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lunes, 14 de mayo de 2018

Colegio mayor 2

“Por favor, que alguien me mate…”.
Aunque no era su verdadero deseo, mentiría si dijese que no había pasado esa frase más de una vez por su cabeza, sobre todo cuando sus ojos se perdían en recorrer lascivamente otra anatomía, una que parecía incitarlo a pecar, pero que le estaba prohibida.
El calor que hacía ese junio, causante principal por el que todos los chicos se habían desabotonado parte de la camisa del uniforme, mientras que las chicas debían aguantar como pudieran porque en la clase había bastantes pervertidos, de esos que se esperaban a que ellas subieran antes sólo por verles la ropa interior, por culpa de las faldas tan cortas que gastaban; era sólo una de las causas por las que su notas habían bajado ese mes, y quizás la que menos incidencia había tenido, ya que en años anteriores, incluso con mayor temperatura y humedad ambiental, había conseguido unas notas bastante buenas, y aprobaba con una nota media de notable.
 Eran días como el de hoy, cuando más veces repetía aquella frase, cual si fuera un mantra, intentando, tal vez, apartar su mente y sus sentidos de aquella persona sentada a escasos centímetros de él, y centrarse en las explicaciones que hacía el profesor desde la pizarra, pero de forma cada vez menos efectiva, prácticamente en vano.
Durante el descanso entre clase y clase, de normal se iba a hablar con su amigo Donghae, pero hoy estaba enfermo y no había acudido a clases, así que le tocó quedarse sentado en su pupitre, haciendo acopio de todo su autocontrol, y no se lo estaban poniendo nada fácil. Menos aún cuando, de forma accidental, uno de sus compañeros hizo que la persona que se sentaba a su lado, se derramase sobre el pecho y la camisa, aquel yogurt bebido de sabor a coco, que estaba tomando para refrescarse un poco y recargar pilas.
Las mejillas de Yunho reventaron en bermellón, y su autocontrol estuvo cerca de disiparse en menos de un milisegundo. Respiró todo lo hondo que pudo y se obligó a apartar la vista de aquella visión que lo incitaba tantísimo al pecado, porque no era el momento, ni el lugar, para hacer aquello que había pasado por su mente al ver la escena. Pero el problema al sur de su anatomía no desaparecía, por más que respirase y se obligara a calmarse, más bien al contrario, iba creciendo poco a poco, y sólo le faltó aquel gesto, que se retirase un poco del yogurt sobre su pecho con un dedo y después lo lamiera y lo chupara, para que su libido despertase de golpe, amenazando con empezar a sangrar por la nariz, a causa de la subida de presión arterial; teniendo que pedirle al profesor, que recién entraba en clase, que lo dejara ir a la enfermería pues se encontraba fatal, intentando disimular, con la cartera por delante de él, en qué sentido era su malestar, porque no le llamaran pervertido o enfermo, ya que, con el calor que hacía, lo difícil era tener ganas.
Tumbado sobre una de las camas de la sala, tapado hasta la cabeza, se repite una y otra vez “sólo era yogurt… sólo era yogurt…”, pero ni caso que aquel problemilla desaparece, porque en su mente aquel postre lácteo pasó, por un instante, a ser otra cosa… pasó a ser su esperma cubriendo aquel pecho ligeramente descubierto, que tanto deseaba recorrer con sus manos y labios. Lo malo, que ese instante fue suficiente para que se asentase en su cabeza y la única forma de calmarse, fuera recreándolo una y otra vez, mientras se masturbaba, hasta alcanzar el orgasmo, ahogando sus gemidos contra la almohada.
No tenía fuerzas para volver al aula, pero tampoco iba a estar ocupando una cama en la enfermería, que alguien pudiera necesitar más que él, y su sentido de responsabilidad ya le andaba pasando factura, aunque no lo suficiente como para volver a la clase, porque sabía que entonces volvería a recaer, ya que sobre su cuerpo seguirían los rastros de lo ocurrido, porque no habría podido ir a limpiarse, pues el profesor llegó al poco de que aquello pasara, y una vez el maestro está en clase, tienen prohibido abandonarla; de modo que se fue directo hacia los dormitorios, esperando que, ahora que estaba más calmado, pudiera dormir y recuperarse un poco.
Últimamente aquellos pensamientos pervertidos cruzaban su mente mucho más a menudo de lo que él podía manejar, y sabía perfectamente que no era la primera ni sería la última vez que se masturbase  por culpa de aquel cuerpo y sus acciones, por ese ser que debía llamarse sexo, porque estaba seguro que a todo aquel que le veía, despertaba los mismos bajos y básicos instintos. Por ese motivo, por estar luchando contra ellos e intentar seguir siendo “normal”, era que se agotaba tanto psíquicamente hablando.
Se tumbó sobre su cama y decidió que descansaría un poco. Ahí, lejos, podría relajarse y no pensar en nada. El silencio le ayudó a desconectar su mente y cayó dormido en poco rato, en un profundo sopor, en el que no pareció soñar.
El sonido de las campanas anunciando el final de las clases, fue lo que le despertó. Pero no quiso levantarse, se quedó remoloneando bajo la fina sábana, esperando volver a quedarse dormido.
-          ¿Te encuentras mejor? –preguntó su compañero de dormitorio.
-          Algo. –corta respuesta, como últimamente era su tónica habitual.
-          Después te dejaré los apuntes y te diré los ejercicios que nos mandaron; primero voy a ducharme. Ash, estoy todo pegajoso…. –se quejó, mientras comenzaba a desabotonarse la camisa y sacársela de los pantalones.
Maldición, justo las palabras que disparaban nuevamente su imaginación. Aunque esta vez sí pudo controlarse algo más, al menos hasta que él volvió después de la ducha, con su torso empapado, secándose el cabello con una toalla, llevando otra anudada a la cintura, siendo ésta la única prenda que lo cubría; obligándole a tomar una ducha fría, antes de poder sentarse con él a realizar los ejercicios “normalmente”.
Tras cenar, regresaron al cuarto; repasaron un poco las lecciones del día, para asegurarse de que Yunho lo había entendido todo, prepararon las mochilas con los libros y los útiles necesarios para las clases del día siguiente, se pusieron el pijama y se fueron a dormir cada uno en su cama.
Como venía siendo costumbre en casi todo este mes, Yunho se acostaba tumbado de lado, dándole la espalada a su compañero; aunque solía acabar girándose y contemplando su carita mientras dormía, iluminada por los tenues rayos de la luna, que seguía siendo igual de sexy o más todavía que cuando estaba despierto. Pero esto era más cerca de la madrugada, cuando se despertaba tras alguno de sus sueños húmedos, y, después de limpiarse, volvía a tumbarse en su cama, esta vez mirándole, deleitándose en el placer  que le producía el saberse el único con la capacidad de contemplarlo así, dormido, tranquilo, vulnerable… hasta que los pensamientos de querer robarle un beso, ganaban tanta fuerza, que debía volver a darle la espalda para poder controlarse.
Esta noche, sin embargo, su compañero parecía algo más inquieto; lo notaba moverse en la cama continuamente, y eso no era demasiado normal; sin embargo, no sabía si preguntarle qué le tenía así de intranquilo, pues lo más usual, a esas horas, era que ya estuviera durmiendo plácidamente. En fin, supuso que no sería nada demasiado grave, y que, si él lo consideraba oportuno, ya se lo contaría; e intentó dormir.
-          ¿Jaejoong! –preguntó completamente sorprendido, al notar como se metía en su cama
-          No me gusta. –dijo cerrando fuerte los ojos y apretando la sábana entre sus manos.
-          ¿Te dan miedo las tormentas? –girándose para verlo, él asintió- Pero si no es la primera…
-          Lo sé, pero… las otras no se oían tan… -volvió a encogerse por el sonido de un trueno de aquella tormenta de verano
-          Tan cerca. –terminó la frase, destapándole cuidadosamente, pues se había cubierto hasta la cabeza
-          Suena demasiado cerca… - puchereó un poco- si está lejos aún puedo soportarla pero esta… -volvió a encogerse, pero esta vez contra el pecho de Yunho.
-          No te preocupes, no te pasará nada. –dijo, acariciándole el cabello suavemente, en tono calmado. Por primera vez había nacido primero el deseo de protegerlo.
-          Hm… -dejando de aferrase tanto a la fina camiseta de tirantes que Yunho usaba para dormir esos días tan calurosos.
Yunho pasó uno de sus brazos por debajo del cuello de Jaejoong, mientras que con el otro le rodeo el torso, abrazándolo, para que se sintiera protegido. Lo sintió moverse y acomodarse entre sus brazos, pero sin llegar a hacer amago de sentirse incómodo y querer salir de él.
El sentir la respiración acompasada contra la piel descubierta de su pecho, y aún aquel eco de calor que traspasaba la fina tela, estaba comenzando a excitarlo nuevamente. Podía sentir su corazón irse acelerando, consciente, al fin, de que era Jaejoong, el chico al que tantas veces había soñado poseer, el que estaba durmiendo cobijado entre sus brazos.
Respiró hondo varias veces, intentando normalizar el ritmo de su respiración y su corazón, y tuvo que morderse el labio cuando Jaejoong dejó escapar de los suyos un leve gemido. “Sólo Dios sabe lo que me está costando controlarme contigo así…”, y a él le pedía no realizar ningún movimiento que lo delatara, por más que el infierno, en el que se estaba convirtiendo su propio cuerpo, lo quemara con el deseo de hacerlo.
Pero pese a todos sus esfuerzos, la realidad de su deseo, por el cuerpo entre sus brazos, comenzó a patentarse en su entrepierna, irguiéndose de forma clara, comenzando a endurecerse con cada nuevo cálido roce de su aliento contra su piel, con cada mirada a aquellos labios entreabiertos que parecían demandar un beso en silencio, con cada leve caricia de sus pieles en contacto, con cada centímetro o milímetro que sus cuerpos más se unían; haciendo que su respiración volviera a entrecortarse ligeramente y que, cerrando los ojos, sus labios parecieran esperar por aquel milagro de ser besados, aunque fuera de forma accidental; mientras sentía una de las manos de Jaejoong rodear su cintura.
“Tierra… trágame…” es lo que pensó tan pronto notó la otra mano de Jaejoong  deslizarse e ir a parar sobre su miembro erguido, y acto seguido, la mirada de éste clavándose en la suya, tras que un leve gemido, por lo inesperado de intima caricia, escapase, medio ahogado, de sus labios; que se apresuró a morder por el interior, para evitar que cualquier sonido saliera más allá de su cavidad bucal.
-          ¿Es… estás…? –preguntaba, sin terminar de formularla, trabándose entre nerviosismo , vergüenza y no sabía qué más
-          … -sólo atinó a girar el rostro e intentar encogerse en posición fetal, para que no se notara tanto
-          ¿Estabas teniendo un sueño húmedo? –preguntó, incorporándose un poco, apoyándose sobre uno de sus antebrazos, pero Yunho no le miraba ni le contestaba- ¿O es porque dormía contigo? –sin censura en

lunes, 30 de abril de 2018

Colegio Mayor

En el pueblo en que nací, sólo hay escuelas de primaria y secundaria, por lo que, cuando pasé al instituto, para estudiar mi bachiller, debí solicitar también una habitación en la residencia para estudiantes.
Era la primera vez que salía de casa, que viviría tan lejos de mis padres… pero tuve la suerte de que algunos de mis amigos, sobre todo el más cercano, Eun Hyuk, entró al mismo instituto, y reservaron en la misma residencia, así que no se me hizo tan duro, porque me sentía, salvando las distancias, como si aún estuviera en el pueblo y no en la capital.
Al principio dormía solo en mi habitación, todo y que los cuartos son siempre dobles, pero yo quedé de pico, ningún otro alumno había solicitado plaza en la residencia; y por las noches, lo pasaba un poco mal, porque lo notaba todo extraño, así que un día, me fui con Eun a comprar cosas… peluches… un montón de mulliditos y apapachables muñecos de peluche, de todas las formas y colores…. Recuerdo que el mono me miraba raro, mientras me decía que si no me consideraba ya lo suficientemente grande como para dormir abrazado a muñecacos tan grandes, porque casi todos los que tomaba entre mis manos, eran casi de mi tamaño, y yo le contesté que no, al tiempo que le sacaba la lengua; además, le recordé que él no estaba solo en ese enorme cuarto, ya que Eun compartía el dormitorio con un chico de un curso superior, DongHae creo que me dijo que se llamaba, y que le ayudaba con sus tareas, y… no sé si con algo más… porque de cuando en cuando me aparecía con alguna marca…, pero en fin, en su vida sexual paso de meterme. Después de todas las compras, regresé al dormitorio con seis peluches tamaño Junsu y mi cartera casi vacía de wons… menos mal que mi amiguito del alma me tiene compasión, y de seguro me invitará a comer en los días que me quede con cero y sin coma.
Empezado ya el segundo trimestre, me llamó el director de la residencia, para hacerme saber que habían solicitado plaza, por lo que debía ordenar el dormitorio, haciendo sitio a mi nuevo compañero, enseñarle dónde se encontraba todo, y ser amable con él, pues venía transferido de otro lugar.
Aún recuerdo cuando lo vi… algo más alto que yo, moreno, de rasgos suaves, pero de voz profundamente varonil… ok, es cierto que no pensé eso exactamente de su voz la primera vez, pero ahora no consigo escucharla de otra forma, es que… es tan distinta a la mía… cuando susurra, se le oye tan sexy…
Sí, es lo que estáis pensando… estoy enamorado de mi compañero de cuarto… solo que para él… me parece que ni existo, en esos términos… porque nos llevamos bien, hablamos, reímos, jugamos… compartimos un montón de gustos y de cosas… pero él sólo me ve como amigo…
Hoy me he pasado todo el día mirándolo… hay algo raro en él… algo distinto a lo de siempre, y mira que ha pasado ya un año desde que nos conocimos, así que lo conozco perfectamente, sé todas y cada una de sus manías… pero… hoy no descubro que es eso diferente que tiene…
-          Junsu, ah… Junsu! –me acaba gritando.
-          Eh… lo siento… qué me decías Yoochun?
-          Que si viste mi diccionario de latín.
-          Sobre el escritorio, justo donde lo dejaste anoche.
-          Gracias…
No es su forma de actuar, sigue tan despistado como siempre, y luego se queja de mí…
Me pongo ultra rojo al darme cuenta de que le estoy mirando el trasero, mientras él anda buscando sus zapatillas bajo la cama; y en cuanto se levanta y presiento que va a mirarme, mis súper actos reflejos, se ponen en marcha, volteo la cara a la tele y mi dedo oprime el botón que cambia de canal, “no hacen nada interesante en ningún sitio… que aburrimiento”, sobre todo porque lo único interesante que encuentro, mide metro ochenta, es moreno y me vuelve loco cuando habla seductoramente en inglés, sin importarme un bledo no entender exactamente lo que dice. Intento centrarme en los programas que están emitiendo, pero no hay manera, en cuanto lo veo moverse, mis ojos van detrás de su anatomía…
Veamos… sigamos buscando ese “algo” distinto que le encuentro hoy… ¿su pelo?, no… aún lleva el último corte que se hizo, aunque con el pelo húmedo de haber recién salido de la ducha, no se le note mucho como es… mejor intento no pensar demasiado en Yoochun bajo la ducha, o el que tendrá que tomársela, pero helada, soy yo…. ¿Los pendientes?... no… aún lleva los que le regalé para su cumpleaños, y no sé porqué me pongo a sonreír como idiota… bueno, sí… siempre hace ilusión que quien te gusta lleve algo que tú le regalaste… y él ni se los ha quitado desde que se los di…. ¿Serán los tatuajes?... a ver… no… no es eso, tiene los mismos con los que por poco me dio un infarto cuando se los vi, porque yo no soy de los que me gusta eso de marcarme el cuerpo, aunque llevo pendiente también, que por cierto, no sé si se habrá dado cuenta, pero llevo la pareja de uno de los que él lleva, sé que es algo tonto, pero… así me hago la ilusión de que somos algo más J
-          Junsu…
-          Dime
-          Viste mis zapatillas?
-          Las mandaste a la lavandería… estaban llenas de mierda… -sigo haciendo como que estoy centradísimo en lo que están emitiendo en ese canal.
-          Pues descalzo…
-          Puedes usar las mías…
-          Mi pie es más grande que el tuyo.
-          Oye! –le grito, al tiempo que me levanto, por primera vez en la mañana, de mi cama- No te sientes sobre Micky… -lo regaño, al tiempo que estiro de mi peluche y lo hago caer de culo al suelo.
-          Auch… eso dolió… -dice sobándose el trasero- cómo puedes llamar Micky a un ratón morado?, si aún fuera como el de Disney…
-          Yo lo llamo como me da la gana, que para algo es mío. –digo abrazándome con fuerza a mi querido peluche… el pobrecito me había dado pena, estaba ahí, solito, en un rincón de la tienda, sin que nadie lo compara, así que yo lo adopté.
-          Vale, vale…
-          Ni se te ocurra… -vuelvo a gritarle, haciendo que se quede parado a mitad de camino de sentarse sobre mi preciosísimo delfín rosa- le plantas tu trasero a Xiah junior y te pongo más morado que a Micky, ratón del mal. –le amenazo, al tiempo que estrujo también a mi delfincito.
-          Ratón del mal?... –ups… con las hormonas tan disparadas como él solo me las puede poner, sólo con que esté delante… hasta algunos cuentos infantiles que había leído, parecían tener doble sentido para mí, y en uno de los últimos, me imaginé a Yoochun como un ratón que me devoraba cual si yo fuera rico quesito…
-          Olvídame… pero vuelve a aplastar algún peluche mío… y lamentarás haber conocido a Junsu ¬¬ -mis muñecos son sagrados.
-          Ok, ok… sólo buscaba algo sobre lo que sentarme para ver la tele, de la que, por cierto, te has acaparado…
-          Pero si tú casi nunca la ves… -y yo desde que te conozco tampoco, aunque haga como que sí XD…
-          Pues hoy me apetece, mira por donde… -gracias tiempo, por ser verano… dios… que bueno que está… y como me gusta y me pone verlo sin camisa, sólo con ese pantaloncito fino del pijama… que juro que me deja ver e intuir más de lo que quisiera… *babas…*
-          Pues siéntate en el suelo… hace calor… -y así aprovecho y te veo bien visto XD
-          Paaaaaaaaaaso… no quiero que me duela más el trasero. –dijo sobándoselo otra vez- que el tuyo venga acolchado de serie, no significa que el mío también.
-          Me estás llamando culón? ¬¬
-          Jajaja, perdona… -rió, al tiempo que se sentó a mi lado en la cama.
-          No te perdono… -hice mi famoso puchero de enfado.
-          Pleaseeeeeeeeeeeeeee –odio que sepa, porque creo que lo sabe, que mi punto débil es escucharle hablar en inglés con esa voz tan ronca y sexy… *babas al cuadrado*- vamos… Junsu… -decía pinchándome en el carrillo con el dedo- es que es dificilísimo no fijarse en esa S-line que tienes…
-          En qué? –es algo referente a mi anatomía?, se fijó en mi cuerpo? Como sea eso… me da un ataque…
-          Que tienes un cuerpo muy lindo. –creo que mis venas entraron en colapso… tengo que estar rojo fosforito e irradiante… siento ardiendo cada poro de mi piel.
-          Ya… ya… no digas tonterías, y calla que no me dejas ver televisión… -como sigas por ahí… te ato a la cama y te violo… que no tienes ni idea de las ganas que te tengo…
-          Ok… permisito… -me pide, mientras levanta una de mis manos, y pone su cabeza sobre mis piernas.
-          Yoo… Yoochun… -respiro acelarado y tengo que tragar saliva para no ahogarme…
-          Así estoy más cómodo, no te importa, verdad? –importarme? A mí?...
-          No… tú mismo… -le respondo, al tiempo que sitúo mi mano sobre su brazo, e, instintivamente, suelto el mando que tenía en la otra, y empiezo a hacerle piojito.
-          Junsu…
-          Dime… -aunque estoy que me muero de la vergüenza, no sé porqué, no dejo de hacérselo.
-          Será culpa tuya si me quedo dormido… otra vez -rió- lo que estás haciendo me relaja mucho.
-          Oh…-digo al fijarme en el programa que emitían, siendo consciente de la hora y el día- ¿que hoy no sales con tus amigos?
-          No… no me apetece estar de carabina… -dice removiéndose en mi regazo, buscando ponerse más cómodo.
-          Que ya encontraron novia?
-          Algo así…
-          Y yo que pensaba que serías tú el que se las llevaría de calle… -un tío tan guapo, insinuándote cosas, en inglés, al oído, con esa timbre tan sensu y sexual que tiene… al menos a mí me pone.
-          No me llama la atención ninguna…

Qué narices hace la mano de Yoochun entre mis piernas?... como suba unos centímetros más… se va a liar la de Sodoma y Gomorra…. Pero por más nervioso que me esté poniendo, por miedo a que descubra que me estoy empalmando, es justo eso, esa sensación… que no lo hago detenerse, ni le llamo la atención, ni le digo nada… dejo que siga regalándome caricias.

lunes, 16 de abril de 2018

Casado por obligación, amante por devoción

Al día siguiente, entre unas cosas y otras, Yoochun no continuó con lo último que le estaban diciendo la noche anterior, y lo prefería, porque le dolería escucharle decir la palabra separación, aunque fuera como una opción que él no iba seguir.
Como su suegra ya sabía la verdad, se vistió como normalmente lo hacía en casa de su madre, recogió la ropa que se habían quitado anoche y la bajó a la lavadora; se acercó a la cocina y leyó la nota que la señora Park había dejado pegada en la nevera, en la que le indicaba que hoy pasaría todo el día con su madre, para recuperar el tiempo perdido de contacto, y ponerse al día, se sentó en una de las sillas y tomó una taza de café con algunas galletas, recogió todo y, dado que no tenía que trabajar ese día, se dispuso a ordenar la casa.

Cuando llegó a casa, no le gustó nada la escena que presenció, y, si tiempo atrás había sido Hyuk Jae quien lo miraba mal, esta vez era al contrario, sentía que quería matarlo con la mirada, meter el cuerpo en un cohete y mandarlo directo al sol, donde nadie encontraría su cadáver.
-          Esto… adiós. –fue lo único que dijo, antes de salir escopeteado por la puerta.
-          ¿Por qué te abrazaba?
-          Porque está feliz.
-          ¿Por qué?
-          Porque le salió novia.
-          ¿Novia? –con cierto tonillo que a Junsu no le gustó nada
-          Sí, Yoochun, novia, acabado en a, una chica, o sea, que no soy  yo.
-          Lo siento. –se disculpó y quiso abrazarle, pero no supo si era oportuno, así que se quedo quieto
-          Ya te lo dije, sólo somos amigos.
-          Lo sé, pero…
-          No puedes evitarlo, ¿no?
-          No…
-          Yoochun, el mono no para un instante y es demasiado posesivo, casi controlador…
-          ¿El mono?
-          Oh, el apodo de Hyuk.
-          ¿Yo no tengo?
-          Ahora mismo serías rata celosa. –rió
-          ¿Rata celosa?
-          Yo me entiendo. –sonrió levemente sonrojado, recordando las noches en las que, al dormir abrazados, había notado el “ratón” de Yoochun “haciendo la ronda nocturna”
-          Junsu… -“ay no… ahí va otra vez…” pensó- ¿Por qué sigues aquí, conmigo?
-          Si tengo que responderte a esa pregunta, es que eres tonto del culo, Park Yoochun…
No hizo falta nada más. Ni un “te quiero” había abandonado los labios de ninguno de los dos, que habían encontrado una mejor forma de decirlo, sin necesidad alguna de palabras. Y es que, en ocasiones, valen más los hechos que toda la grandilocuencia de un discurso que puede ser ensayado y vacío, carente de todo sentimiento real.
Sus cuerpos se abrazaban, acoplándose a la perfección, logrando que apenas quedase piel que no tuviera algún tipo de contacto; sus bocas danzaban en la sensual cadencia de los besos lentos, ansiosos por deleitarse en cada sensación del roce de sus lenguas, sus labios y el combinado de sus salivas y alientos.

lunes, 9 de abril de 2018

Casado por obligación, amante por devoción

La madre de Yoochun recibió el alta, aunque debía ir regularmente a revisión, por lo que acabó viviendo con él y su “esposa” en el apartamento que habían alquilado. Cada noche le pedía perdón a Junsu por obligarle a mantener la mentira, haciendo que se vistiera de mujer prácticamente las veinticuatro horas del día; pero él siempre le regalaba una sonrisa y le decía que no pasaba nada, que no había problema. Queriendo compensar aquellos gestos, de cuando en cuando, sobre todo cuando su sueldo se lo permitía, le regalaba algún que otro ramo de flores.
Cada día que pasaba, Junsu lo veía más claro; su madre estaba encantada, lo notaba en su voz cada vez que la llamaba para preguntarle por cómo se hacía tal o cual comida, en qué programa poner la lavadora o cómo se planchaban las camisas. Su suegra también le tenía cariño, siempre agradeciéndole con una sonrisa cada vez que le acompañaba al médico, y ayudándole en casa cuando debía irse a trabajar, ya que le habían dicho que era modelo, y le habían enseñado las revistas donde aparecía. Yoochun también le agradecía todo lo que hacía y le mimaba de cuando en cuando; no se le había escapado que, gracias a que él había llamado a su madre y pedido que se quedase con la suya, habían podido pasar tiempo en el campo de fútbol, donde el muy vago prefería sentarse y verlo jugar, o se habían ido al parque de atracciones… momentos en los que habían estado juntos, con él vestido con su ropa, sin pretender ser alguien distinto a Junsu.

-          ¿Qué tú qué? –preguntó completamente escandalizado
-          Ni una palabra Hyuk Jae. –amenazó completamente serio
-          Pe… pero… -volvió a amenazarle con el dedo
-          ¿Qué ocurre? –preguntó Yoochun, entrando en la cocina
-          Nada. –sonrió Junsu, más viendo la mirada que su marido le dedicaba a su amigo
-          Na… nada, yo… me voy…. –se levantó y se fue, intentando procesar mentalmente lo que su amigo le acababa de decir, “estoy enamorado de Yoochun, y… estoy pensando que si él me quiere, que creo que sí… voy a perder la virginidad con él”
-          ¿Y a ese que le pasa? –preguntó molesto
-          Nada. –respondió, dispuesto a jugar con lo que parecía un ataque de celos
-          Se le veía muy nervioso. –se acercó lentamente, pegándose a él
-          Cosas suyas.
-          Y tuyas, ¿no?
-          Sólo somos amigos, Yoochun, nada más. –le respondió, girando su rostro para verle, quedando sus labios bastante cerca, tanto, que él deseaba que le besase
-          Está bien. –dijo dando un paso atrás- Perdona. –alejándose más aún
-          Yoochun. –le llamó, no quería eso- ¿Qué tal tu día?
-          Una mierda. –respondió, dejándose caer sobre una de las sillas de la cocina
-          ¿Y eso? –soltando el cuchillo con el que había estado troceando la verdura para la comida y limpiándose las manos
-          Me sancionaron… voy a tener que trabajar más horas toda la semana…
Junsu ahogó en sus labios la siguiente pregunta, se veía que Yoochun no quería hablar del tema, además, su suegra entró al poco, preguntando si quería que le ayudase con la comida.

Como todas las noches, cuando se iba a dormir, Junsu se había quitado la peluca y todo lo demás, se había puesto el pijama, metido en la cama y abierto el libro para leer un poco, algo que sobre todo estaba haciendo últimamente, desde que Yoochun había sido sancionado. Le resultaba terriblemente difícil conciliar el sueño si él no estaba allí, compartiendo la cama, sobre todo porque, a eso de mitad de la noche, acababa abrazándolo, y sus alientos se entremezclaban de forma tan dulce, que le calmaban la ansiedad que todo su cuerpo tenía de sentirle. De pronto un golpe, hizo que soltase de golpe el libro y saliera corriendo hacia la habitación donde dormía su suegra, encontrándola en el suelo; se la cargó a la espalda y la llevó corriendo al hospital.

Las cuatro de la mañana. Junsu estaría despierto, esperándolo, para preguntarle que tal le había ido el día,  y él se sentía culpable por hacerlo trasnochar; por un lado quería decirle que no hacía falta que estuviera despierto, pero por otro, debía reconocer que le encantaba el llegar a casa y que él lo recibiera con una sonrisa, por lo que no acababa de decir lo primero nunca. El ver las luces del salón encendidas a esa hora le chocó.
-          ¿Junsu? –entró preocupado, hasta que lo vio con una taza de té en la mano, sentado tranquilamente, con su sonrisa habitual, a la mesa del comedor- Su, si mi madre se despierta podría ver… te. –calló, al ver a su progenitora sentada, con otra taza en la mano, justo en la silla de enfrente- Mamá…
-          No te preocupes cielo, -dijo Junsu- tu mami y yo nos llevamos muy bien, ¿a que sí?
-          Sí. Bueno, yo me voy ya a dormir, os dejo solo para que habléis. Buenas noches.
-          Buenas noches. –le sonrió Junsu.
-          Buenas noches. –le dio un beso en la mejilla Yoochun- ¿Se puede saber qué ha pasado?
-          Mm –Junsu se debatía entre contarle la verdad o guardar la promesa hecha a su suegra- Tu madre se desmayó. –ganó el no querer mentirle nunca
-          ¿Qué? Mamá… -fue en su busca
-          ¿No habíamos quedado en que era un secreto? –le regañó un poco a Junsu, quien bajo la cabeza, gesto que le hizo entender y sonreír- estoy bien. De hecho, si le hubieras dejado terminar de explicarte, sabrías qué pasó. En fin, voy a descansar, que es lo que me recomendó el médico.
-          ¿Junsu? –preguntó, siguiéndolo hacia el salón
-          Simplemente apoyó mal el pie y se torció el tobillo.
-          Me había asustado. –respiró aliviado
-          Yo también. Cuando fui a su cuarto y se quejaba de que le dolía, ni me fijé en qué se señalaba… la cargué en mi espalda y fui al hospital.
-          Gracias, pero… ¿por qué no me llamaste?
-          Porque estaba yo aquí, y no quería preocuparte. –Yoochun le abrazó con fuerza
-          Gracias… de verdad… por todo.
-          No tienes por qué darlas, Yoochun, lo hago con gusto. –devolviéndole el abrazo
-          Junsu… -las palabras se le atoraban en la garganta, porque las que sentía que tenía que decir, no quería pronunciarlas
-          ¿Sí? –silencio, que para él valía más que todas las palabras del mundo, más que el discurso más hermoso de amor, porque aún estaba entre sus brazos y sentía como lo apegaba más a él- ¿Por qué te sancionaron?
-          Porque les tiré una revista, donde aparecías tú, a uno de los directivos. –Junsu se separó un poco, ¿podía ser que se hubiera equivocado leyendo las señales?, y lo miró confundido- Era el último reportaje que hiciste, ese de los vaqueros tan ajustados… -rehuyó un poco la mirada- estaban hablando sobre tu trasero y diciendo barbaridades y yo… me mosqueé…
-          Y les tiraste la revista… -rió flojo- Yoochun ah, soy un chico, ellos estaban hablando de  tirarse a una tía que ni siquiera existe.
-          Pero tú si existes y el trasero es tuyo, y no me hizo gracia. –puchereó
-          Ay… ¿Qué voy a hacer contigo, Park Yoochun? –se quejó, falsamente molesto
-          Junsu… -era cierto, él era un chico, ambos eran hombres, y, aunque no quisiera, tenía que decirlo- yo… no quiero obligarte a estar conmigo, ahora que mi madre ya sabe la verdad… no tiene caso que… -Junsu selló sus labios con un dedo

-          Sh… es hora de dormir.

lunes, 2 de abril de 2018

Casado por obligación, amante por devoción

Al cabo de unas horas, en las que Yoochun se la había pasado entre trabajando a través del teléfono, tomando notas en su agenda y picoteando de la ración de patatas que había pedido en el burguer cercano, regresó a la casa de los Kim, en cuanto los vio frente a la misma. Junsu subía, con aire cansado, las escaleras hacia su dormitorio, y, conforme dejó caer las bolsas sobre el suelo, hizo lo propio con su cuerpo sobre la cama, “estoy muerto”.
Una mirada asesina le atravesó la espalda, provocándole un escalofrío que le recorrió el cuerpo entero. Hyuk Jae lo miraba de mala manera, desde la puerta del dormitorio; si bien, Yoochun no le hizo caso; se fue directo hacia la cama y, sentándose, le preguntó
-          ¿Qué te pasa, Junsu?
-          Hoy fuimos en busca del “traje ideal” de novia… -suspiró, girando la cabeza para verlo- Mi madre me ha llevado por todas las tiendas de novias que se conoce en Seúl… y, créeme, no es lo mismo estar un par de horas sobre unos tacones, que toda la santa tarde yendo de un lado a otro encaramado en ellos… tengo los pies hechos polvo. –puchereó y volvió a hundir la cabeza en el mullido edredón.
-          Déjame a mí. –dijo riendo, mientras le quitaba los zapatos de tacón y comenzaba a masajearle los pies, provocando algún que otro gemido ahogado- ¿Mejor?
-          Uhm, uhm. –asintió- Oh… qué bien…
-          Dais grima… -dijo Hyuk Jae, estremeciéndose al escuchar el gemido más sonoro de Junsu
-          Pienso contratarte para que me des masajes después de cada sesión. –dijo, incorporándose un poco
-          No te hará falta, vamos a casarnos, ¿recuerdas? –sonrió
-          O sea, que lo vas a tener gratis. –puntualizó Hyuk- Espera, espera… creía que todo iba  a ser una pantomima… ¿Qué acaso vais a poneros a vivir juntos?
-          Pues, en principio, esa es la idea. –respondió Junsu, sentándose en la cama, dando por finalizado la sesión de masaje, que había dejado sus pies como nuevos- Es decir, no sabemos por cuánto tiempo, pero
-          Tenéis que hacer el paripé completo, ¿no? –Yoochun asintió.

La señora Park fue trasladada al hospital de Seúl, donde había mejores especialistas del corazón, y su hijo podría cuidarla mejor, al tiempo que preparaba lo necesario para la boda. Estaba encantada con la idea de que Yoochun sentase la cabeza, aunque le costaba creer que se hubiera enamorado tan rápido de una chica, como para pedirle matrimonio en apenas un mes; pero el amor es así de caprichoso, y la joven era una auténtica belleza. Sólo esperaba y rezaba porque no le saliera rana, igual que le había pasado a ella.
Yoochun no entendía qué demonios le pasaba a Hyuk Jae con él, es decir, se estaba portando genial con Junsu, se esforzaba en dejarlos a solas cuando él llegaba a jugar con su amigo, y le recordaba que él no quería separarlos ni nada por el estilo; aún así, seguía notando miradas escudriñadas, como si intentasen ver hasta los puntos negros de su alma, buscando algún tipo de secreto inconfesable….
-          Déjalo. –dijo Junsu- Hyuky es así… -buscando qué ropa ponerse, para ir a ver a su futura suegra al hospital
-          Enserio… ya no sé qué más hacer para que deje de mirarme  como si fuera un criminal; ni que le estuviera robando lo más valioso… -renegó, bajando el rostro, antes de subirlo súbitamente, acababa de comprender algo- ¿No será que está enamorado de ti?
-          No. –dijo completamente seguro, mientras se vestía- Ya te dije, Hyuk es así. Mira, tenemos un amigo que se casó hace poco… me alcanzas los zapatos planos negros, por favor
-          Mejor las botas, creo.
-          Tienes razón. –tendió la mano y las cogió- Como te decía, hace cuatro  meses o así que un amigo común se casó, y la pobre ha tenido que aguantar esa misma actitud hasta hace poco, cosa de un mes.
-          Hasta que entré yo en el campo de visión… -se lamentó
-          Sí. –dándole una gargantilla, apartando el pelo para que él pudiera abrochársela mejor- Hyuk Jae es muy protector con la gente que le importa. Gracias. –giró y le sonrió- Por eso, no se lo tomes en cuenta, sólo… se preocupa por mí. –Yoochun resopló en una sonrisa, tendría que hacerse a la idea de que el mejor amigo de Junsu era así, y que sólo dejaría de ser el “enemigo a vigilar” en cuanto apareciera otra pareja para cualquier amigo, o la mencionada con anterioridad le pusiera los cuernos.


El día de la boda, en el juzgado, cuando el juez de paz que los casaba pronunció las palabras “quien tenga algo en contra de esta unión, que hable ahora o calle para siempre”, Yoochun temió que Hyuk Jae, presente, dijera algo, pero se mantuvo observando en silencio. Entonces llegó el momento del beso, algo en lo que no habían pensado, al menos él, y no habían ensayado. Se le hizo un nudo en la boca del estómago, todo su cuerpo temblaba casi imperceptiblemente, estaba realmente nervioso. Sólo hasta que Junsu, que estaba completamente preciosa con el traje que había escogido su madre, el maquillaje y todo lo demás, le apretó la mano. En cuanto giró a mirarlo y él le sonrió, sólo existía esa imagen; después le vio cerrar lentamente los ojos y entreabrir los labios, invitándolo a besarle, y él no tardó en responder a aquella invitación, acariciándole lentamente la mejilla, antes de que sus bocas se encontraran en el primer beso que se daban. Se sorprendió de encontrarlo placentero, más aún cuando los labios de Junsu respondieron al movimiento de los suyos.

lunes, 26 de marzo de 2018

Casado por obligación, amante por devoción


El médico le había llamado esa mañana, sobre las diez. Su madre había tenido una recaída. Él salió del trabajo y se pasó cuatro largas horas en la sala de espera, deseando que saliera algún doctor que le explicara cómo se encontraba su madre. Después le tocó pasar un par más, antes de que le dejaran pasar, previa desinfección y enfundado en bata, a la sala de cuidados intensivos donde estaría en vigilancia. Cuando salió de la habitación y sus ojos se cruzaron con aquella mirada de compasión y comprensión, no pudo evitar romperse, abrazarle y llorar, descargando todo aquello que había estado guardándose, imponiéndose ser el fuerte.

-          ¿Estás loco? –gritó Hyuk Jae
-          Lo que no estoy es sordo… -renegó Junsu, terminando de recoger la consola
-          ¿Pero… pero… cómo cojones te vas a casar con otro tío? –gritaba, sin comprender ni aceptar la decisión que su amigo había tomado- Es demencial… aparte de ilegal.
-          Como Junsu, sí, como Sujun, no.
-          ¿Qué? –gritó más aún- Pero si acabas de conocerlo hace dos días, y ya estás pensando en travestirte para concederle sus perversiones…
-          No son perversiones Hyuk. –le enfrentó, alzando la voz- Yoochun adora a su madre, tanto o más que yo  a la mía. Él sólo quiere cumplir una de sus últimas voluntades. Y yo quiero ayudarle a que lo haga, así de simple.
-          Si la última voluntad de la mujer, es ver a su hijo casado, preséntale a una chica fácil, que se la camele y ya está.
-          Voy a casarme con Park Yoochun estés de acuerdo o no, Hyuk Jae. –sentenció.
-          No quiero obligarte. –dijo el mencionado novio, entrando por la puerta
-          No me obligas, ¿recuerdas? Fui yo quien se ofreció a casarse contigo, incluso me presenté a tu madre. –recordando aquella tarde en la que, tras enterarse que la madre de Yoochun había sido ingresada y estaba en la UCI, fue a verlo sin siquiera cambiarse, después de haber realizado unas sesiones de fotos para una nueva campaña publicitaria. Poco después, cuando le habían permitido volver a ver a su madre, que ya estaba despertando de la anestesia, él mismo se presentó como Sujun, la hija de de su amiga y futura esposa de Yoochun, si ella les daba la bendición, cosa que la mujer hizo complacida.
-          Lo sé… pero no quiero que fastidies tu vida.
-          ¿Y tu madre está de acuerdo? –preguntó Hyuk Jae, después de estar un rato en silencio, observando la escena
-          ¿Mi madre?... está encantada. Desde que le dije lo de la boda, se la pasa probando distintos peinados en la peluca, para ver cuál queda mejor, además de hacerme no sé cuántas sesiones de maquillaje, buscando  el que mejor fije con mis rasgos….
-          O sea, que te tiene por la hija que jamás tuvo y va a volcar en ti la boda que ella quiso tener… -dijo Hyuk sin cortarse un pelo. Junsu se encogió de hombros
-          ¿Qué tal está tu madre hoy?
-          Si quitamos la ansiedad por que le den el alta, para ir a la boda de su hijo, bastante bien.
-          Me alegro.
-          Junsu… -gritó la madre, desde la puerta- Tenemos que irnos, cariño.
-          Voy. –respondió- Nos vemos luego. –le dijo a Yoochun.
-          No me simpatizas. –le dijo Hyuk Jae, apenas cinco minutos después de que Junsu se fuera
-          No quiero quitarte a tu amigo. Pero le voy a agradecer toda la vida lo que está haciendo por mi madre.
-          ¿Por tu madre?, ya… ni que tú no quisieras nada con él… -repasándolo de arriba abajo. Yoochun lo miró entre sorprendido e indignado, luego respiró hondo y expiró casi todo el aire que había tomado
-          Mi madre siempre ha querido que siente la cabeza. Cuando volví a  Corea y encontré trabajo, pensé que se daría por satisfecha, pero no… me dijo que quería que formase una familia, que me casara y tuviera hijos. Se está muriendo, quiero complacerla, y Junsu se ha ofrecido a ayudarme, eso es lo único que hay. Aparte del hecho de que mi madre y la suya se conocían
-          Sí, sí, esa parte me la sé. Querían que sus descendientes se casaran para ser familia, aunque fuera política… -esta vez fue él quien resopló- Más te vale tratarlo bien.
-          Tranquilo.