para despejarse el sueño y salió de casa, corriendo, camino del gimnasio del colegio pese a ser sábado en la mañana).
-          Vaya, realmente viniste… -me sonríe, cuando cruzo la puerta.
-          Te di mi palabra, ¿no? –le contesto, mientras dejo mi bolsa de gimnasia sobre el banco donde está sentado y me pongo a su lado
-          Sí….¿Has descansado?
-          Más o menos… -respondo, quitándome las gafas de sol.
-          Uh, qué ojeras… -dijo, arrugando un poco la nariz
-          Ya te dije que más o menos… sólo dormí cuatro horas… -bostecé de forma involuntaria
-          Podrías habérmelo dicho, hubiéramos quedado más tarde.
-          No… estoy bien… en serio, no te preocupes.
-          Está bien… te enseñaré primero los pasos que quiero que aprendas hoy, ¿de acuerdo?
-          Ajá. –asentí, y estuve viendo sin decir palabra, toda la coreo, intentando memorizarla desde ese instante- Está muy bien, pero… - me miró extrañado- Me gustaba más la de anoche.
-          ¿De qué hablas? –preguntó, yo diría que, algo tenso
-          Pues que con la coreo de anoche, creo que tendría más probabilidades de ganar.
-          No sé de qué coreografía me estás hablando. –decía secándose el poco sudor
-          De la que hiciste anoche en el club. –se seguía haciendo el loco- Yun Ho… he dormido poco, pero sé que no estaba soñando, eras tú.
-          En serio… no sé de qué me hablas. –seguía insistiendo, centrado en cualquier cosa, menos en mirarme a la cara, aunque pude apreciar cierto sonrojo, después de que pronuncié su nombre, o al menos me pareció.
-          Jung Yun Ho… -ahora sí que me miró- conozco tu forma de moverte, y ese tío enmascarado de anoche, eras tú; y no intentes hacerme quedar por loco, porque tu forma de bailar la reconocería aquí y en la otra punta del planeta. –le digo, muy seriamente, mirándole a los ojos.
-          Anda, pero si te sabes mi nombre. –me suelta de golpe, y yo casi me caigo del banco por culpa de ese estúpido comentario.
-          Pues claro que me lo sé, vamos juntos a clase, y estás sentado justo detrás de mí.
-          Y al lado de tu amiguísimo Ko, pero seguro que le preguntas a él y no tiene ni zorra de cómo  me llamo. –sentenció.
-          Ah… es que ese no pierde la cabeza porque la tiene sujeta al cuerpo, que si no…
-          Ya… -dijo no muy convencido de mi explicación- Bueno, empecemos con la clase.
-          ¿Me enseñarás la coreo de anoche? -¿por qué parezco tan ansioso y emocionado?
-          No. –responde tajante, yendo a mitad del gimnasio, con el control remoto del equipo de sonido en la mano, supongo que esperando a que yo fuera a su lado y empezásemos con la coreo.
-          ¿Por qué? –pregunto casi en berrinche
-          Porque no.
-          Esa respuesta no me vale. –digo, cruzándome de brazos y con marcadas intenciones de no moverme un milímetro del banco- Y hasta que no me des una con lógica, no pienso moverme de aquí. –le dejé bien claro.
-          Ay… -suspiró pesadamente, volviendo hacia donde yo estaba, sentándose otra vez a mi lado- Porque no considero que puedas hacerla bien.
-          ¿Qué? ¿por qué?
-          Porque tus movimientos aún no son fluidos, Jae Joong. –confesó, y no sé porqué, noté como cierta descarga eléctrica cuando me miró a los ojos y pronunció mi nombre- Necesitarías más práctica, dejar de ser tan… -pensó un momento- mecánico… no sé… marcas demasiado los pasos, y para según qué… los movimientos deben ser más fluidos….
-          ¿Y eso cómo se hace? Porque a ti parece que te sale de forma natural, y no creo que te mates practicando….
-          Pues… amando el baile… bailando porque te guste y no por obligación.
-          Ah… eso puedo hacerlo… me gusta bailar, aunque no lo creas. –le encaro un poco
-          Sí, te creo.
-          Pues entonces, ¿por qué no me enseñas la coreo, si sabes que le voy a poner ganas, corazón y toda la voluntad del mundo para aprenderla?
-          Pues porque para esa en particular, necesitas algo más.
-          ¿El qué?
-          Bailar, como si intentases, a través del baile, seducir a una persona.
-          Oh… eso también sé hacerlo. –dije convencido, y es que me encantó su forma de moverse anoche, quiero aprenderla ya, porque con ella seguro que le pego una patada en el culo a Hawn.
-          ¿En serio? –preguntó algo incrédulo
-          Ajá.
-          Muy bien… sedúceme.
-          ¿QUÉ? –y ahí sí que me caí del banco- ay, ay, ay, ay…
-          JAE, ¿estás bien? –se interesó de seguida, realmente preocupado, tendiéndome la mano para ayudarme a levantarme.
-          Sí… soy un poco torpe. –sonreí un poco, mientras le cogía de la mano e intentaba enderezarme sin resultar más patético- auch, pues va a ser que no… -dije, llevándome la mano al tobillo, tal parece que sí que soy un patoso, porque caí mal y acabé lastimándome.
-          Espera. –se agachó frente a mí, subió la pernera de mi pantalón, quizás mirando si me había salido algún morado o derrame, me cogió de la planta del pie y lo movió tan apenas. –Lo siento. –dijo de seguida que medio grité, porque me contuve- Esto no tiene buena pinta, igual te hiciste un esguince… mejor te llevo a la enfermería.
-          No hace falta.
-          Sí que hace. –dijo muy serio, mirándome a los ojos; no sabía que los suyos eran tan profundos cuando miraban, ni tan del color del chocolate… supongo que es porque casi siempre los he visto a través de sus gafas- Ha sido por mi culpa, por ese estúpido comentario. –se recriminó.

No supe qué decirle, porque, en verdad, el culpable había sido yo, que me había escandalizado de más por aquel absurdo comentario; es decir, no es como que él, realmente, me estuviera pidiendo que lo sedujera, ¿no?, aquello era una forma de hablar, lo que él quería era que le demostrase que lo que acababa de decir, era cierto, que francamente sabía moverme de tal forma, que pudiera hacer que alguien se quedase encandilado viéndome bailar, como me quedo yo cada vez que lo veo, y no simple palabrería para hacer que me enseñase la coreografía que estaba empeñado en sacarle. Así que se limitó a cargarme a su espalda y llevarme a la enfermería, no dejando que apoyase el pie, para que no me hiciera más daño. Una vez me dejó sobre la camilla, se fue, y estuvo esperando fuera, hasta que la enfermera terminó de examinarme y vendarme el tobillo, diciéndome que debería procurar no moverme en una semana como mínimo; entrando después de que ella saliera, con carita de pena, ofreciéndome nuevamente su espalda, para llevarme de vuelta a casa, porque con el tobillo así, estaba claro que no iba a poder bailar por más que quisiera, y mucho menos volver a casa por mi cuenta y riesgo, si no es que tomaba el bus o un taxi, además que no parecía dispuesto a dejarme ir solo, se seguía sintiendo culpable de que yo me hubiera hecho daño en el tobillo.

lunes, 11 de junio de 2018

Dance magic

Información Principal

Titulo: Dance magic
Género: comedia romántica
Rating: +15
Autor: Kurishio

El Elenco
- Kim Jae Joong
- Jung Yun Ho

Notas de la autora:
Los personajes no me pertenecen.(más quisiera yo que fueran míos o estuvieran a mis órdenes, pero… ni modo, me conformo con hacer que hagan lo que me da la gana en mis fics, que para algo mi mentecita es libre para delirar como quiera XDDD)
Contenido shonen ai (romance hombre x hombre)
Premio del segundo concurso del blog XD. Espero que te guste Angélica y a tod@s quienes lean, sean o no amantes del Yunjae.
+++

Idiota, idiota, idiota… eso es lo que soy… un auténtico y redomado idiota… ¿a quién, si no a mí, se le ocurriría retar en baile a un bailarín casi profesional?... idiota, idiota, idiota…
-          Ven… -me dice, sin más, uno de los chicos de mi clase, que ha visto la soberana estupidez que acabo de cometer, y me lleva hacia el gimnasio, de la mano, casi arrastras- baila. – exhorta, situándose frente a mí, mirándome fijamente.
-          ¿Qué? –pregunto, mirándolo desconcertado, pero ¿quién se ha creído que es para darme órdenes?
-          Vamos… que no tienes ni zorra idea de cómo bailar. –dice colocándose las gafas en su sitio, con un dedo; jamás pensé escucharlo  hablar así, es que su pinta de niño… ¿intelectual?... bueno, que siempre he pensado que los “cerebritos o nerds” eran de los que se comportaban y no decían un taco ni medio- Desde luego… la próxima vez, antes de decidir retar a alguien por una tía –vuelve a mirarme de arriba abajo, con una suficiencia que a poca gente, por no decir nadie, le consiento- asegúrate primero de que tienes una mínima oportunidad de ganar el desafío.
-          Punto uno, no es por el motivo que tú piensas; punto dos… ¿qué cojones hago dándote explicaciones? Soy mayorcito y libre para
-          Ponte el chándal. –me corta sin más, indicándome el camino de los vestuarios
Idiota, idiota, idiota…. ¿qué narices hago haciéndole caso a un nerd?.... Maldito pantalón, entra de una condenada vez… (batallando por entrárselos sin haberse quitado las deportivas, ya que habían tenido gimnasia ese día), por fin… (resopla y camina hacia el gimnasio, pero no demasiado dispuesto a colaborar con su compañero de clase).
Como idiota, así, con la boca abierta, me quedo mirando, a través de la ventanita que hay en la puerta de los vestuarios que comunica con el gimnasio, como baila; ¿desde cuándo los nerd se mueven así?... voy a tener que revisar algunos de los puntos de los estereotipos que doy por sentado, porque… (la puerta cede, abriéndose, a su peso, al haberse inclinado más sobre ella para ver mejor, haciendo algo de ruido)
-          ¿Ya estás? –me pregunta, colocándose la gafas, ¿que no las necesita siempre?
-          Sí… -respondo algo desganado, cierto que primero pensé que no bailaba, pero es que ahora, después de haberlo visto… ahora sé que el que no tiene ni idea de moverse, soy yo; y, dicho sea de paso, la verdad y valga la redundancia, paso de hacer el ridículo delante de él.
-          Muy bien… -resopla- cierto que no esperaba mucho ánimo de tu parte, pero tampoco tamaña dejadez… en fin… empecemos con algunos pasos básicos.
Acabada la clase… ¿cómo podría describirlo? Como profesor resultó ser bastante bueno y con mucha paciencia, más de la que yo mismo tenía conmigo, que andaba frustrándome cada dos por tres porque no me salían los pasos, aunque también era muy exigente, no me dejaba hasta que me salía perfecto, corrigiéndome cada momento la postura, que si el brazo aquí, que si la pierna más allá… tenía que salirme aquella primera parte de la coreografía, que él quería enseñarme, al menos todo lo bien que pudiera, aunque era consciente de que iría mejorando con la práctica y que no podía pedirme milagros.

Hoy estoy hecho polvo, así que, nada más terminar de cenar, me subo a la habitación y me dejo caer sobre la cama. Jamás he hecho tanto ejercicio como este día, y eso que suelo salir a correr un poco por ahí, para mantenerme algo en forma, pero claro… las lecciones de baile han sido un extra que no esperaba y han sido bastante intensas, así que estoy que no me tengo de pie.
¿Por qué se me ha venido su imagen a la cabeza tan de repente?... ash… lo que daría por saber bailar tan bien como él…
-          Buenos días. –me saluda, sin apenas mirarme, cuando nos cruzamos en clase.
-          Buenos di –quiero contestarle, pero el pelmazo de Ko Hun me lo impide
-          Jae Joong –se me deja caer encima, con esa voz medio melosa que sé que no es para nada bueno, siempre la emplea cuando quiere sacarme algo- irás al club esta noche, ¿cierto?
-          Pues no sé.
-          ¿No sabes? –me mira con esa expresión de quien espera que esté de broma, ¿por qué narices tengo amigos tan sumamente convenencieros?
-          No, no sé…
-          Pero si todos los populares van, tú no puedes faltar. –maldita sea mi condición de chico popular… me toca estar en todos los saraos si no quiero que empiecen a inventar vete a saber qué…
-          Está bien, está bien… lo intentaré… pero
-          Entonces podrás colarme, ya sabes que el portero ese me tiene manía y no me deja pasar. –me corta sin más; mira que lo sabía
-          Ya…
-          Siéntense en sus pupitres –dijo el profesor- vamos a comenzar la clase.
Después de clase, me escaqueé como pude de mis amigos, y otros tantos que se hacen llamar así, y me fui directo al gimnasio, esperando que estuviera allí; porque, en todo el día, apenas lo había visto de pasada, como esos personajes que ves de fondo en las series y a los que no sueles prestar demasiada atención, pero, en este caso, era de vital importancia, era mi profesor de baile, y gracias a quien tendría una mínima oportunidad de vencer al idiota de Hawn Mio; así que tenía que encontrarlo, porque… ¿qué planes hacen los cerebritos en finde?, ¿hacen planes?, como sea… soy consciente de que necesito todas las clases que pueda tomar antes del desafío, así que tengo que dar con él y que sus planes sean darme clases, aunque tenga que pagarle para que cancele los que pueda tener.
¿Juega a baloncesto? ¿y por qué no iba a jugar?, que tenga gafas no indica que sea malo en deportes o que no sepa moverse… lo dicho…  tengo que descartar todo lo que doy por sentado a cerca de los nerd… a menos que éste sea el único que se salta todas las normas y disfrute volviéndome loco, haciendo que me coma el tarro… no… no puede ser tan retorcido, ¿o sí?...
-          ¿Llevas mucho esperando? –pregunto, entrando.
-          Pensaba que irías con tus amigos. –me responde, mientras juguetea con la pelota entre sus manos y la deja finalmente en el carro de donde la había cogido.
-          ¿Creía que habías dicho que necesitaría más de cuatro clases para hacer una coreografía medio decente? –le pregunto con claro tono sarcástico- encima que vengo, sacrificando mi tarde de viernes… -me hago el ofendido, mientras veo de reojo aquella tímida sonrisa, que le da una expresión bastante tierna.
-          Está bien… entonces empecemos con la clase. –dice, al tiempo que se quita las gafas, las dobla y deja sobre su carpeta.
-          Sí, señor…
La verdad es que… sin gafas… no parece tan nerd, puede que con el peinado apropiado y otra forma de vestir… se convirtiera en un auténtico rompecorazones. Ok Jae, hora de centrarse, que aquí el profe no pasa ni una.

Muerto. Después de la maratoniana sesión de baile, ni fuerzas para subir las escaleras hacia mi cuarto tengo, así que me desplomo sobre el sofá del salón y lo que me cuesta cerrar los ojos, es justo lo que tardo en quedarme dormido; al menos hasta que mi hermana comienza a zarandearme de mala manera, según ella porque llevaba llamándome unos diez minutos, por mis cuentas ya serían algunos menos, y que como no le respondía, se preocupó.
El rato que he dormido en el sofá, aunque no haya sido en demasiada buena postura, me ha hecho recobrar parte de la energía gastada, así que subo al segundo piso y me encierro en el baño. Necesito una ducha relajante de agua tibia, que me termine de dejar nuevo.
¿Por qué acabaría aceptando ir al dichoso club? Hoy sería un día de esos en los que no me importaría estar en casa, espatarrado y apoltronado en el sofá, con un gran bol de palomitas, siendo el dueño del mando a distancia y haciendo tanto zapping, que al final no me enterase de nada, o viendo una de esas cursis y casi horteras pelis que ve mi hermana, y que yo negaré hasta la saciedad que veo alguna que otra vez…. Pero no, no puedo… dije que iría, y tengo que ir.



lunes, 4 de junio de 2018

Cura mi corazón

A la mañana siguiente, sobre la hora del almuerzo, Park Yoochun, salía de su despacho, camino de la cafetería, para comprarse un sándwich y un zumo o refresco, y volverse a terminar de redactar las nóminas de los empleados, pues se hallaban cerca de final de mes, y eran bastantes; cuando encontró en recepción una figura conocida.
Efectivamente, era Kim Junsu, el chico por el cual, en cierto modo, hoy tenía el ojo ligeramente más oscuro, pero gracias a él, no tan negro como se le hubiera puesto. Y es que, había tenido la desgracia de apellidarse como el desgraciado que lo dejó embarazado y se largó sin decir a donde, y que su cuñado, fuera un firme defensor de la familia. Se acercó a él y lo saludó con una sonrisa, viendo como le devolvían el saludo de igual forma; sorprendiéndose ligeramente, cuando éste le confesó que era él a quien había ido a ver, aunque, en cuanto le explicó el motivo, lo comprendió perfectamente; y es que Junsu había ido a agradecerle en persona, que no hubiera interpuesto ninguna demanda en contra de su cuñado Yunho, por el ataque que le había hecho sin previo aviso, entregándole además una bandeja con pastelillos, que olían, casi, a recién hechos. Él negó con la cabeza, y le dijo que no tenía nada que agradecer, pues, tras haber hablado con él, entendía los motivos de su familiar, aunque seguía sin compartir el modo en el que había actuado, pero sí que aceptó los pasteles, entre otra, porque tenía demasiada hambre y, para que negarlo, por mucho nivel que tuviera lo corporativa familiar, por muy bueno que fuera el catering de la cafetería… comida casera, aunque fuera unos pasteles, es comida casera… y no hay nada mejor.
Junsu se despidió de él con una sonrisa y volviendo a agradecer que hubiera entendido que todo fue un malentendido y no le hubiera dado mayor importancia; perdiéndose, poco después, tras las puertas de cristal de la entrada, y él volvió al despacho, tras servirse un vaso de té. La presentación de aquella bandeja, era sublime, daba pena comerse un solo pastel, que desmontara aquella exquisita vista, pero en cuanto su estómago rugió por tercera vez, y con el constante olor a vainilla y chocolate, principalmente, inhalado en cada respiración, no tardó en tomar uno y comérselo, saboreando cada bocado.


No, no y no… no le podía estar pasando eso… no podían estar hablando en serio…
Había decidido tener el bebé, aunque no se supiera donde estaba el padre, y tuviera bastante claro que, aunque apareciera, no se iba a hacer cargo de la criatura, pero… aquella cosita que había comenzado a formarse en su vientre, no tenía la culpa de que uno de sus progenitores fuera un cabeza loca y el otro un iluso enamorado hasta las entrañas… por eso, él o ella  no iba a pagar los errores cometidos por ellos dos.
Sólo había trabajado unos meses ese año y juntándolo con los anteriores, había conseguido que le dieran una prestación económica, con la que había estado pagándose las visitas al ginecólogo; Jaejoong y Yunho, ya pagaban bastante en la casa, a saber… comida, hipoteca, ropa, agua, luz, gas… sin contarlos gastos que la escolarización de Wooki suponía, él no podía pedirles que, además, pagaran el hecho de que él quería quedarse con su bebé; en cuanto a Minho y Changmin… andaban poco más o menos en las mismas, eso más sumado que, aunque tenían la cuna, carrito y demás del pequeño Wook, tenían que comprar cosas para su hijo recién nacido apenas una semanas, y seguir con los preparativos de la boda, que sería en dos meses más… tampoco los hacía los más idóneos para pedirles nada. Así que estaba él, batallando con aquella enfermera de la recepción de la clínica, pidiéndole que tuviera consideración y que, como mínimo, viera si podía el ginecólogo hacerle la ecografía para saber si su bebé estaba sano; eso era lo único que pedía… saber si todo seguía bien, igual que la última vez, cuando sí que lo recibieron porque aún tenía dinero con qué costear aquellas visitas.
-          Lo lamento mucho, pero ya le he dicho que es imposible. –volvió a repetirle la enfermera
-          Pero… sólo será un momento, sólo ver si mi bebé está bien y me voy… -suplicaba
-          No… las normas de la clínica son tajantes en este punto… no puedo hacer una excepción con usted, lo lamento.
-          ¿Ocurre algo? –Junsu conoció enseguida aquella voz, todo y que hacía meses que no la escuchaba… era difícil de olvidar un tono así.
-          Nada señor… no se preocupe. –respondió la enfermera
-          ¿Junsu?
-          Me quedé sin dinero para pagar la visita de hoy… y todo y  que tengo cita, no quieren revisarme.
-          Ya veo… ok, cárguelo a mi cuenta.
-          ¿Está seguro, señor Park? –preguntó la enfermera
-          Sí… yo me haré cargo de los gastos médicos de Kim Junsu
-          No tie… -volvió a silenciarlo como aquella vez, poniendo un dedo sobre sus labios
-          Sé que no tengo, pero quiero hacerlo; así que… limítate a aceptarlo, ¿de acuerdo?
-          Gra… gracias. –dijo sonrojado
-          Además… siempre puedes pagarme con otra bandeja de pasteles. –sonrió, recordando aquel delicioso sabor.
-          Esto… la verdad es que los hizo mi hermano Jaejoong, yo soy negado en la cocina… -comentó apenado, deseando a ver sido él quien los hubiera hecho, mientras la enfermera realizaba los trámites necesarios para que las revisiones de su embarazo no fueran vetadas- Ya sabe… quería agradecerle por no denunciar a su esposo…
-          Ya veo… -dijo levantando un poco el rostro de Junsu- pues tendremos que ir y pedirle que te enseñe a hacerlos, ¿no? –le sonrió divertido, y ambos empezaron a reír flojito.
Mientras que Yoochun firmaba los papeles pertinentes, reconociendo que quería y acreditaba al banco a cubrir las facturas de la clínica, que llegaran con el nombre de Kim Junsu, él se preguntaba si realmente él tenía razón la primera vez que hablaron, si, en verdad, el destino había querido que se conocieran, para que él supiera la verdad entonces, y se volvieran a reencontrar ahora, para ayudarlo nuevamente; ¿lo habría puesto ahí el destino, para él, para que sanase su corazón? Fuera lo que fuera, lo que había hecho que se reencontrasen, le daba las gracias.
Tras saber que su bebé estaba bien, y que iba a ser otro varoncito, pues el hijo de Minho y Changmin, Rysae, también había sido nene; se fueron a casa de Junsu. Quería agradecerle que pagase sus visitas, y, de paso, que Jaejoong conociera al hombre que no había emprendido acciones legales contra su esposo.
Cuando llegaron a la casa, fue Changmin quien les abrió la puerta, cargando al pequeño, mientras Wooki aparecía poco después al fondo del pasillo y corría a abrazar a su tío. La familia Shim, habían ido a casa para que Jaejoong ayudara a Minho a decidirse, de una vez por todas, por el modelo para las invitaciones de boda y éste les había invitado a quedarse para comer. Junsu presentó a Yoochun a la familia, aunque Yunho ya lo conocía y le agradeció, personalmente, que hubiera perdonado aquel malentendido.
 Mientras Jaejoong preparaba la comida, Minho llamaba a la floristería, pues aún tenía que concretar algunos detalles sobre cómo, dónde y qué tipo de adornos florales serían los empleados en la iglesia el día de la ceremonia, Changmin y Yunho habían ido al desván a buscar la cuna de Wooki, para que esa noche la usara el pequeño Rysae, ya que se iban a quedar todos a dormir en casa; de modo que Junsu comenzó a darle la comida al más pequeño de sus sobrinos, hasta que el mayor comenzó a demandar su atención, pidiendo que le diera de comer, y dado que querían que los niños comieran antes que ellos seis, le pidió que tuviera algo de paciencia, y continuó, primero, dándole el biberón a Ryase. Cuando el pequeño terminó, fue a llevar la mamadera a la cocina, donde Jaejoong la enjuagó en un momento, y él se fue a cambiarle los pañales, intentando volver lo antes posible, ya que había dejado solo a Yoochun, y, quizás, se sentiría bastante cohibido; pero, contrario a lo que esperaba, se lo encontró dándole de comer a Wooki, mientras éste jugaba alborotándole el cabello, intentando ordenarle los mechones, supuestamente, provocando que sonriera.
Como el pequeño seguía diciendo que tenía hambre, y había puesto pucherito cuando Junsu se fue hacia la cocina, Yoochun había decidido probar suerte, dándole de comer. Sorprendentemente, pareció no importarle que no fuera su tío, si no él, quien le diera poco a poco la comida, hasta que, aburrido de comer sentado correctamente en su sitio, había comenzado a levantarse y tocarle la cabeza, riendo divertido, diciendo que era su peluquero, entre bocado y bocado. Él estaba, también, de lo más distraído con el pequeño; le encantaban los niños, pero pocas veces había podido disfrutar de ellos, efecto secundario de ser hijo único y próximo heredero de su padre al frente de la empresa. Cuando escuchó los balbuceos del bebé, giró y vio a Junsu sonriendo tiernamente, y sintió sus mejillas colorearse un poco, pero pronto tuvo que volver su vista, en cuanto sintió algo húmedo y pringoso empapar su blanca camisa, Wooki había querido darle de comer también, pero se le había caído el contenido de la cuchara, antes de que llegara a su boca.
Su, rápidamente, se acercó y se sentó a su lado, tomando una toallita húmeda e intentando limpiarle, pero Jaejoong, que había escuchado a su hermano regañar a su hijo, le dijo que mejor era que se sacase la camisa, así él podría lavarla y la mancha se iría sin dejar rastro, él le dejaría una de las suyas. Después de dejar al pequeño Rysae en la cuna y tomar la camiseta que Jae le dejaba, fue al baño, donde Yooochun había entrado para cambiarse, quedándose prendado de aquel hermoso torso desnudo, y sonrojándose notoriamente, cuando él se dio cuenta que lo observaba.
Durante la comida, hablaron distendidamente, como si fueran una gran familia, y al joven Park le encantaba esa sensación, que rara vez había tenido en su casa, menos ahora, que vivía solo en su apartamento. Le encantaba ver las bromas, la complicidad, el amor… todo lo que se respiraba en aquella pequeña mesa que los acogía. Recibió también la invitación directa, a falta de la tarjeta, para la boda de Changmin y Minho, quienes le advirtieron que no estaban dispuestos a aceptar un no por respuesta, y él accedió encantado a asistir a la ceremonia. Se encontraba tan a gusto, que le dio pena el tener que irse, pero debía volver a la empresa a trabajar, puesto que tenía que terminar unos documentos, que había dejado de lado al ir a hacerse la revisión rutinaria de todos los años.
Al día siguiente, con la camisa limpia, impecablemente planchada y metida en una bolsa de papel, Junsu se acercó a la corporativa Park, para entregársela a Yoochun, junto con unos pastelillos que había hecho él, y que, tras varios intentos, había conseguido que tuvieran una presencia medio aceptable y fueran comestibles. Estuvo sentado esperando más de media hora, a que él saliera del despacho, y le encantó que, nada más sus miradas se cruzaron, también en su rostro se dibujase una amplia sonrisa. Cuando Myun We lo abandonó, mejor dicho, lo dejó tirado después de usarlo, casi se había jurado asimismo no volver a enamorarse, pero es que… era tan difícil no acabar amando a alguien como Yoochun… sabía que había sido sin darse demasiada cuenta, pero lo estaba, casi incluso más de lo que jamás lo hubiera estado de nadie antes; y, aunque seguía teniendo miedo a que él se transformara de príncipe a rana, al igual que Myun We lo había hecho, lo cierto era que no quería reprimir, ni podía, esos sentimientos que Yoochun despertaba en él; ese deseo de querer ver su cara cada día, aunque sólo fuera una vez, escuchar su voz… daba lo mismo que fuera aún en la distancia… simplemente el saber que estaba ahí, era todo lo que necesitaba el corazón de Junsu para seguir latiendo, como loco si lo tenía justo enfrente, tal y como ahora estaba, cuando sentía que podía escapársele del pecho de lo acelerado que iba.


No podía ser cierto, no otra vez… ¿que acaso el destino no tenía nada mejor que hacer que jugar con sus sentimientos? Hacía ya cerca de cuatro meses que lo había admitido, había aceptado que amaba a Park Yoochun, todo y que éste sólo se limitara a ser amable con él y no hubiera demostrado mucho interés más allá de una simple amistad, él había acabado cayendo, nuevamente, en las redes de Cupido; había ido a verle más de una vez, llevándole pasteles o platillos, que él se había esforzado en preparar siguiendo las recetas de su hermano, y que le agradecía con una enorme y sincera sonrisa, medio engañándose en un principio, queriéndose auto convencer de que lo único que hacía era pagarle, envuelta, el favor de que él pagara sus visitas al ginecólogo, aceptando, finalmente, que lo que quería era escusas para verlo y estar cerca de él; habían estado juntos durante toda la boda de Minho y Changmin, jugado con Wooki…  y, una vez más, el destino le daba la patada, alejando de su lado a la persona que ama. Quizás un poco más hundido, que hacía nueve meses, comenzó a deambular por los jardines de la corporativa, con sus ojos acuosos, hasta que una fuerte punzada le atravesó el vientre y lo dobló de dolor, abstrayendo su mente y llevándola de vuelta a la realidad, se estaba poniendo de parto.
-          Junsu… -oyó, gritando, una voz familiar, una que pensaba no volvería a oír- ¿Estás bien? –le preguntó, y no daba crédito, realmente estaba a su lado.
-          Creía que estabas en Japón…
-          Regresé en la noche. Pero… ¿estás bien? –volvió a preguntar, viendo como volvía a encogerse, quejándose.
-          Creo que… estoy de parto.
Sólo eso  hizo falta para que, raudo como el rayo, Yoochun llamara una ambulancia y se fueran directos a la clínica, mientras por el camino llamaba a los familiares de Junsu, para que acudieran lo antes posible.
Una vez nació el bebé y Junsu estuvo en la habitación, dejaron a Yoochun entrar a su lado.  Jaejoong y Minho habían estado esperando a sus respectivos esposos e iban de camino, junto con sus hijos, tranquilos, sabiendo que Su no estaba solo. Entró entonces una enfermera con el bebé en brazos y una carpeta con algunos documentos y les sonrió abiertamente, antes de decir que el niño estaba perfectamente sano.
-          Cójalo, no tenga miedo. –le dijo a Yoochun, poniéndole al bebé entre los brazos- No muerden. –rió divertida- Ni se rompen tan fácil… ya verá que no es difícil… sólo impone un poco al principio, después ganará soltura y lo manejará como si toda la vida hubiera tenido un bebé en brazos…
-          Pe… -quiso rechistar, pero ya tenía al niño tomado y se quedó sin palabras, mirándolo embobado.
-          Muy bien, aquí tengo unos documentos que se deberían haber rellenado antes del ingreso, pero en fin, ahora también se pueden… -sonrió divertida, y es que, más veces de las que se pensaba, ocurría eso mismo, el bebé se ponía a salir y no había tiempo de pararse a rellenar nada, ni siquiera los papás, que solían esperar fuera, tenían cabeza para ponerse a cumplimentar impresos- Veamos… ¿nombre del niño?
-          Chun Su. –respondió, tumbado en la cama, viendo de reojo a su hijo moverse entre los brazos del pelinegro
-          ¿Nombre de la madre?
-          Kim Junsu
-          ¿Nombre del padre?
-          Park Yoochun. –dijo sin dudar, mientras sujetaba una de las manitas del pequeño Chun, que agarraba uno de sus dedos.
-          Ok… gracias por todo. –respondió la enfermera, cerrando la carpeta- Que sean felices y enhorabuena por el precioso niño. –sonrió, antes de salir por la puerta.
-          No tenías… -intentó decir Junsu, cuyos ojos seguían abiertos de par en par, porque el pelinegro se había auto denominado papá de su bebé; cierto que había fantaseado con esa posibilidad, pero jamás pensó que fuera a realizarse; pero los labios de Yoochun habían cubierto los suyos, en un dulce beso
-          Pero quiero hacerlo… -dijo al separarse de él- Quiero formar una familia contigo, Junsu. –los ojos de Su se abrieron aún más- Quiero que seas mi esposo. –añadió, mientras acariciaba con ternura la mejilla de Chunsu.
Junsu sólo atinó a ponerse a llorar, emocionado, y a asentir repetidamente con el rostro, diciendo que sí, tan pronto pudo articular palabra. Definitivamente, Park Yoochun tenía razón, el destino había querido que se conocieran, que se encontraran, para ser felices.



De la mano de un joven de cabellos rojizos, así vio Junsu a Park Myun We, y en su rostro se dibujó una expresión de tristeza.
-          ¿Aún sientes algo por él? –preguntó Yoochun
-          No… es sólo que el chico que va con él… me da pena… -respondió con una triste sonrisa
-          Bueno…  piensa que, quizás, el destino le tenga preparado a alguien
-          ¿Cómo tú? –preguntó rápido, con una enorme sonrisa
-          Ajá…
-          Tal vez… pero tú eres mío de mí… sólo para mí. –dijo divertido, provocando que el pelinegro se riera también.
-          Papá… -dijo Chunsu- Tengo hambre…
-          Ya vamos… -respondió Yoochun, cargándolo sobre sus hombros, bajo la atenta mirada de Junsu, pues para el pequeño, el pelinegro era su padre - ¿Qué te apetece comer?
-          Hamburguesa –respondió desde lo alto, con una enorme sonrisa.
-          Fideos chinos. –dijo Junsu
-          Mmm… creo que tu hermano habló. –rió divertido Yoochun.
-          Hermanito… -dijo el pequeño Chunsu, poniendo una mano sobre el vientre de siete meses de Junsu, una vez Yoochun lo bajó al suelo, como le indicó que hiciera- Me gusta lo que elegiste. –rió
-          Muy bien… entonces… al restaurante… -medio gritó Yoochun, al tiempo que marcaba con el dedo y el brazo estirados, hacia donde se debían encaminar, poniendo rumbo a la casa de comidas para llevar que había abierto Jaejoong y Yunho; donde, de seguro, se encontrarían con la familia Shim al completo.


FIN