El doctor le había pedido a Yunho que tuviese cuidado, ya
que su antigua lesión de espalda se estaba reproduciendo otra vez y, si no se
cuidaba y tomaba las medidas oportunas, corría el riesgo de que se le
complicara aún más; pero él sentía que no debía, ni podía, permitirse el lujo
de bajar el ritmo ni la intensidad tanto de los entrenamientos, como de los
ensayos y las mismas actuaciones; no, cuando su futuro parecía pender de un
frágil hilo que ataba una volátil voluntad.
Desde que Jaejoong, Yoochun y Junsu abandonaran SM y
Changmin y él decidieran quedarse, se veían forzados a demostrar su valía casi
a diario, ya no a las fans, que seguían brindándoles su apoyo incondicional, si
no a los mismísimos productores, que una vez apostaron por ellos, quienes le
habían dejado claro, aún hoy en día, que sobrevolaba por encima de sus cabezas
una posible disolución permanente de TVXQ, y que ellos se quedarían, entonces,
sin trabajo; más, aparte, la constante amenaza de un nuevo grupo destinado a
sustituirles, si no alcanzaban un mínimo, que solía variar según lo ánimos de
los jefes, últimamente no demasiado bueno, y que, incluso estando los cinco,
raras veces habían conseguido; y él no iba a permitir que, “de pronto”, Lee Soo
Man, o alguien en su nombre, decidiera que ellos ya no le merecían la pena, y
disolviese, porque sí, lo que era su vida, su sueño… algo tan importante como
el respirar, que lo había llevado a defraudar, a desobedecer a su padre en
parte, hasta que le demostró que era
realmente bueno para ello y triunfó, dejando bien alto el apellido Jung, ya que
lo habían elegido líder, y por tanto, en cierta forma, portavoz del grupo; toda
Asia sabía quienes eran y quienes
seguían siendo, pese a todo.
Quizás, el dolor físico lo sobrellevaba mejor que el
anímico. Acostumbrado a que fuera sólo Jae quien lo viera llorar como niño
pequeño, entre otras, porque al ser el mayor se preocupaba por todos ellos;
debió “adaptarse” a que fuera Changmin quien intentara hacerlo sentir bien y lo
reconfortase cada vez que su ánimo se quebraba; y resultaba duro empezar, casi,
de cero también en este punto, ya que con el pequeño, a pesar de los años
juntos, no tenía tanta confianza como con él, de hecho, seguramente, Jaejoong
era el único que conocía los secretos de todos y cada uno de ellos. Pero el
pequeño Min le había demostrado que podía contar con él, que también quería
luchar, que ambos seguían compartiendo el mismo sueño y que, por desgracia,
ambos estaban pasando el mismo trago amargo.
Pero, pese a todo, Jung Yunho seguía siendo el líder, y se
preocupaba antes por Changmin que por él mismo; soportando, como podía, un
dolor que cada vez se agudizaba más, dejándole, en ocasiones, casi sin aliento;
aunque sobre el escenario, no mostraba signo alguno que hiciera saltar las
alarmas en la productora, y activasen el plan de sucesión de TVXQ.
Esa noche no iba a ser menos. Se tomó algún
antiinflamatorio, más aparte de los remedios naturales que usaba, y se subió al escenario, intentando ocultar,
lo mejor posible, una que otra mueca de dolor, que pudiera dibujarse en su
rostro. Changmin le había dicho que hablara con el manager, por ver si podían
aplazar aquella actuación o cantar a capela, que podrían hacer sentados y así
él no castigaría tanto su espalda, pero se negó, porque aquello supondría
ponerlos sobre aviso, y él aún no estaba dispuesto a tirar la toalla.
Un fuerte crujido, seco; un dolor tan agudo, que lo sintió
como un latigazo por todo su cuerpo; perder unos segundos la consciencia de
donde estaba, y, en silencio, caer como fulminado al suelo, con las primeras
lágrimas saltando de sus ojos.
“Yunho”, había gritado tan fuerte como le habían permitido
sus pulmones, y, raudo, subió al escenario, sintiendo esa ráfaga de flashes y voces ir en aumento. Le
daba lo mismo que SM no quisiera que estuvieran allí, menos, que se acercasen a
ellos dos; pero, habían sido invitados, y ni tan sólo Dios podría haber evitado
que fuera a auxiliar al que, pese a toda la mierda que la productora quería
echar entre ellos, seguía considerando su mejor amigo, alguien para quien era
tan especial como él lo era en vuelta, porque pese a todo… tanto Yunho, como
Changmin, seguían siendo parte de su vida, la más importante y feliz.
En cuanto llegó a su lado, tomó fuerte sus manos e intentó
cubrir con su cuerpo el rostro de Yunho; sabía
perfectamente que a él no le gustaba que lo vieran llorar, como lo
estaba haciendo ahora; así que agradecía a su atuendo, sobre todo a la fina
chaqueta que llevaba sin abotonar, el poder seguir complaciéndolo.
“Jae” en un leve
lamento, en ese sollozo que tan apenas él solía escuchar, y sus manos apretadas
tan fuertemente, en escasamente unos, quizás, segundos, le hicieron ver que
algo no iba bien; de modo que se giró hacia donde estaba Changmin, y lo
encontró llorando, rodeado por Yoochun y Junsu. “Una ambulancia”, gritó, y su
“mate” le indicó que estaba en ello, señalándole su teléfono móvil que, pegado
a su oreja, le daba los primero tonos de llamada, devolviendo, después, su mano
al abrazo que Junsu y él le estaban dando al pequeño, que parecía seguir en
shock o víctima de una gran crisis nerviosa.
En aquel instante, ni Jaejoong, que se encontraba de
rodillas, cubriendo con la parte superior de su cuerpo a Yunho, mientras le
acariciaba la cabeza, ni el líder, ni Changmin, que seguía temblando y llorando
en silencio, ni Junsu, que le frotaba la espalda, ni Yoochun, que lo abrazaba,
después de colgar, echaron en falta que algún miembro de la junta directiva de
SM, presentes casi todos en aquella fiesta, se acercasen y preocupasen por lo
que le había pasado a uno de aquellos “dioses nacientes del este” que había
permanecido fiel; sólo se habían movido aquellos miembros del staff que solían
trabajar con ellos, y que, a base de roce, se habían tomado cariño. Más bien,
alguno de esos jefazos, había llamado indicando que acelerasen los preparativos
para el debut de los chicos destinados a ocupar el lugar de TVXQ, ya que, ante
sus ojos, Yunho se había roto y, por efecto dominó, Changmin también.
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