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lunes, 16 de abril de 2018

Casado por obligación, amante por devoción

Al día siguiente, entre unas cosas y otras, Yoochun no continuó con lo último que le estaban diciendo la noche anterior, y lo prefería, porque le dolería escucharle decir la palabra separación, aunque fuera como una opción que él no iba seguir.
Como su suegra ya sabía la verdad, se vistió como normalmente lo hacía en casa de su madre, recogió la ropa que se habían quitado anoche y la bajó a la lavadora; se acercó a la cocina y leyó la nota que la señora Park había dejado pegada en la nevera, en la que le indicaba que hoy pasaría todo el día con su madre, para recuperar el tiempo perdido de contacto, y ponerse al día, se sentó en una de las sillas y tomó una taza de café con algunas galletas, recogió todo y, dado que no tenía que trabajar ese día, se dispuso a ordenar la casa.

Cuando llegó a casa, no le gustó nada la escena que presenció, y, si tiempo atrás había sido Hyuk Jae quien lo miraba mal, esta vez era al contrario, sentía que quería matarlo con la mirada, meter el cuerpo en un cohete y mandarlo directo al sol, donde nadie encontraría su cadáver.
-          Esto… adiós. –fue lo único que dijo, antes de salir escopeteado por la puerta.
-          ¿Por qué te abrazaba?
-          Porque está feliz.
-          ¿Por qué?
-          Porque le salió novia.
-          ¿Novia? –con cierto tonillo que a Junsu no le gustó nada
-          Sí, Yoochun, novia, acabado en a, una chica, o sea, que no soy  yo.
-          Lo siento. –se disculpó y quiso abrazarle, pero no supo si era oportuno, así que se quedo quieto
-          Ya te lo dije, sólo somos amigos.
-          Lo sé, pero…
-          No puedes evitarlo, ¿no?
-          No…
-          Yoochun, el mono no para un instante y es demasiado posesivo, casi controlador…
-          ¿El mono?
-          Oh, el apodo de Hyuk.
-          ¿Yo no tengo?
-          Ahora mismo serías rata celosa. –rió
-          ¿Rata celosa?
-          Yo me entiendo. –sonrió levemente sonrojado, recordando las noches en las que, al dormir abrazados, había notado el “ratón” de Yoochun “haciendo la ronda nocturna”
-          Junsu… -“ay no… ahí va otra vez…” pensó- ¿Por qué sigues aquí, conmigo?
-          Si tengo que responderte a esa pregunta, es que eres tonto del culo, Park Yoochun…
No hizo falta nada más. Ni un “te quiero” había abandonado los labios de ninguno de los dos, que habían encontrado una mejor forma de decirlo, sin necesidad alguna de palabras. Y es que, en ocasiones, valen más los hechos que toda la grandilocuencia de un discurso que puede ser ensayado y vacío, carente de todo sentimiento real.
Sus cuerpos se abrazaban, acoplándose a la perfección, logrando que apenas quedase piel que no tuviera algún tipo de contacto; sus bocas danzaban en la sensual cadencia de los besos lentos, ansiosos por deleitarse en cada sensación del roce de sus lenguas, sus labios y el combinado de sus salivas y alientos.

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