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lunes, 30 de abril de 2018

Colegio Mayor

En el pueblo en que nací, sólo hay escuelas de primaria y secundaria, por lo que, cuando pasé al instituto, para estudiar mi bachiller, debí solicitar también una habitación en la residencia para estudiantes.
Era la primera vez que salía de casa, que viviría tan lejos de mis padres… pero tuve la suerte de que algunos de mis amigos, sobre todo el más cercano, Eun Hyuk, entró al mismo instituto, y reservaron en la misma residencia, así que no se me hizo tan duro, porque me sentía, salvando las distancias, como si aún estuviera en el pueblo y no en la capital.
Al principio dormía solo en mi habitación, todo y que los cuartos son siempre dobles, pero yo quedé de pico, ningún otro alumno había solicitado plaza en la residencia; y por las noches, lo pasaba un poco mal, porque lo notaba todo extraño, así que un día, me fui con Eun a comprar cosas… peluches… un montón de mulliditos y apapachables muñecos de peluche, de todas las formas y colores…. Recuerdo que el mono me miraba raro, mientras me decía que si no me consideraba ya lo suficientemente grande como para dormir abrazado a muñecacos tan grandes, porque casi todos los que tomaba entre mis manos, eran casi de mi tamaño, y yo le contesté que no, al tiempo que le sacaba la lengua; además, le recordé que él no estaba solo en ese enorme cuarto, ya que Eun compartía el dormitorio con un chico de un curso superior, DongHae creo que me dijo que se llamaba, y que le ayudaba con sus tareas, y… no sé si con algo más… porque de cuando en cuando me aparecía con alguna marca…, pero en fin, en su vida sexual paso de meterme. Después de todas las compras, regresé al dormitorio con seis peluches tamaño Junsu y mi cartera casi vacía de wons… menos mal que mi amiguito del alma me tiene compasión, y de seguro me invitará a comer en los días que me quede con cero y sin coma.
Empezado ya el segundo trimestre, me llamó el director de la residencia, para hacerme saber que habían solicitado plaza, por lo que debía ordenar el dormitorio, haciendo sitio a mi nuevo compañero, enseñarle dónde se encontraba todo, y ser amable con él, pues venía transferido de otro lugar.
Aún recuerdo cuando lo vi… algo más alto que yo, moreno, de rasgos suaves, pero de voz profundamente varonil… ok, es cierto que no pensé eso exactamente de su voz la primera vez, pero ahora no consigo escucharla de otra forma, es que… es tan distinta a la mía… cuando susurra, se le oye tan sexy…
Sí, es lo que estáis pensando… estoy enamorado de mi compañero de cuarto… solo que para él… me parece que ni existo, en esos términos… porque nos llevamos bien, hablamos, reímos, jugamos… compartimos un montón de gustos y de cosas… pero él sólo me ve como amigo…
Hoy me he pasado todo el día mirándolo… hay algo raro en él… algo distinto a lo de siempre, y mira que ha pasado ya un año desde que nos conocimos, así que lo conozco perfectamente, sé todas y cada una de sus manías… pero… hoy no descubro que es eso diferente que tiene…
-          Junsu, ah… Junsu! –me acaba gritando.
-          Eh… lo siento… qué me decías Yoochun?
-          Que si viste mi diccionario de latín.
-          Sobre el escritorio, justo donde lo dejaste anoche.
-          Gracias…
No es su forma de actuar, sigue tan despistado como siempre, y luego se queja de mí…
Me pongo ultra rojo al darme cuenta de que le estoy mirando el trasero, mientras él anda buscando sus zapatillas bajo la cama; y en cuanto se levanta y presiento que va a mirarme, mis súper actos reflejos, se ponen en marcha, volteo la cara a la tele y mi dedo oprime el botón que cambia de canal, “no hacen nada interesante en ningún sitio… que aburrimiento”, sobre todo porque lo único interesante que encuentro, mide metro ochenta, es moreno y me vuelve loco cuando habla seductoramente en inglés, sin importarme un bledo no entender exactamente lo que dice. Intento centrarme en los programas que están emitiendo, pero no hay manera, en cuanto lo veo moverse, mis ojos van detrás de su anatomía…
Veamos… sigamos buscando ese “algo” distinto que le encuentro hoy… ¿su pelo?, no… aún lleva el último corte que se hizo, aunque con el pelo húmedo de haber recién salido de la ducha, no se le note mucho como es… mejor intento no pensar demasiado en Yoochun bajo la ducha, o el que tendrá que tomársela, pero helada, soy yo…. ¿Los pendientes?... no… aún lleva los que le regalé para su cumpleaños, y no sé porqué me pongo a sonreír como idiota… bueno, sí… siempre hace ilusión que quien te gusta lleve algo que tú le regalaste… y él ni se los ha quitado desde que se los di…. ¿Serán los tatuajes?... a ver… no… no es eso, tiene los mismos con los que por poco me dio un infarto cuando se los vi, porque yo no soy de los que me gusta eso de marcarme el cuerpo, aunque llevo pendiente también, que por cierto, no sé si se habrá dado cuenta, pero llevo la pareja de uno de los que él lleva, sé que es algo tonto, pero… así me hago la ilusión de que somos algo más J
-          Junsu…
-          Dime
-          Viste mis zapatillas?
-          Las mandaste a la lavandería… estaban llenas de mierda… -sigo haciendo como que estoy centradísimo en lo que están emitiendo en ese canal.
-          Pues descalzo…
-          Puedes usar las mías…
-          Mi pie es más grande que el tuyo.
-          Oye! –le grito, al tiempo que me levanto, por primera vez en la mañana, de mi cama- No te sientes sobre Micky… -lo regaño, al tiempo que estiro de mi peluche y lo hago caer de culo al suelo.
-          Auch… eso dolió… -dice sobándose el trasero- cómo puedes llamar Micky a un ratón morado?, si aún fuera como el de Disney…
-          Yo lo llamo como me da la gana, que para algo es mío. –digo abrazándome con fuerza a mi querido peluche… el pobrecito me había dado pena, estaba ahí, solito, en un rincón de la tienda, sin que nadie lo compara, así que yo lo adopté.
-          Vale, vale…
-          Ni se te ocurra… -vuelvo a gritarle, haciendo que se quede parado a mitad de camino de sentarse sobre mi preciosísimo delfín rosa- le plantas tu trasero a Xiah junior y te pongo más morado que a Micky, ratón del mal. –le amenazo, al tiempo que estrujo también a mi delfincito.
-          Ratón del mal?... –ups… con las hormonas tan disparadas como él solo me las puede poner, sólo con que esté delante… hasta algunos cuentos infantiles que había leído, parecían tener doble sentido para mí, y en uno de los últimos, me imaginé a Yoochun como un ratón que me devoraba cual si yo fuera rico quesito…
-          Olvídame… pero vuelve a aplastar algún peluche mío… y lamentarás haber conocido a Junsu ¬¬ -mis muñecos son sagrados.
-          Ok, ok… sólo buscaba algo sobre lo que sentarme para ver la tele, de la que, por cierto, te has acaparado…
-          Pero si tú casi nunca la ves… -y yo desde que te conozco tampoco, aunque haga como que sí XD…
-          Pues hoy me apetece, mira por donde… -gracias tiempo, por ser verano… dios… que bueno que está… y como me gusta y me pone verlo sin camisa, sólo con ese pantaloncito fino del pijama… que juro que me deja ver e intuir más de lo que quisiera… *babas…*
-          Pues siéntate en el suelo… hace calor… -y así aprovecho y te veo bien visto XD
-          Paaaaaaaaaaso… no quiero que me duela más el trasero. –dijo sobándoselo otra vez- que el tuyo venga acolchado de serie, no significa que el mío también.
-          Me estás llamando culón? ¬¬
-          Jajaja, perdona… -rió, al tiempo que se sentó a mi lado en la cama.
-          No te perdono… -hice mi famoso puchero de enfado.
-          Pleaseeeeeeeeeeeeeee –odio que sepa, porque creo que lo sabe, que mi punto débil es escucharle hablar en inglés con esa voz tan ronca y sexy… *babas al cuadrado*- vamos… Junsu… -decía pinchándome en el carrillo con el dedo- es que es dificilísimo no fijarse en esa S-line que tienes…
-          En qué? –es algo referente a mi anatomía?, se fijó en mi cuerpo? Como sea eso… me da un ataque…
-          Que tienes un cuerpo muy lindo. –creo que mis venas entraron en colapso… tengo que estar rojo fosforito e irradiante… siento ardiendo cada poro de mi piel.
-          Ya… ya… no digas tonterías, y calla que no me dejas ver televisión… -como sigas por ahí… te ato a la cama y te violo… que no tienes ni idea de las ganas que te tengo…
-          Ok… permisito… -me pide, mientras levanta una de mis manos, y pone su cabeza sobre mis piernas.
-          Yoo… Yoochun… -respiro acelarado y tengo que tragar saliva para no ahogarme…
-          Así estoy más cómodo, no te importa, verdad? –importarme? A mí?...
-          No… tú mismo… -le respondo, al tiempo que sitúo mi mano sobre su brazo, e, instintivamente, suelto el mando que tenía en la otra, y empiezo a hacerle piojito.
-          Junsu…
-          Dime… -aunque estoy que me muero de la vergüenza, no sé porqué, no dejo de hacérselo.
-          Será culpa tuya si me quedo dormido… otra vez -rió- lo que estás haciendo me relaja mucho.
-          Oh…-digo al fijarme en el programa que emitían, siendo consciente de la hora y el día- ¿que hoy no sales con tus amigos?
-          No… no me apetece estar de carabina… -dice removiéndose en mi regazo, buscando ponerse más cómodo.
-          Que ya encontraron novia?
-          Algo así…
-          Y yo que pensaba que serías tú el que se las llevaría de calle… -un tío tan guapo, insinuándote cosas, en inglés, al oído, con esa timbre tan sensu y sexual que tiene… al menos a mí me pone.
-          No me llama la atención ninguna…

Qué narices hace la mano de Yoochun entre mis piernas?... como suba unos centímetros más… se va a liar la de Sodoma y Gomorra…. Pero por más nervioso que me esté poniendo, por miedo a que descubra que me estoy empalmando, es justo eso, esa sensación… que no lo hago detenerse, ni le llamo la atención, ni le digo nada… dejo que siga regalándome caricias.

lunes, 23 de abril de 2018

Casado por obligación, amante por devoción


-          No… no… -negaba con la cabeza
-          Pero tú preguntaste.
-          No quiero saber… -tapándose los oídos- lalalalá
-          Pero…
-          ¿Ocurre algo? –preguntó Yoochun, con su mirada de mala ostia habitual, cada vez que veía a Hyuk a solas con Junsu, que sí, que sabía que sólo eran amigos, pero si el mono tenía novia, ¿por qué tenía que seguir viniendo?
-          Oh, bienvenido a casa Yoochun. –le sonrió ampliamente, besándole en los labios, sin ningún tipo de reparo
-          Argh… en mi cerebro, directo a mi cerebro ha ido esa imagen…. –se quejó el amigo
-          ¿Algún problema con que lo bese? –casi que sonó más a amenaza que a una pregunta en sí, al tiempo que lo abrazaba posesivamente
-          Ay, ya… no empieces, Yoochun… -se quejó Junsu, sin separarse mucho de él- tus celos no tienen caso, ¿que no te quedó claro anoche que sólo tengo ojos para ti? –preguntó de forma sensual
-          Argh… demasiada información para mi gusto… -dijo con cara de asco- lalalalá… no quiero saber nada más…. –empezó a canturrear mientras salía de la casa
-          ¿Qué quería? –preguntó, esquivando, por quinta o sexta vez, el beso que Junsu intentaba darle en los labios; haciendo que éste hinchase los mofletes, claramente molesto
-          Esto, Park Yoochun. –le increpó, entregándole de forma violenta una tarjeta
-          ¿Se casa?
-          Sí, se casa, y vino a invitarnos.
-          Oh. ¿Mi beso? –pidió, volviendo a buscarle y abrazarle por la espalda
-          No te lo mereces, por rata celosa… -dijo, girándose entre sus brazos, encarándole- pero bueno… te lo doy. –besándole de forma lenta
Esa noche, para la cena, estarían presentes las dos madres, que, por algún motivo que desconocían, no se presentaron ayer. Junsu se metió en la cocina para empezar a prepararla, mientras él había salido a comprar algunas cosas que hacían falta. Cuando regresó, no le gustó lo que vio sobre la mesa del salón. Delante de su madre y la de Junsu, había varias fichas o perfiles con foto de mujeres.
-          Mamá, sabes que te quiero, pero no pienso dejar a mi esposo. –dijo entrelazando sus dedos
-          Oh, no cariño… no es eso… yo no te pediría que lo dejases. –respondió la mujer- Las dos estamos encantadas de que estéis tan bien, ¿verdad? –preguntó a la señora Kim
-          Sí.
-          ¿Entonces? –preguntó Junsu
-          Bueno… por mucho que os queráis, como ambos sois hombres y es genéticamente imposible, es obvio que necesitaréis ayuda…
-          ¿Ayuda? ¿para qué? –preguntó Yoochun
-          ¿No es obvio? –preguntó la señora Park- Como toda madre que se precie, que ha casado a su hijo, estoy deseando que me hagas abuela…
-          ¿Qué? –preguntó, poniéndose casi tan blanco como la pared
-          Y estas mujeres son vientres de alquiler y donantes de óvulos para parejas que no pueden tener bebés de forma natural, a través de fecundación in vitro; estábamos escogiendo a ver quién sería la más adecuada… -terminó de decir la madre de Junsu
Ambos se miraron incrédulos, mientras las dos mujeres volvían a “discutir” cuál de las distintas candidatas era la más idónea, luego se sonrieron y se abrazaron tiernamente. En los dos había cruzado la misma idea, “sería genial ser una familia completa”. Después de cenar, se sentaron con sus madres y empezaron a ver los perfiles que ambas habían seleccionado.

-          Yoochun, ¿cómo crees que sea nuestro hijo?
-          No lo sé.
-          Espero que se parezca a ti. –sonrió- la madre biológica es guapa, pero definitivamente tú eres mucho más sexy. –añadió, pícaramente divertido. Yoochun sonrió, frotándole la espalda
-          Después tendremos uno igual que tú.
-          ¿Crees que se nos dará bien cuidar de ellos?
-          ¿Crees que nos van a dejar solos cuidando de ellos?
-          No… -rió, consciente de que las abuelas estarían casi todos los días en la casa
-          Ya pueden pasar a conocer a su hijo. –dijo el doctor de la clínica privada, a la que habían acudido para que la escogida diera a luz.
Después del matrimonio, éste había sido el siguiente paso lógico para los dos.


Fin

lunes, 16 de abril de 2018

Casado por obligación, amante por devoción

Al día siguiente, entre unas cosas y otras, Yoochun no continuó con lo último que le estaban diciendo la noche anterior, y lo prefería, porque le dolería escucharle decir la palabra separación, aunque fuera como una opción que él no iba seguir.
Como su suegra ya sabía la verdad, se vistió como normalmente lo hacía en casa de su madre, recogió la ropa que se habían quitado anoche y la bajó a la lavadora; se acercó a la cocina y leyó la nota que la señora Park había dejado pegada en la nevera, en la que le indicaba que hoy pasaría todo el día con su madre, para recuperar el tiempo perdido de contacto, y ponerse al día, se sentó en una de las sillas y tomó una taza de café con algunas galletas, recogió todo y, dado que no tenía que trabajar ese día, se dispuso a ordenar la casa.

Cuando llegó a casa, no le gustó nada la escena que presenció, y, si tiempo atrás había sido Hyuk Jae quien lo miraba mal, esta vez era al contrario, sentía que quería matarlo con la mirada, meter el cuerpo en un cohete y mandarlo directo al sol, donde nadie encontraría su cadáver.
-          Esto… adiós. –fue lo único que dijo, antes de salir escopeteado por la puerta.
-          ¿Por qué te abrazaba?
-          Porque está feliz.
-          ¿Por qué?
-          Porque le salió novia.
-          ¿Novia? –con cierto tonillo que a Junsu no le gustó nada
-          Sí, Yoochun, novia, acabado en a, una chica, o sea, que no soy  yo.
-          Lo siento. –se disculpó y quiso abrazarle, pero no supo si era oportuno, así que se quedo quieto
-          Ya te lo dije, sólo somos amigos.
-          Lo sé, pero…
-          No puedes evitarlo, ¿no?
-          No…
-          Yoochun, el mono no para un instante y es demasiado posesivo, casi controlador…
-          ¿El mono?
-          Oh, el apodo de Hyuk.
-          ¿Yo no tengo?
-          Ahora mismo serías rata celosa. –rió
-          ¿Rata celosa?
-          Yo me entiendo. –sonrió levemente sonrojado, recordando las noches en las que, al dormir abrazados, había notado el “ratón” de Yoochun “haciendo la ronda nocturna”
-          Junsu… -“ay no… ahí va otra vez…” pensó- ¿Por qué sigues aquí, conmigo?
-          Si tengo que responderte a esa pregunta, es que eres tonto del culo, Park Yoochun…
No hizo falta nada más. Ni un “te quiero” había abandonado los labios de ninguno de los dos, que habían encontrado una mejor forma de decirlo, sin necesidad alguna de palabras. Y es que, en ocasiones, valen más los hechos que toda la grandilocuencia de un discurso que puede ser ensayado y vacío, carente de todo sentimiento real.
Sus cuerpos se abrazaban, acoplándose a la perfección, logrando que apenas quedase piel que no tuviera algún tipo de contacto; sus bocas danzaban en la sensual cadencia de los besos lentos, ansiosos por deleitarse en cada sensación del roce de sus lenguas, sus labios y el combinado de sus salivas y alientos.

lunes, 9 de abril de 2018

Casado por obligación, amante por devoción

La madre de Yoochun recibió el alta, aunque debía ir regularmente a revisión, por lo que acabó viviendo con él y su “esposa” en el apartamento que habían alquilado. Cada noche le pedía perdón a Junsu por obligarle a mantener la mentira, haciendo que se vistiera de mujer prácticamente las veinticuatro horas del día; pero él siempre le regalaba una sonrisa y le decía que no pasaba nada, que no había problema. Queriendo compensar aquellos gestos, de cuando en cuando, sobre todo cuando su sueldo se lo permitía, le regalaba algún que otro ramo de flores.
Cada día que pasaba, Junsu lo veía más claro; su madre estaba encantada, lo notaba en su voz cada vez que la llamaba para preguntarle por cómo se hacía tal o cual comida, en qué programa poner la lavadora o cómo se planchaban las camisas. Su suegra también le tenía cariño, siempre agradeciéndole con una sonrisa cada vez que le acompañaba al médico, y ayudándole en casa cuando debía irse a trabajar, ya que le habían dicho que era modelo, y le habían enseñado las revistas donde aparecía. Yoochun también le agradecía todo lo que hacía y le mimaba de cuando en cuando; no se le había escapado que, gracias a que él había llamado a su madre y pedido que se quedase con la suya, habían podido pasar tiempo en el campo de fútbol, donde el muy vago prefería sentarse y verlo jugar, o se habían ido al parque de atracciones… momentos en los que habían estado juntos, con él vestido con su ropa, sin pretender ser alguien distinto a Junsu.

-          ¿Qué tú qué? –preguntó completamente escandalizado
-          Ni una palabra Hyuk Jae. –amenazó completamente serio
-          Pe… pero… -volvió a amenazarle con el dedo
-          ¿Qué ocurre? –preguntó Yoochun, entrando en la cocina
-          Nada. –sonrió Junsu, más viendo la mirada que su marido le dedicaba a su amigo
-          Na… nada, yo… me voy…. –se levantó y se fue, intentando procesar mentalmente lo que su amigo le acababa de decir, “estoy enamorado de Yoochun, y… estoy pensando que si él me quiere, que creo que sí… voy a perder la virginidad con él”
-          ¿Y a ese que le pasa? –preguntó molesto
-          Nada. –respondió, dispuesto a jugar con lo que parecía un ataque de celos
-          Se le veía muy nervioso. –se acercó lentamente, pegándose a él
-          Cosas suyas.
-          Y tuyas, ¿no?
-          Sólo somos amigos, Yoochun, nada más. –le respondió, girando su rostro para verle, quedando sus labios bastante cerca, tanto, que él deseaba que le besase
-          Está bien. –dijo dando un paso atrás- Perdona. –alejándose más aún
-          Yoochun. –le llamó, no quería eso- ¿Qué tal tu día?
-          Una mierda. –respondió, dejándose caer sobre una de las sillas de la cocina
-          ¿Y eso? –soltando el cuchillo con el que había estado troceando la verdura para la comida y limpiándose las manos
-          Me sancionaron… voy a tener que trabajar más horas toda la semana…
Junsu ahogó en sus labios la siguiente pregunta, se veía que Yoochun no quería hablar del tema, además, su suegra entró al poco, preguntando si quería que le ayudase con la comida.

Como todas las noches, cuando se iba a dormir, Junsu se había quitado la peluca y todo lo demás, se había puesto el pijama, metido en la cama y abierto el libro para leer un poco, algo que sobre todo estaba haciendo últimamente, desde que Yoochun había sido sancionado. Le resultaba terriblemente difícil conciliar el sueño si él no estaba allí, compartiendo la cama, sobre todo porque, a eso de mitad de la noche, acababa abrazándolo, y sus alientos se entremezclaban de forma tan dulce, que le calmaban la ansiedad que todo su cuerpo tenía de sentirle. De pronto un golpe, hizo que soltase de golpe el libro y saliera corriendo hacia la habitación donde dormía su suegra, encontrándola en el suelo; se la cargó a la espalda y la llevó corriendo al hospital.

Las cuatro de la mañana. Junsu estaría despierto, esperándolo, para preguntarle que tal le había ido el día,  y él se sentía culpable por hacerlo trasnochar; por un lado quería decirle que no hacía falta que estuviera despierto, pero por otro, debía reconocer que le encantaba el llegar a casa y que él lo recibiera con una sonrisa, por lo que no acababa de decir lo primero nunca. El ver las luces del salón encendidas a esa hora le chocó.
-          ¿Junsu? –entró preocupado, hasta que lo vio con una taza de té en la mano, sentado tranquilamente, con su sonrisa habitual, a la mesa del comedor- Su, si mi madre se despierta podría ver… te. –calló, al ver a su progenitora sentada, con otra taza en la mano, justo en la silla de enfrente- Mamá…
-          No te preocupes cielo, -dijo Junsu- tu mami y yo nos llevamos muy bien, ¿a que sí?
-          Sí. Bueno, yo me voy ya a dormir, os dejo solo para que habléis. Buenas noches.
-          Buenas noches. –le sonrió Junsu.
-          Buenas noches. –le dio un beso en la mejilla Yoochun- ¿Se puede saber qué ha pasado?
-          Mm –Junsu se debatía entre contarle la verdad o guardar la promesa hecha a su suegra- Tu madre se desmayó. –ganó el no querer mentirle nunca
-          ¿Qué? Mamá… -fue en su busca
-          ¿No habíamos quedado en que era un secreto? –le regañó un poco a Junsu, quien bajo la cabeza, gesto que le hizo entender y sonreír- estoy bien. De hecho, si le hubieras dejado terminar de explicarte, sabrías qué pasó. En fin, voy a descansar, que es lo que me recomendó el médico.
-          ¿Junsu? –preguntó, siguiéndolo hacia el salón
-          Simplemente apoyó mal el pie y se torció el tobillo.
-          Me había asustado. –respiró aliviado
-          Yo también. Cuando fui a su cuarto y se quejaba de que le dolía, ni me fijé en qué se señalaba… la cargué en mi espalda y fui al hospital.
-          Gracias, pero… ¿por qué no me llamaste?
-          Porque estaba yo aquí, y no quería preocuparte. –Yoochun le abrazó con fuerza
-          Gracias… de verdad… por todo.
-          No tienes por qué darlas, Yoochun, lo hago con gusto. –devolviéndole el abrazo
-          Junsu… -las palabras se le atoraban en la garganta, porque las que sentía que tenía que decir, no quería pronunciarlas
-          ¿Sí? –silencio, que para él valía más que todas las palabras del mundo, más que el discurso más hermoso de amor, porque aún estaba entre sus brazos y sentía como lo apegaba más a él- ¿Por qué te sancionaron?
-          Porque les tiré una revista, donde aparecías tú, a uno de los directivos. –Junsu se separó un poco, ¿podía ser que se hubiera equivocado leyendo las señales?, y lo miró confundido- Era el último reportaje que hiciste, ese de los vaqueros tan ajustados… -rehuyó un poco la mirada- estaban hablando sobre tu trasero y diciendo barbaridades y yo… me mosqueé…
-          Y les tiraste la revista… -rió flojo- Yoochun ah, soy un chico, ellos estaban hablando de  tirarse a una tía que ni siquiera existe.
-          Pero tú si existes y el trasero es tuyo, y no me hizo gracia. –puchereó
-          Ay… ¿Qué voy a hacer contigo, Park Yoochun? –se quejó, falsamente molesto
-          Junsu… -era cierto, él era un chico, ambos eran hombres, y, aunque no quisiera, tenía que decirlo- yo… no quiero obligarte a estar conmigo, ahora que mi madre ya sabe la verdad… no tiene caso que… -Junsu selló sus labios con un dedo

-          Sh… es hora de dormir.

lunes, 2 de abril de 2018

Casado por obligación, amante por devoción

Al cabo de unas horas, en las que Yoochun se la había pasado entre trabajando a través del teléfono, tomando notas en su agenda y picoteando de la ración de patatas que había pedido en el burguer cercano, regresó a la casa de los Kim, en cuanto los vio frente a la misma. Junsu subía, con aire cansado, las escaleras hacia su dormitorio, y, conforme dejó caer las bolsas sobre el suelo, hizo lo propio con su cuerpo sobre la cama, “estoy muerto”.
Una mirada asesina le atravesó la espalda, provocándole un escalofrío que le recorrió el cuerpo entero. Hyuk Jae lo miraba de mala manera, desde la puerta del dormitorio; si bien, Yoochun no le hizo caso; se fue directo hacia la cama y, sentándose, le preguntó
-          ¿Qué te pasa, Junsu?
-          Hoy fuimos en busca del “traje ideal” de novia… -suspiró, girando la cabeza para verlo- Mi madre me ha llevado por todas las tiendas de novias que se conoce en Seúl… y, créeme, no es lo mismo estar un par de horas sobre unos tacones, que toda la santa tarde yendo de un lado a otro encaramado en ellos… tengo los pies hechos polvo. –puchereó y volvió a hundir la cabeza en el mullido edredón.
-          Déjame a mí. –dijo riendo, mientras le quitaba los zapatos de tacón y comenzaba a masajearle los pies, provocando algún que otro gemido ahogado- ¿Mejor?
-          Uhm, uhm. –asintió- Oh… qué bien…
-          Dais grima… -dijo Hyuk Jae, estremeciéndose al escuchar el gemido más sonoro de Junsu
-          Pienso contratarte para que me des masajes después de cada sesión. –dijo, incorporándose un poco
-          No te hará falta, vamos a casarnos, ¿recuerdas? –sonrió
-          O sea, que lo vas a tener gratis. –puntualizó Hyuk- Espera, espera… creía que todo iba  a ser una pantomima… ¿Qué acaso vais a poneros a vivir juntos?
-          Pues, en principio, esa es la idea. –respondió Junsu, sentándose en la cama, dando por finalizado la sesión de masaje, que había dejado sus pies como nuevos- Es decir, no sabemos por cuánto tiempo, pero
-          Tenéis que hacer el paripé completo, ¿no? –Yoochun asintió.

La señora Park fue trasladada al hospital de Seúl, donde había mejores especialistas del corazón, y su hijo podría cuidarla mejor, al tiempo que preparaba lo necesario para la boda. Estaba encantada con la idea de que Yoochun sentase la cabeza, aunque le costaba creer que se hubiera enamorado tan rápido de una chica, como para pedirle matrimonio en apenas un mes; pero el amor es así de caprichoso, y la joven era una auténtica belleza. Sólo esperaba y rezaba porque no le saliera rana, igual que le había pasado a ella.
Yoochun no entendía qué demonios le pasaba a Hyuk Jae con él, es decir, se estaba portando genial con Junsu, se esforzaba en dejarlos a solas cuando él llegaba a jugar con su amigo, y le recordaba que él no quería separarlos ni nada por el estilo; aún así, seguía notando miradas escudriñadas, como si intentasen ver hasta los puntos negros de su alma, buscando algún tipo de secreto inconfesable….
-          Déjalo. –dijo Junsu- Hyuky es así… -buscando qué ropa ponerse, para ir a ver a su futura suegra al hospital
-          Enserio… ya no sé qué más hacer para que deje de mirarme  como si fuera un criminal; ni que le estuviera robando lo más valioso… -renegó, bajando el rostro, antes de subirlo súbitamente, acababa de comprender algo- ¿No será que está enamorado de ti?
-          No. –dijo completamente seguro, mientras se vestía- Ya te dije, Hyuk es así. Mira, tenemos un amigo que se casó hace poco… me alcanzas los zapatos planos negros, por favor
-          Mejor las botas, creo.
-          Tienes razón. –tendió la mano y las cogió- Como te decía, hace cuatro  meses o así que un amigo común se casó, y la pobre ha tenido que aguantar esa misma actitud hasta hace poco, cosa de un mes.
-          Hasta que entré yo en el campo de visión… -se lamentó
-          Sí. –dándole una gargantilla, apartando el pelo para que él pudiera abrochársela mejor- Hyuk Jae es muy protector con la gente que le importa. Gracias. –giró y le sonrió- Por eso, no se lo tomes en cuenta, sólo… se preocupa por mí. –Yoochun resopló en una sonrisa, tendría que hacerse a la idea de que el mejor amigo de Junsu era así, y que sólo dejaría de ser el “enemigo a vigilar” en cuanto apareciera otra pareja para cualquier amigo, o la mencionada con anterioridad le pusiera los cuernos.


El día de la boda, en el juzgado, cuando el juez de paz que los casaba pronunció las palabras “quien tenga algo en contra de esta unión, que hable ahora o calle para siempre”, Yoochun temió que Hyuk Jae, presente, dijera algo, pero se mantuvo observando en silencio. Entonces llegó el momento del beso, algo en lo que no habían pensado, al menos él, y no habían ensayado. Se le hizo un nudo en la boca del estómago, todo su cuerpo temblaba casi imperceptiblemente, estaba realmente nervioso. Sólo hasta que Junsu, que estaba completamente preciosa con el traje que había escogido su madre, el maquillaje y todo lo demás, le apretó la mano. En cuanto giró a mirarlo y él le sonrió, sólo existía esa imagen; después le vio cerrar lentamente los ojos y entreabrir los labios, invitándolo a besarle, y él no tardó en responder a aquella invitación, acariciándole lentamente la mejilla, antes de que sus bocas se encontraran en el primer beso que se daban. Se sorprendió de encontrarlo placentero, más aún cuando los labios de Junsu respondieron al movimiento de los suyos.