Al cabo
de unas horas, en las que Yoochun se la había pasado entre trabajando a través
del teléfono, tomando notas en su agenda y picoteando de la ración de patatas
que había pedido en el burguer cercano, regresó a la casa de los Kim, en cuanto
los vio frente a la misma. Junsu subía, con aire cansado, las escaleras hacia
su dormitorio, y, conforme dejó caer las bolsas sobre el suelo, hizo lo propio
con su cuerpo sobre la cama, “estoy muerto”.
Una
mirada asesina le atravesó la espalda, provocándole un escalofrío que le
recorrió el cuerpo entero. Hyuk Jae lo miraba de mala manera, desde la puerta
del dormitorio; si bien, Yoochun no le hizo caso; se fue directo hacia la cama
y, sentándose, le preguntó
-
¿Qué te pasa, Junsu?
-
Hoy fuimos en busca del “traje ideal” de novia… -suspiró, girando la
cabeza para verlo- Mi madre me ha llevado por todas las tiendas de novias que
se conoce en Seúl… y, créeme, no es lo mismo estar un par de horas sobre unos
tacones, que toda la santa tarde yendo de un lado a otro encaramado en ellos…
tengo los pies hechos polvo. –puchereó y volvió a hundir la cabeza en el
mullido edredón.
-
Déjame a mí. –dijo riendo, mientras le quitaba los zapatos de tacón y
comenzaba a masajearle los pies, provocando algún que otro gemido ahogado-
¿Mejor?
-
Uhm, uhm. –asintió- Oh… qué bien…
-
Dais grima… -dijo Hyuk Jae, estremeciéndose al escuchar el gemido más
sonoro de Junsu
-
Pienso contratarte para que me des masajes después de cada sesión.
–dijo, incorporándose un poco
-
No te hará falta, vamos a casarnos, ¿recuerdas? –sonrió
-
O sea, que lo vas a tener gratis. –puntualizó Hyuk- Espera, espera…
creía que todo iba a ser una pantomima…
¿Qué acaso vais a poneros a vivir juntos?
-
Pues, en principio, esa es la idea. –respondió Junsu, sentándose en la
cama, dando por finalizado la sesión de masaje, que había dejado sus pies como
nuevos- Es decir, no sabemos por cuánto tiempo, pero
-
Tenéis que hacer el paripé completo, ¿no? –Yoochun asintió.
La
señora Park fue trasladada al hospital de Seúl, donde había mejores
especialistas del corazón, y su hijo podría cuidarla mejor, al tiempo que
preparaba lo necesario para la boda. Estaba encantada con la idea de que
Yoochun sentase la cabeza, aunque le costaba creer que se hubiera enamorado tan
rápido de una chica, como para pedirle matrimonio en apenas un mes; pero el
amor es así de caprichoso, y la joven era una auténtica belleza. Sólo esperaba
y rezaba porque no le saliera rana, igual que le había pasado a ella.
Yoochun
no entendía qué demonios le pasaba a Hyuk Jae con él, es decir, se estaba portando
genial con Junsu, se esforzaba en dejarlos a solas cuando él llegaba a jugar
con su amigo, y le recordaba que él no quería separarlos ni nada por el estilo;
aún así, seguía notando miradas escudriñadas, como si intentasen ver hasta los
puntos negros de su alma, buscando algún tipo de secreto inconfesable….
-
Déjalo. –dijo Junsu- Hyuky es así… -buscando qué ropa ponerse, para ir
a ver a su futura suegra al hospital
-
Enserio… ya no sé qué más hacer para que deje de mirarme como si fuera un criminal; ni que le
estuviera robando lo más valioso… -renegó, bajando el rostro, antes de subirlo
súbitamente, acababa de comprender algo- ¿No será que está enamorado de ti?
-
No. –dijo completamente seguro, mientras se vestía- Ya te dije, Hyuk
es así. Mira, tenemos un amigo que se casó hace poco… me alcanzas los zapatos
planos negros, por favor
-
Mejor las botas, creo.
-
Tienes razón. –tendió la mano y las cogió- Como te decía, hace
cuatro meses o así que un amigo común se
casó, y la pobre ha tenido que aguantar esa misma actitud hasta hace poco, cosa
de un mes.
-
Hasta que entré yo en el campo de visión… -se lamentó
-
Sí. –dándole una gargantilla, apartando el pelo para que él pudiera
abrochársela mejor- Hyuk Jae es muy protector con la gente que le importa.
Gracias. –giró y le sonrió- Por eso, no se lo tomes en cuenta, sólo… se
preocupa por mí. –Yoochun resopló en una sonrisa, tendría que hacerse a la idea
de que el mejor amigo de Junsu era así, y que sólo dejaría de ser el “enemigo a
vigilar” en cuanto apareciera otra pareja para cualquier amigo, o la mencionada
con anterioridad le pusiera los cuernos.
El día
de la boda, en el juzgado, cuando el juez de paz que los casaba pronunció las
palabras “quien tenga algo en contra de esta unión, que hable ahora o calle
para siempre”, Yoochun temió que Hyuk Jae, presente, dijera algo, pero se
mantuvo observando en silencio. Entonces llegó el momento del beso, algo en lo
que no habían pensado, al menos él, y no habían ensayado. Se le hizo un nudo en
la boca del estómago, todo su cuerpo temblaba casi imperceptiblemente, estaba
realmente nervioso. Sólo hasta que Junsu, que estaba completamente preciosa con
el traje que había escogido su madre, el maquillaje y todo lo demás, le apretó
la mano. En cuanto giró a mirarlo y él le sonrió, sólo existía esa imagen;
después le vio cerrar lentamente los ojos y entreabrir los labios, invitándolo
a besarle, y él no tardó en responder a aquella invitación, acariciándole
lentamente la mejilla, antes de que sus bocas se encontraran en el primer beso
que se daban. Se sorprendió de encontrarlo placentero, más aún cuando los
labios de Junsu respondieron al movimiento de los suyos.
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