TERCER
ACTO
Yoochun notó que alguien se acercaba a
él, pero no giró para encararlo, qué importaba quien fuera?, nadie le haría
cambiar de su propósito, que no sabía por qué no había hecho aún … Sólo una
persona podría hacerlo, pero esa… jamás lo haría, no después de lo sucedido
entre ellos…
-
Yoochun ah…- esa dulce voz, temblorosa por el
llanto, rompió el silencio y lo hizo mirar
-
Junsu…
-
Así cumples tus promesas?, estás dispuesto a
dejarme solo?
-
No… Dios sabe que jamás te dejaría solo… pero
también el daño que te hice…
-
Y crees que perderte no me lo hará?, crees que
si desapareces… todo estará bien? Pues no Park Yoochun, si me dejas… nada
estará bien… y… y mi sufrimiento no desaparecerá… sólo… cambiará su forma.
-
Junsu…
-
Yoochun… si es verdad lo que me decías en la
carta…
-
Sí… me gustaría que me perdonases…
-
No te arrepientes de …
-
No… no me arrepiento de haberte hecho mío… sólo
de la forma en la que lo hice…- las lágrimas volvían a recorrer el rostro de
ambos.
-
Pues… pues… demuéstrame cuan dulce puedes ser…-
dijo sonrojado, pero con sus ojos clavados en los del mayor.- Porque si me
alejé de ti… fue porque temí que no te arrepintieras de cómo lo habías hecho,
que sólo hubiese sido por el alcohol… que en realidad no significase nada para
ti… si me mantuve lejos de ti fue… porque temía que no me amases como yo te
amo.- el mayor abrió sus ojos a más no poder… jamás habría pensado en esa
confesión, su pequeño Junsu le amaba… se había alejado de él para no sufrir,
temiendo que él lo hubiera poseído en un arrebato que no podía controlar….
Yoochun tomó el rostro de Junsu entre
sus manos, y sus labios volvieron a posarse sobre los del delfín, igual que
aquella noche, primero dulcemente, después con más pasión… iba despacio,
dejando que el pequeño le indicase con su cuerpo hasta dónde podía llegar en
cada momento, no quería estropearlo.
-
Junsu…- dijo, cuando se separaron- cómo puedes
perdonarme lo que te hice?, cómo puedes amarme a pesar de eso?
-
Porque… no quería… pero sí quería…. No quería
que fuese porque tú estabas borracho, que me tomases a la fuerza… pero sí
quería, porque eras tú; porque tú serías el primero, y quiero que seas el
único.- dijo besándolo nuevamente.
-
Déjame renovar mi promesa… te prometo que jamás
me alejaré de ti, que jamás te haré daño, te prometo que te amaré hasta que mi
alma me lo permita… que no dejaré que nada ni nadie destruya este vínculo de
amor.
Ambos volvieron a casa
tomados de la mano, sus dedos entrelazados les decía a ellos que había algo
más, algo de lo que ahora los dos eran conscientes, un amor que se habían
jurado, duraría para siempre.
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