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lunes, 27 de noviembre de 2017

Always here, for you to live

Quería darle la sorpresa a sus padres, hacía tiempo que no los veía, había estado bastante ocupado y quería estar en perfecta condiciones; lo que no imaginaba, era que le iba a tocar hacer de niñera de Jiji, que se había colado en el coche sin que se diera cuenta, y por supuesto Jaejoong menos, que se había ido a trabajar unas dos horas antes de que él subiera al auto con destino a casa de sus progenitores. El tiempo que estuvo con ellos, el gato lo seguía a todas partes, era casi como una prolongación de su sombra, y a su madre le hacía bastante gracia, le bastaba con saber dónde estaba su hijo, para imaginarse donde estaba el animalito; incluso, si alguna vez se había dejado dormir en el sofá de casa, se había espabilado al escuchar la risa contenida de su hermana o su madre, al hallarlo durmiendo con Jiji dormido sobre su estómago, hecho un ovillo. Su hermana había empezado a tratar al gato como si fuera una de las muñecas que tenía olvidadas, decorando su habitación, vamos, que le hacía lo mismo que Jae, ahora este modelito, después el otro… así que no le extrañaba que, cuando el pobre animalito se exasperaba, fuera corriendo y se encaramara a sus piernas, esperando que lo protegiera; de hecho, puede que incluso viera una expresión de alivio en Jiji, cuando lo subió al coche y él se puso el cinturón, para volver a casa.

¿Cuánto tiempo había pasado? Parecía una eternidad… pero ahí estaban otra vez. Los mismos nervios recorriéndoles por entero. Las manos enlazadas en una última plegaria y un grito de ánimo, que de paso les ayudaba a descargar adrenalina. Unas últimas bromas de Changmin y Yoochun a costa del pobre Junsu, que debía padecer como el ratón le tocaba el trasero y  el peque amenazaba con mandarlo bajo tierra, antes de que empezara a magrearle también sus preciadas posaderas. En el escenario, las luces se encendieron y comenzaron los primeros compases de la introducción del concierto. Cuenta atrás… y a darlo todo en las tablas

El doctor no salía de su asombro, ¿cómo tenían la desfachatez de poner en duda su profesionalidad?, él trabajaba para ellos, era quien revisaba a todos los artistas de SM, siempre había sido leal, por eso no entendía qué se pensaban ellos que ganaba él mintiendo sobre Yunho; ¿qué culpa tenía él si Jaejoong, Yoochun y Junsu habían decidido gastarse más dinero que SM, contratar los servicios de un buen cirujano y lograr que su antiguo líder volviera a caminar?, él se limitaba a hacer lo posible con el presupuesto que le daban, y que en ese caso, para él, había bajado considerablemente; no era problema suyo que JYJ decidiera que el dinero no importaba siempre y cuando Yunho se recuperase… no…. Le habían pedido un diagnóstico, y tras varias pruebas con idénticos resultados, era lo que él había dado, “poco probable que vuelva a caminar”,  “parece irreversible”… pero la capacidad del ser humano para sobre ponerse o curarse “espontáneamente” es impresionante; él no era el primero, ni sería el último en recobrarse de forma casi milagrosa; se alegraba bastante por Yunho. Y si SM estaba tan enojada porque los cinco habían vuelto a actuar juntos y amenazaban su “hegemonía” en el mundo del espectáculo, tenía una sencilla respuesta “no haberlos vendido”; era culpa de ellos, por aceptar cobrar las clausulas de rescisión, que el sello de JYJ pagaba por Yunho y Changmin, que ambos habían pasado a formar parte de aquella discográfica, y era de esperar que, pese a que cada cual parecía haber empezado una carrera en solitario en paralelo, ya fuera como actor de televisión, de musical, productor  o coreógrafo, no querrían desaprovechar la oportunidad de volver a juntarlos, aunque no fuera bajo el nombre de TVXQ, y que arrasaran en su “come back”. Le deseaba la mejor de las suertes a los cinco, habían demostrado una gran amistad y preocupación los unos por los otros, brindándose mutuo apoyo, pese a todo lo que habían pasado, pese a las diferencias que habían tenido… mientras tanto, él… estaba pensando muy seriamente si firmar la renovación de su contrato a los servicios de SM.

No le había gustado pensar, aunque alguna que otra vez lo había hecho, que Jaejoong estaba con él porque sentía lástima; le dolía el recordar su temor a que lo abandonara una vez se recuperase, si es que eso pasaba; pero no sucedió, ahí seguía él, aunque pudiera caminar, aunque hubiera vuelto a bailar sobre un escenario… ahí estaba Jae, sonriéndole, enlazando sus manos, besándole… como si nada hubiera cambiado desde esa noche en que se entregaron.

No iba a negarlo, por su cabeza había pasado la idea de que Yunho se aferraba a él porque temía no conseguir nada, estando en una silla de ruedas, pero quería descartarla, prefería centrarse en vivir el instante, y, que demonios, en cuanto estaba con él, todo se le olvidaba, sólo conseguía centrarse en él. Ahora que se había recuperado… ese temor no estaba, no… cuando en las noches seguía comiéndoselo a besos antes de caer rendidos al sueño, no… cuando seguía despertando cada mañana entre sus brazos, no… cuando le dedicaba sonrisas llenas de complicidad y amor.

lunes, 20 de noviembre de 2017

Always here, for you to live

Sus padres no salían de su asombro, pese a estar con ellos, supuestamente, de vacaciones, no paraba de sonarle el teléfono, periodistas que querían hacerle entrevistas, grupos  o cantantes que querían que volviera a coreografiarle alguna canción, otros que pedían ideas para algún video, otros tantos que querían que rapeara en algún tema… seguía teniendo bastante trabajo; y su madre parecía haber llegado a entender que, gran parte de aquello, era porque Jaejoong había confiado y apostado por él, lo había hecho seguir valiéndose por sí mismo, que continuara luchando por su sueño pese a la traba que el destino le había puesto…. En casa era completamente autónomo, incluso alguna vez les había preparado el desayuno, porque ya no aguantaba más en la cama y se había despertado temprano, iba casi a donde le apetecía; y cuando salían de casa, igual, parecía haberse adaptado asombrosamente rápido al hecho de estar sobre una silla de ruedas, y ya no le suponía ningún esfuerzo realizar las cosas.

Jaejoong se quedó perplejo al abrir el correo y encontrar un email de SM; más aún cuando lo abrió y leyó su contenido. Yoochun y él habían estado hablando con Junsu, y juntos habían acordado enterarse de la cantidad de la cláusula de rescisión de contrato de Changmin y pagarla, en nombre de su sello discográfico, para que el pequeño empezara con ellos; pero ahora, ahora era SM quien le mandaba a su sello un mail para pedir que le devolvieran a Yunho, ya que no había finalizado su contrato con ellos; “¿cómo que no?”, se preguntó así mismo, habían pasado ya más de seis meses desde que le dieran el alta, ¡seis meses!, y eso sin contar los tres que había estado ingresado en aquel hospital, en el que le habían estado haciendo pruebas, para ver si podían lograr que volviera a caminar otra vez, y en los que ninguno se había tomado la molestia de presentarse y preocuparse por su estado en nombre de la empresa, al contrario, todos quienes acudían, era a título personal. No estaba dispuesto a perderlo, pero a fin de cuentas, la última palabra era la de Yunho, quien seguía en casa de sus padres, así que tomó el teléfono y  le comentó el renovado interés que SM tenía por su persona, seguramente debido a que todos los que había ayudado en sus coreos le acababan agradeciendo, señal de que no había quedado inútil, como pudieran pensar en un principio, le pidió que se lo pensara, y más tarde le dijera si quería que, al igual que iban a hacer con Min, pagaran su cláusula de rescisión y formar parte de su sello discográfico, o volvía con Lee So Man; pero recibió la respuesta enseguida, “no tengo que pensar, no voy a estar con alguien que no cree en mí, me quedo contigo”, lo que le dibujó una enorme sonrisa en el rostro; que no se le borró en prácticamente toda la noche.

Changmin y Yoochun se fusionaron en un fuerte abrazo, se habían extrañado horrores, ya que, tras lo ocurrido a Yunho, SM había aislado al pequeño y controlaba prácticamente todos sus movimientos, al menos hasta el debut del grupo sustituto, entonces, parecieron perder algo de interés en velar tanto en con quién se juntaba. Habían pagado para poner fin a su contrato y SM no parecía a ver puesto demasiadas pegas, al igual que tampoco al de Yunho, aunque había escuchado que volvían a sentir cierto interés por él; pero era obvio que el dinero que habían ganado con la salida de ambos, lo emplearían para contratar a los mejores coreógrafos que pudieran comprar y que, preferiblemente, se sostuvieran sobre sus piernas, y en promocionar hasta la saciedad al nuevo grupo. Pero estaba feliz, finalmente volvían a estar los cinco juntos, todo volvía a ser como nunca debió dejar de ser.

Hacía cosa de dos semanas que había vuelto de casa de sus padres; pero apenas si coincidía sólo en las noches con Jaejoong, quien, al tener que hacerse cargo también de administrar parte de la carrera de Changmin, había visto multiplicado su trabajo considerablemente, por lo que llegaba tan cansado que no tenía ganas de nada más que no fuera una ducha y dormir, dejándole claro que, preferiblemente, abrazado a él. Quizás, por eso, no le resultó extraño verlo quejarse y casi reprocharle, aún medio adormilado, porque él no estaba a su lado, cuando se incorporó ligeramente; pero, sobre todo, le encantó la inmensa sonrisa que se le dibujó en los labios, aquella expresión en su rostro, que irradiaba luz; “podrías haberme despertado”, fue el único reproche que le hizo, antes de abrazarle con fuerza y besarle con ternura.

El ritmo seguía siendo agotador, pese a que Changmin le había pedido encargarse él mismo de su carrera, aunque fuera él quien supervisara algunas cosas y aunque delegase en otros algunas de sus funciones, por más que Junsu y Yoochun lo ayudaran… no paraba. Sus días se organizaban en: levantarse, ducha rápida, preparar el desayuno, ponerle comida a Jiji, ir a la oficina, preparar la agenda para los próximos meses, en ocasiones ir a los lugares donde se realizarían los eventos, entrevista con tal o cual, regreso a la oficina, comer donde pudiera, preparar algunas cosas más y rápido hacia casa a recoger a Yunho, seguir trabajando desde su ordenador portátil, cuadrando fechas, números y demás y vuelta a casa, hacer la cena, ducha para relajarse, aunque se quedaba más relajado después si la habían tomado juntos, y a la cama, para iniciar con energía el día siguiente.


El señor Jung seguía sin ver con demasiados buenos ojos a Jaejoong. Aún recordaba como se llevó a su hijo, casi contra su voluntad, del hospital, una vez que, supuestamente, le habían dado el alta; el mal trago que le hizo pasar poniéndole la silla de ruedas delante, sabiendo lo traumático que debía resultarle el tener claro que no volvería a caminar, después que la canción y el baile, principalmente, habían sido todo su mundo. Cierto que se había puesto en contacto con ellos y les había dicho que Yunho estaba viviendo en su casa, que jamás les había puesto impedimento para que fueran a verlo, que era notable que había gastado dinero en adecuar en parte la casa a las necesidades de su hijo, que había logrado que no se hundiera emocionalmente hablando, que el coche que le había regalado le había permitido ir a verlos y que le hubiera conseguido trabajo, le había devuelto la sonrisa; pero aún así… se podría decir que, simple y llanamente, no aprobaba sus métodos o la influencia que pudiera ejercer, como tiempo atrás, sobre su hijo. Algo que también, medio, le molestaba, era el hecho de que tanto su mujer como su hija, parecieran tener simpatía por Jaejoong; bueno, a la pequeña casi desde el inicio le había caído en gracia, pero su esposa había estado pensando igual que él hasta hacía relativamente poco, y no lograba entender qué era o ubicar el instante exacto en el que todo había cambiado, para que ella ahora pareciera ser casi de la misma opinión que la benjamita de la familia; porque, obvio, Yunho había vuelto a confiar ciegamente en Jaejoong, y parecido olvidar todo lo que habían pasado por culpa de su decisión de demandar a la empresa. Pero hoy estaba feliz, su hijo había llamado, iría a verlos, después de haberse pasado cerca de tres meses sin dar apenas señales de vida; seguramente Jaejoong lo había tenido trabajando como esclavo, aunque, pensándolo bien, cuando estaba con SM casi que lo veía incluso menos. En cuanto escuchó el coche, se asomó  a la ventana y vio a su mujer que había salido a recibirlo, y, al igual que ella, se llevó las manos a la boca, para acallar un sonido de impresión; salió corriendo de la casa, parando tan pronto escuchó el teléfono de Yunho sonar, imaginando que sería su ahora “jefe” pidiéndole que regresara o algo por el estilo, si bien, lo único que hizo su hijo fue revisar el asiento trasero de su coche y reír casi a carcajadas “Jiji”, y es que tal parecía que el gato que él le regalara a Jaejoong, había decidido venir de vacaciones también, pero sin avisar a su dueño, que estaba preocupado porque no lo encontraba por ningún lado de la casa, y el animal no acostumbraba a salir.

domingo, 19 de noviembre de 2017

Always here, for you to live

,,Sin censura en,. No se habían dicho que se amaban, pero tampoco sentía que fuera necesario, es decir, acababan de hacer el amor, ¿no?, y el hecho de que fuera él quien lo abrazara más contra su cuerpo, en lugar de alejarlo de él, significaba que el sentimiento era mutuo, ¿verdad?... pero pronto quiso deshacerse de todas esas dudas, cerró los ojos y se limitó a sentir la calidez, la suavidad y la ternura que Yunho le estaba entregando en ese instante.

Rió divertido cuando Jiji saltó a su vientre y Jae lo miró con cara de pocos amigos, jamás pensó que fuera a tener celos de su propio gato, lo abrazó un poco más fuerte, mientras con la otra mano acariciaba al animal, y le besó en la frente y después en los labios. “Quédate a dormir conmigo”, le pidió en apenas un susurro, y tras que Jaejoong los cubriera con la fina sábana, los tres se quedaron dormidos; aunque algo avanzada la noche, notó como Jae se levantaba, cogía a Jiji y lo sacaba de la cama, iba a beber, cogía el móvil del salón y, cerciorándose que tenía la alarma puesta, volvía después a acurrucarse a su lado, amenazando ligeramente con el dedo al gato, para que no volviera a subir a la cama.

Cuando despertó, en el lado que había dormido Jaejoong, estaba Jiji, todo estirado, aprovechando el calorcillo residual que el cuerpo de Jae hubiera dejado, lo acarició un poco y se levantó de la cama, directo hacia la ducha; después a la cocina, donde vio una nota pegada al microondas, “te preparé el desayuno, sólo tienes que calentarlo. Besos”, haciendo que se le dibujara una enorme sonrisa, que no se le borró en todo el día. Recibía y mandaba mensajes de texto, a veces con fotos, que hacía que lo sintiera cerca, aunque estuviera en la otra punta de Seúl y supiera que no iba a poder abrazarlo, otra vez, hasta la noche.


Hoy no le apetecía volver pronto a casa; Yunho no estaba, había salido esa misma mañana rumbo a casa de sus padres. Entendía que quisiera ir a verlos y pasar un tiempo con ellos, ya que desde que, prácticamente, lo secuestrase cuando le dieron el alta, y se lo llevase a su apartamento, no los había visto, al menos no mientras él estaba presente; y es que los señores Jung seguían sin tenerle demasiada simpatía, aunque la mamá lo había llamado alguna que otra vez por saber de su hijo, y habían estado hablando de lo más normal. Se detuvo con Yoochun a tomar unas copas en su casa, y empezaron a hablar de la posibilidad de “salvar” a Changmin, de que éste empezase una carrera bajo su sello discográfico, ya que SM parecía estar aparcándolo poco a poco, al menos no se le veía tener mucha actividad, y es que, tras lo que le había pasado a Yunho, el pequeño parecía haberse encerrado en sí mismo, y acataba órdenes, pero sin demasiado entusiasmo. Era normal que Yoochun se preocupase por él; cierto que todos lo querían, era el pequeño Minie, quien más y quien menos había jugado con él, lo había hecho rabiar… habían admirado su madurez…; pero para el ratón él era especial, por más que tocase el trasero de Junsu, todo era juego, porque todos tenían por hobby molestar al delfín, por más que le agradeciera que fuera su amigo… a quien realmente quería Yoochun, por sobre todo, era a Changmin; ambos estaban hablando de empezar una relación antes de que todo se estropease, pues se habían dado cuenta de sus sentimientos, y sabía que, pese a la distancia y demás, al final lo habían hecho, habían empezado a “salir” juntos, a mantener una relación sentimental, aunque fuese más a través del teléfono e internet, motivo por el que Changmin había vuelto a casa de sus padres, para que no pudieran controlar con quién hablaba, motivo por el cual, también, usaba la dirección de correo de su hermana, que estando juntos.

lunes, 13 de noviembre de 2017

Always here, for you to live

Se anudó una toalla a la cintura y se dispuso a secarse el cabello, sin importarle que Yunho siguiera allí dentro y no hiciera ni el ademán de irse, total ambos eran hombres,  no había diferencia. Podía notar su mirada fija en él, “siguen siendo los mismos tatuajes de la última vez, no me hice ninguno nuevo”, se giró para verle a la cara, “el único que no tenía cuando me fui es este”, señaló su pecho, provocando que Yunho se sonrojase, pero no le preguntó que significaba, sólo se limitó a acercarse a él, extender la mano y, tocándolo, preguntarse cómo había podido aguantar lo que debía haber dolido tatuar aquella frase, haciendo que se le erizase la piel, se estremeciera y un escalofrío le recorriera entero; no es que fuera la primera vez que él le tocaba la piel tan directamente, pero de aquello hacía ya mucho tiempo… y su reacción, involuntaria, fue dar un paso hacia atrás, alejándose de Yunho, que rápidamente  pidió disculpas si le había molestado, agachando su rostro; entonces él se agachó delante de él, cruzando sus brazos sobre sus piernas, y le buscó la mirada, para después sonreírle y arrancar una sonrisa algo más sonora en respuesta y una nueva caricia, esta vez en su rostro, que no rehuyó. En esa posición, se dejó colocar el cabello y a sus ojos perderse en el chocolate intenso de los de Yunho; “gracias, por creer en mí y por obligarme a creer en mí”, le sonrió, y apartándole el cabello que le cubría la frente, la besó, haciendo que Jaejoong se estremeciera otra vez, apretándole levemente las piernas, y al subir su rostro, por mirarle a los ojos, se quedaron viendo el uno al otro, con sus labios tan cercas, que sus respiraciones se entremezclaban, todo y que no llegaron a juntarse, pese a que ambos habían cerrado sus ojos, dispuestos a dejarse llevar por aquello que parecía inevitable, y lo hubiera sido, si no hubiese sonado la puerta y la voz de Junsu saludando a Jiji.

La mano cubriendo su boca, en medio del baño, sin cabeza para preguntarse cómo era que Su tenía llave del departamento, sólo en que había estado a punto de besar a Jaejoong y que lo deseaba con toda el alma. Él había ido a vestirse rápidamente, después de saludarlo brevemente, después preparó cena para los tres, y mientras cenaban, fue que descubrió el porqué Junsu tenía aquella llave, y es que a veces, por no decir casi siempre, el delfín subía, ya que vivía justo debajo de Jae, para “saquear” y arrasar con los tapes que había en la nevera, la mayoría de las veces, preparados expresamente para ese asalto, y es que le gustaba tanto como cocinaba el mayor, que por ese motivo se había mudado tan cerquita, para tener al cocinero a mano. Después de cenar y echarse unas risas, Su volvió a su departamento y Jaejoong, parecía no querer hablar de lo que casi había pasado en el baño, es más, casi que ni lo miró, terminó de recoger y fregar y se fue a dormir, cerrando la puerta, dejando al pobre Jiji fuera; de modo que él lo tomó, lo puso sobre sus piernas, y lo llevó a su habitación, dejando que se acomodase a su lado, y así, cayeron dormidos los dos.

Se había pasado los últimos cinco días evitando a Yunho, pero es que… ¿cómo afrontarlo si sentía su corazón latir con fuerza en el pecho cada vez que estaba cerca de él? Él lo amaba, eso lo tenía claro prácticamente desde el inicio, mejor dicho, desde el inicio de su separación forzosa; más de una noche se había acostado llorando, igual que estas últimas, había volcado todo el amor que sentía en el trabajo, en Junsu, Yoochun y, casi sobre todo, en Jiji; había hecho nuevos amigos e intentaba mantener su mente ocupada, e incluso se forzó a pensar que sólo era que lo echaba de menos como amigo, igual que a Changmin, lo malo de eso… que se lo había acabado creyendo; por eso, cuando comenzó a ayudar a Yunho, aunque sabía que lo hacía de todo corazón, pensaba que lo hacía como amigo, y aquel beso que por poco se dan… lo devolvió de golpe a su dura realidad, lo amaba y no sabía por cuánto tiempo más podría controlar sus sentimientos.

Aquello era absurdo… ¿qué acaso tenía pensado evitarle el resto de su vida?, ¿o es que realmente no se acordaba de que habían estado a punto de besarse?, porque él no conseguía pensar en otra cosa, ni soñar con otra cosa, ni imaginar… sólo ver a Jaejoong un segundo, aunque fuera de pasada, le bastaba para montarse toda una película, una que se negaba se quedase sólo en su mente, al no ser que Jae estuviera realmente en contra. Esperó hasta que dejó de escuchar la ducha, y entró al baño antes de que él saliera, con la excusa de que no se aguantaba; lo notó tenso mientras se secaba el cabello, casi sin cepillarlo, y cuando terminó de recoger todo, con claras intenciones de irse, se cruzó tras él, de modo que, cuando quiso dar un paso a tras para girarse y marcharse, tropezó con la silla y cayó, sentándose, sobre sus piernas. “¿Estás bien?”, le preguntó, sin poder evitar acariciarle el rostro, que movió, nerviosamente, de forma afirmativa, e intentó levantarse, pero él no lo dejó, se moría por abrazarlo. Nuevamente se quedaron mirando, otra vez sus rostros acercándose… la mano que retenía a Jaejoong sentado sobre sus piernas, fue hacia el rostro de éste, acariciándolo y atrayéndolo hacia sus labios, mientras que la de Jae se situaba contra su pecho, si bien, no prestaba demasiada resistencia, pues él lo seguía atrayendo hasta que, finalmente, sus bocas se hallaron en un beso.



lunes, 6 de noviembre de 2017

Always here, for you to live

El tiempo fue pasando, “tengo demasiado trabajo como para además ser tu chacha, así que espabílate tú solito”, le había dicho Jaejoong una vez, si bien, de seguida, le pidió disculpas por sus modales, pero es que estaba realmente cansado, y tanto, que, después de que salió él del baño, lo encontró dormido en el sofá con Jiji hecho un ovillo sobre su vientre; desde entonces, había comenzado a ayudar también con las tareas diarias del hogar. Un día, limpiando un poco el polvo, mientras Jaejoong, que había vuelto a casa para la hora de la comida, cuando rara vez solía hacerlo, ya que, por cuestiones de trabajo, no solía volver al piso hasta la noche, estaba cocinando, vio la agenda, le echó un vistazo y se quedó de piedra… pese a que la cantidad de anotaciones de funciones suspendidas, seguramente porque la SM o Avex se habían metido por medio, era algo considerable, no menos eran las de presentaciones, actos, grabaciones y demás a las que debía acudir como director de conciertos, además de parecer llevar parte de la agenda de Junsu y Yoochun, para poder compaginar las actividades de los tres; a fin de cuentas, como la suya y la de Min antes de que él se quedase en silla de ruedas, ahora echaba de menos ese estrés, el sentirse tan activo.

¿Consentirlo? No… aquello no era consentirlo, el coche le daría más libertad… y es que no estaba dispuesto a verlo hundido… no, tenía que volver a ser ese Jung Yunho que él conoció y que no se rendía ante nada, que seguía luchando para superarse… aquel del que admiraba su fuerza de voluntad y su afán de lucha y superación… de intentar continuamente mejorar; aparte que él no estaba siempre, por no decir que casi nunca, para poder llevarlo de un lado a otro y no era plan que estuviera gastándose todo el dinero en taxis o se pasase el día encerrado en casa.

Lo que estaba viendo en la televisión le dolía, pero no porque Changmin estuviera allí, si no porque imaginaba lo que debía estar pasando el pequeño al actuar como padrino del nuevo grupo, aquel al que habían estado anunciando como los sucesores de TVXQ; se le notaba, pese a que lo habían maquillado y retocado antes de salir al escenario, que había estado llorando en el camerino, el pobre se había quedado solo, porque, aunque a él no le habían llamado ni dicho nada, ya era seguro que los de la productora supiera de su lesión y que no volvería a caminar, menos a bailar, y así… de seguro habían determinado que no les servía, sólo esperaba que, Changmin, no pasase, salvando distancias, por lo mismo, es decir, que decidieran darle la patada en lugar de ayudarle a superar el cambio tan radical que había dado su vida, de un grupo de cinco a uno de dos y ahora a estar solo.

“Tienes que colaborar con los gastos de la casa… así que te he buscado un trabajo” fue lo que le dijo Jaejoong, uno de los pocos días que tenía libre, y, aunque le había dolido el puesto en el que había pensado, coreógrafo de JYJ, debía admitir que tenía razón cuando le dijo “el baile está aquí y aquí”, señalándole la frente y el pecho, “y el Jung Yunho que yo conozco, al igual que ese tío de ahí, no dejaría que una silla de ruedas le impidiera disfrutar de lo que es su vida”, señalando el televisor, donde habían estado viendo videos de gente que bailaba pese a estar en silla de ruedas, o que, tras quedar paralítico en un accidente de moto, habían vuelto de algún modo a los circuitos, aunque fueran como consejeros de los nuevos pilotos, o gente que montaba a caballo pese a no poder moverse… todos ejemplos claros de superación, lo que a él le gustaba hacer, romper sus límites, ir siempre un paso más allá… y Jaejoong estaba ahí, creyendo en él, en que podía hacerlo…. Ahora sonreía, imaginándose lo loco que debía haberse vuelto buscando esos videos… pero, volviendo a verlos, le agradecía que lo hiciera. Sus padres lo protegían, las pocas veces que habían ido a casa, su madre apenas le dejaba hacer nada, y, cuando él decía de ir, todo y saber que tenía coche, su padre iba a recogerlo; entendía perfectamente porqué lo hacían, él era su hijo y no querían que padeciera más; SM, por el contrario, habían tirado directamente la toalla con él, no le daban la oportunidad de nada más, lo habían aparcado como trasto viejo; sin embargo, Jaejoong, a su modo, le estaba ayudando, obligándole a seguir adelante, pese a que él no quisiera… estaba ahí para él, para que siguiera con su vida.

Cierto que la idea de que Yunho, que se había quedado fuera del mercado laboral, volviera a trabajar, esta vez como coreógrafo, había sido suya, pero es que no pensaba que iba a ser tan severo y machacón, vamos, que hasta que los tres no hacían la coreo perfecta, no los dejaba volver a casa, pero no podía evitar esa sonrisa, que se le escapaba sola, porque volvía a tener ese aura que siempre lo envolvía. “Ya te podrías haber buscado otro coreógrafo menos perfeccionista”, se había quejado alguna vez Yoochun, pero en cuanto él decía “es el que más barato sale, sólo tengo que dejar que siga viviendo en casa” todo se olvidaba, entre otras, porque empezaban a reírse todos los presentes.


Tras algunos conciertos, en los que JYJ daba las gracias a su coreógrafo, a Yunho le salieron otros grupos que también querían contar con sus servicios, de modo que Jae y él empezaron a coincidir sólo algunos días a la hora de cenar, siempre y cuando no hubiera tenido que irse de gira con el resto del grupo; entonces él se quedaba solo en casa con Jiji, cuidando de él. Uno de esos días, le sorprendió llegar a casa y no escuchar al gato maullar, como solía hacer cada vez que se encontraba solo, entonces escuchó el agua de la ducha y, pensando que igual se la había quedado encendida cuando se marchó, entró sin llamar, encontrándose a Jaejoong terminando de ducharse; no pudo evitar quedarse mirándolo, sus ojos parecían estar prendados de aquella blanca anatomía, recorriendo los tatuajes por orden cronológico, perdiéndose espalda abajo, hasta que Jae se giró y lo vio; entonces un escueto “hola” abandonó los labios de ambos, y él notó como sus mejillas comenzaban a arder ligeramente, pero Jaejoong no parecía ni nervioso ni contrariado porque él se le hubiera quedado mirando, y a él tampoco le había desagradado lo que había visto, más bien al contrario.