La prensa se arremolinaba en las puertas de emergencias del
hospital de Seúl; hacía apenas unas horas, en una actuación en directo, en una
gala benéfica, Jung Yunho, líder del grupo ahora conocido como TVXQ fase 2,
había caído desplomado, sin motivo aparente, sobre el escenario, y el hecho de
que las primeras personas que acudieron a socorrerle a él y al joven Changmin,
que había parecido quedar presa de una fuerte crisis nerviosa al ver
desvanecerse a su compañero, no fueron otros más que los antiguos miembros del
grupo, haciendo notable para los medios que no había la enemistad que SM tanto
predicaba, daba bastante morbo y aseguraba ser noticia de primera plana o de
aquellas que abrieran los informativos y mantuvieran a la gente a la espera de
conocer más detalles. De cuando en cuando, algún miembro del personal del
hospital, salía a pedir un poco de
silencio, por respeto al resto de enfermos, y recordaba que tan pronto
obtuvieran resultados, lo darían a conocer, bueno, si nadie se los impedía.
En la sala de espera de urgencias, y pese a haberse tomado
ya más de un tranquilizante o ansiolítico, Changmin seguía moviendo la pierna
nerviosamente, arropado ahora por JYJ al completo, ya que, aunque Jaejoong
había estado en la ambulancia, por petición de Yunho, que no le soltaba la mano
desde que se la diera, y durante algunas de las pruebas, al final le habían
pedido que saliera y esperase junto a los demás. Un par de horas más tarde, el
doctor que había atendido a Yunho, nada más llegaron, les indicó que ya podían
pasar a la habitación para verlo, pero que debían pasar de uno en uno.
Jaejoong se levantó sin pensar, si bien, a dos pasos de la
puerta, se giró como pidiendo disculpas y permiso, recibiendo ambas cosas de
los tres que estaban en ese momento en la sala; y tan pronto él se perdió tras
la puerta, los padres de Yunho entraron en el hospital, y no es que les sentase
demasiado bien que el médico les prohibiese, por el momento, entrar a ver a su
hijo, puesto que ya había una persona con él en la habitación, y la norma era
bastante clara, no más de uno por visita.
Abrió los ojos; sobre el blanco de la pared, a la que miraba
en ese instante, destacaba el fino y casi transparente tubo del gotero, que
siguió con su mirada hasta su brazo; “son calmantes, creo” pronunció una voz
que conocía estupendamente, no en vano se la había pasado escuchándola nueve
años de su vida a diario, y en estos últimos dos, casi a escondidas; giró el
rostro y se encontró con la mirada de Jaejoong, destilando ternura, feliz de
verlo bien, haciendo que sonriera. “¿Mis padres?” preguntó con la voz algo
seca, “no creo que tarden en llegar” le respondió con la voz calmada, dándole
tranquilidad, justo lo que necesitaba, al tiempo que sentía aquella caricia que
le regalaba en su cabello. Volvió a cerrar los ojos, y se limitó a respirar la
paz, el silencio, la calma, la tranquilidad… a sentir ese leve cosquilleo que
le provocaban los dedos de Jaejoong entrelazándose con los mechones de su
cabello, la calidez que desprendía su cuerpo contra el brazo junto al cual
estaba de pie; dejándose llevar al primer recuerdo que tenía de una situación
similar, cuando intentaron envenenarlo con aquel súper pegamento, y Jae se la
pasó de vigilia a su lado, porque dudaba muy seriamente, que hubiera podido
descansar en aquel incómodo sofá destinado a las visitas. Poco a poco, fue
subiendo su mano, hasta que él se la tomó con esa firmeza y ternura que le
caracterizaba y de la que casi que ellos cuatro eran los únicos conocedores,
dejándolas enlazadas, como tantas veces las habían tenido, tiempo atrás, cuando
TVXQ era una verdadera y gran familia, unida, feliz.
La entrada del médico rompió esa aura, casi mágica, que se
había instaurado en la habitación, más cuando entró un segundo doctor detrás
del primero, augurio, para Jaejoong, de que nada bueno ocurría; que se consumó
cuando el rostro de Yunho se tensó y apretó más fuertemente su mano, haciendo
que se girase hacia él y viera en su cara aquella expresión de dolor tan
terrible, que casi le estaba provocando el llanto, pero que se esforzaba en
retener. “No siento mis piernas…” había
mascullado de forma casi imperceptible, haciendo que se angustiase, más al oír
estas palabras del segundo doctor que entró “lo lamento… pero tal parece que es
irreversible” y bajó su rostro apenado; mientras él… él sólo atinó a abrazar
fuertemente a Yunho, intentando que no se hundiera más, presa del dolor que
debía estar sintiendo, ya no físico, pues ese lo calmaban los calmantes, si no
anímico, ya que sabía lo que suponía para su amigo el hecho de que no volvería
a bailar.
La madre de Yunho no aguantó más, cuando vio a los dos
doctores, con gesto tan serio, salir de la habitación de su hijo, se les acercó
y les preguntó qué era lo que pasaba, apelando a su derecho como madre a saber
cómo se encontraba su hijo, y cuando escuchó la respuesta, se derrumbó,
teniendo que ser sujetada por su esposo, que casi rompe a llorar al escuchar
las palabras de los médicos. Por otro lado, Junsu, Changmin y Yoochun, que
también habían oído “lo sentimos, pero… es bastante probable que Jung Yunho no
pueda volver a caminar…” se quedaron estáticos en ese momento, si bien, tan
pronto los padres del líder empezaron a entrar a la habitación, haciendo oídos
sordos a las recomendaciones del médico, pues sentían que su hijo los
necesitaba más que a nadie ahora mismo, los siguieron; pero en cuanto entraron
y vieron a Jaejoong abrazando a Yunho y a éste sollozando, tembloroso, contra
el pecho del mayor, sobre todo Yoochun, no tuvo ninguna duda, “vámonos
Changmin, ahora mismo sólo necesita refugiarse en Jae, desahogarse con él, como
siempre” dijo, tomando al pequeño de la mano, saliendo junto con Junsu, los
tres de la habitación, seguidos poco después por los padres de Yunho, que aún
seguían un poco abrumados por la escena, y es que, ni siquiera ellos habían
visto a su hijo alguna vez así… de hundido, y a la vez… como con tanta calma…
la que Jaejoong parecía otorgarle en aquel abrazo, y, por primera vez, su madre
se planteó si quizás se había equivocado al juzgar al mayor sin llegar siquiera
a haber querido conocerle más a fondo, como su hijo le pidiera en alguna
ocasión.
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